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Campaña de frío en Madrid Sin camas en invierno para los solicitantes de asilo: "No morí de hambre pero puedo morir de frío" 

Decenas de solicitantes de asilo duermen en la calle cada noche ante la falta de plazas en los recursos de la campaña de frío del Ayuntamiento y del sistema nacional de acogida del Gobierno central. Las redes de solidaridad popular piden más plazas en los albergues municipales y que no discrimine a los refugiados frente ante las personas sin hogar de Madrid.

Solicitantes de asilo y personas sin hogar hacen cola para acceder a una de las camas de la campaña de frío del Ayuntamiento de Madrid.- JAIRO VARGAS

“Conseguí no morirme de hambre pero aquí me puedo morir de frío”. Tubal José Padilla, de cuarenta y tantos años, era periodista en el caribeño Estado de Zulia, Venezuela. Y se nota, porque sabe dar titulares. Como por ejemplo, que lleva nueve noches durmