Público
Público

Ansiolíticos España ¿Por qué España es el país del mundo donde se toman más tranquilizantes?

El último informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes revela que España encabeza el consumo mundial lícito de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes, que en 2020 aumentó un 4,5% y superó las 91 dosis diarias por cada 1.000 habitantes.

Imagen de archivo de comprimidos medicinales. - Pixabay
Imagen de archivo de comprimidos medicinales. Pixabay

El último informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), que en este caso colabora con los gobiernos para garantizar la disponibilidad de sustancias sujetas a control destinadas a usos médicos, ha constatado que España es el primer país del mundo en el índice de consumo por cada 1.000 habitantes de benzodiacepinas, medicamentos psicotrópicos utilizados fundamentalmente para tratamientos de casos leves de ansiedad, insomnio o trastornos emocionales.

El informe de la JIFE, elaborado en 2020 con datos de 2019 previos a la pandemia, se ha realizado con las cifras de consumo aportadas por 85 países, una aportación que España no hacía desde hacía tres años, según se refleja en el documento. De acuerdo con esos datos, el mayor índice de consumo de benzodiacepinas, por encima de las 50 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, lo encabeza nuestro país, al que siguen Serbia, Uruguay, Israel, Estados Unidos y Hungría. Y señala como las más consumidas el Alprazolam, Lorazepam, Diazepam, Clonazepam, Bromazepam, Lormetazepam y Estazolam.

Los datos de la JIFE vienen a constatar el crecimiento progresivo del uso de estos fármacos que ya registraban las estadísticas de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) del Ministerio de Sanidad, que señalan que en 2020 hubo un consumo de 91,07 dosis diarias de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes por cada 1.000 habitantes, lo que supone un incremento del 4,5% con respecto al año anterior y de casi el 10% con respecto a hace una década. Y un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya avisaba en 2015 que España era el segundo país de Europa, tras Portugal, en consumo de tranquilizantes.

El consumo de estas sustancias supone un incremento del 4,5% respecto al año anterior

La misma Aemps refiere en un informe que las benzodiacepinas constituyen uno de los grupos farmacológicos más usados por la población, tanto que la mayor parte de la población adulta las ha consumido de forma esporádica o habitualmente para el tratamiento de múltiples problemas. "Además, a pesar de ser fármacos que solo se dispensan con receta médica, exhiben un amplio componente de autonomía en su uso, a través de prescripción inducida y requerida", precisa esta agencia. La última Encuesta Nacional de Salud, realizada en 2017, ya revelaba que el 12,48% de los mayores de 15 años consume tranquilizantes, un porcentaje que sube hasta el 30% en el caso de las personas mayores jubiladas, al 42% en las incapacitadas para trabajar y al 24% en las que se dedican únicamente a las tareas del hogar.

Pero la pregunta es: ¿por qué en España se toman tantas benzodiacepinas, por qué nuestro país encabeza las estadísticas europeas y ya mundiales de consumo de ansiolíticos y sedantes por habitante? La mayoría de los expertos consultados por Público coinciden en apuntar a la situación estresada de la atención primaria, a la medicina de familia que es donde se trata en torno al 90% de los casos en los que se acaban prescribiendo tranquilizantes sin necesidad de derivarlos a un especialista.

Falta de psicólogos en atención primaria

Antonio Cano Vindel, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), ha analizado en profundidad este tema e incluso ha dirigido un ensayo clínico sobre los efectos de incorporar la atención psicológica a la medicina familiar. Su argumento es que el alto índice de consumo de benzodiacepinas en España se debe, fundamentalmente, a la desatención de las evidencias de las guías de práctica clínica que aconsejan otra forma de enfocar los trastornos de ansiedad, sueño o emocionales que acaban resolviéndose generalmente con una receta de tranquilizantes.

Cano cree que problemas como la ansiedad no pueden resolverse "anestesiando" al paciente

"Dos de cada tres casos de trastornos de ansiedad o depresión son atendidos por el médico de familia, que ya tenía una presión asistencial brutal antes de la pandemia, cuando disponía de una media de cinco minutos para cada paciente, y que ahora ya ni siquiera lo puede ver", dice Antonio Cano. A su juicio, problemas como el de la ansiedad no se pueden resolver "anestesiando" con fármacos los síntomas que produce, sino enseñando al paciente a manejar su problema, a afrontarlo.

Y ahí es donde, según este catedrático, deberían de intervenir los psicólogos, aparte de la ayuda que pueda proporcionar al paciente su entorno social y familiar para resolver un trastorno de carácter leve propiciado por una separación, un despido o una muerte, por ejemplo. El ensayo clínico que Antonio Cano realizó en 22 centros de salud de ocho comunidades autónomas con más de 1.000 pacientes con ansiedad reflejó que, en el caso de quienes recibieron atención psicológica, el 70% dejó de padecerla y el 50% logró una recuperación óptima, porcentajes que bajaron al 20 y al 10% respectivamente en el de los que solo fueron tratados con benzodiacepinas.

Sin embargo, la ratio de personal psicólogo en España está en seis profesionales por cada 100.000 habitantes, 12 puntos por debajo de la media europea, según el presidente de la SEAS. Y únicamente cuatro comunidades autónomas los tienen incorporados a su atención primaria. Se podría aducir que aumentar esa ratio acarrearía grandes gastos a las arcas públicas, pero Antonio Cano asegura que sería al contrario. A su juicio, mejorar la atención de estos trastornos con más psicólogos reduciría sensiblemente el gasto que ocasiona el uso desmedido de ansiolíticos y sedantes: en torno a 23.000 millones de euros anuales entre costes sanitarios de tratamientos y pago de pensiones por una incapacidad causada por el abuso de estos fármacos o por accidentes domésticos o de tráfico, fundamentalmente. Datos de 2019 del Instituto Nacional de Toxicología, asegura el catedrático, revelan que el 27% de los conductores y el 32% de los peatones fallecidos sometidos a autopsia dieron positivo en psicofármacos, el 66,7% de ellos benzodiacepinas.

El presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Celso Arango, considera también que el problema del alto consumo de tranquilizantes se halla radicado en la atención primaria, no en la especializada, que se encarga de casos de mayor gravedad en los que el simple tratamiento con una benzodiacepina no basta. "La inmensa mayoría de la prescripción de estos medicamentos, entre un 80 y un 90%, se da en la medicina no especializada. Y eso tiene que ver con la ratio de profesionales por paciente y el que tiempo del que disponen para atenderlos", explica Arango.

Arango: "El problema es que se están manteniendo tratamientos con benzodiacepinas (...) y provocan una dependencia"

Las benzodiacepinas, recalca el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, son fármacos seguros y eficaces para tratamientos sintomáticos. El problema, añade, llega cuando se abusa de ellas y se toman durante más tiempo del indicado. "El principal problema es que se están manteniendo tratamientos con benzodiacepinas que ya no son necesarios, que se acaban sistematizando en el tiempo y acaban provocando un abuso y una dependencia". La mejor manera, a su entender, de acabar con ese uso prolongado sería la revisión del tratamiento, solución que vuelve a darse de bruces con la realidad de la presión que sufre la medicina familiar por la falta de suficientes profesionales para cubrir la demanda asistencial y de tiempo para atenderla debidamente.

La atención primaria pide más tiempo para cada consulta

¿Y qué dicen al respecto esos profesionales de la atención primaria? Salvador Tranche, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), organización que representa a más de 20.000 de los 36.000 médicos y médicas de familia que ejercen en nuestro país, sostiene que la solución pasaría, principalmente, por aumentar el tiempo de la consulta de cada paciente.

A juicio del responsable de la Semfyc, aunque el alto consumo de tranquilizantes tiene muchas vertientes, entre ellas la excesiva medicación generalizada o la mala tolerancia a la frustración en muchas personas, forma parte de una tendencia creciente desde hace años en nuestro país, a pesar de que se trata de fármacos "tremendamente adictivos".

Sin embargo, Salvador Tranche no es partidario de incorporar personal psicólogo a la medicina familiar, porque eso, a su entender, supondría fragmentar la atención, en vez de proporcionar una asistencia integral al paciente. "Esto –explica– se resuelve fundamentalmente dando más tiempo a los médicos de familia para cada consulta, para que puedan ver cada caso con más atención y no se limiten a dar una receta".

Este tipo de medicación, subraya Tranche, acaba haciendo más frágil al paciente, al cual, una vez que ha comenzado a tomar tranquilizantes, resulta muy difícil retirárselos: "No se los puedes quitar de pronto porque produce efectos de abstinencia, nerviosismo, sudoración, alteración del sueño, inquietud... En dos, tres semanas, ya te has habituado. Y tienes que hacer una desescalada muy progresiva".

En el propio informe de la Aemps sobre el uso de los tranquilizantes se advierte al respecto: "aunque las recomendaciones actuales para la prescripción de benzodiacepinas indican que no deben sobrepasarse las cuatro, seis semanas de consumo continuado, la realidad es que existe un gran número de pacientes que consumen dosis bajas por períodos muy prolongados de tiempo (más de 1-2 años)".

Cano: "Tu cuerpo se acaba habituando, pero no atajas los problemas"

El presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés también alerta del peligro del consumo prolongado de las benzodiacepinas. "Crean una adicción, que es sobre todo psicológica –dice–. Piensas que no tienes más remedio que tomar pastillas para dormir, para no estar nervioso, para no tener un ataque de pánico. Y si no las tomas, no duermes, porque ya tienes un síndrome de abstinencia. Tu cuerpo se acaba habituando, pero no atajas los problemas y terminas durmiendo solo cuatro, cinco horas como mucho, cuando en un problema de insomnio lo primero que hay que hacer es retirar el hipnótico y aprender a dormir, a afrontar lo que lo ha causado".

La presión asistencial sobre la atención primaria también la maneja como posible causa del alto consumo de benzodiacepinas Mikel Munárriz, presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, organización formada por profesionales de la psiquiatría, psicología clínica, enfermería, trabajo social y el derecho, entre otros campos. Pero este psiquiatra también sostiene que la universalidad y el fácil acceso que hay en España a la medicina familiar pueden ser otro de los causantes de que haya más personas a las que se recete estos medicamentos.

"Para no prescribir una benzodiacepina hace falta más tiempo que para prescribirla, porque tienes que ofrecer al paciente unas explicaciones sobre lo que le pasa y cómo afrontarlo. Un médico de familia e incluso el personal de enfermería está capacitado para tratar esos casos, pero, claro, cuando tienes cincuenta pacientes en una mañana no tienes tiempo para nada", señala Munárriz.

Mayor consumo entre mujeres

Lo que reflejan también todas las estadísticas es que el consumo de estos fármacos es mayor en las mujeres. La última Encuesta Nacional de Salud refleja que el consumo de tranquilizantes es del 16,12% en la población de mujeres mayores de 15 años, porcentaje que se reduce al 8,63 en el caso de los hombres. Igualmente, la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España 2019-2020 revela que el 8% de las mujeres de 15 a 64 años reconoce tomar hipnosedantes a diario con o sin receta, índice que baja a la mitad entre los hombres.

Una de las razones que aducen los expertos consultados para explicar las mayores tasas que presenta el consumo femenino es que las mujeres consultan más al médico que los hombres sobre los conflictos emocionales o trastornos que hayan podido sufrir. "Es más fácil que las mujeres consulten a un médico sobre lo que les está pasando y expresen sus emociones, y, por tanto, que los médicos atiendan sus necesidades de tratamiento. Mientras que los hombres suelen recurrir a otras vías, a otras sustancias como el alcohol para intentar solucionar sus problemas. Pero también puede darse que, a causa de los estereotipos de género, se les prescriban más ansiolíticos a las mujeres que a los hombres", argumenta el presidente Asociación Española de Neuropsiquiatría.

Las personas mayores también presentan un patrón de mayor uso de benzodiacepinas, hasta el punto de que la población que rebasa los 65 años supone más de la cuarta parte de los consumidores de tranquilizantes y relajantes en España, en muchos casos utilizados para dormir. Ese alto consumo de psicofármacos está detrás también de muchos accidentes domésticos, según el presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. "Las personas mayores tienen más facilidades de caerse cuando toman estos medicamentos, que son una de las principales causas de las fracturas de cadera", advierte Salvador Tranche.

El informe del relator especial de la ONU emitido en 2019 sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental advertía de un "significativo riesgo de maltrato" en "el caso del suministro excesivo de medicamentos psicotrópicos a las personas de edad, tanto dentro como fuera de los entornos de atención institucional en régimen de internamiento", y demandaba a los países alternativas para evitarlo.

El informe advierte del "riesgo de maltrato" en el suministro excesivo de psicotrópicos a "personas de edad"

Y a todo esto se le ha sumado en el último año la pandemia de la covid-19, que no ha hecho más que provocar más casos de ansiedad y de todo tipo de trastornos emocionales. Una encuesta sobre la salud mental de los españoles realizada por el CIS reveló que el 23,4% de la población ha sentido mucho o bastante miedo a morir debido al coronavirus, un porcentaje que se eleva al 26,2% entre las personas de 55 a 64 años. Los fallecimientos, la pérdida del empleo, el aislamiento social, no han hecho más que aumentar la demanda de tranquilizantes, tal como reflejan los datos de la Aemps, con un incremento del 4,5% en el consumo de ansiolíticos e hipnóticos el pasado año.

"La situación de fatiga pandémica, de crispación social, hace que la gente demande aún más estos fármacos, sobre todo entre personas mayores que sufren más la soledad emocional por estar solos, por no poder ver a su familia, a sus nietos, a sus hijos", explica Salvador Tranche.

El comentario de "vete al médico" que hizo Carmelo Romero, diputado del PP,  en el Congreso de los Diputados cuando el líder de Más País, Íñigo Errejón, estaba haciendo una intervención sobre las necesidades de la atención a la salud mental en España es, para el catedrático de Psicología Antonio Cano, un síntoma claro de lo que está pasando: "Si nuestros diputados dicen que vayas al médico es que los problemas de salud se están resolviendo con fármacos". Y, a su juicio, lo que hace falta es otra cosa: "Nos falta mucha educación en emociones y en su manejo. De ahí viene todo esto", concluye.

Más noticias de Política y Sociedad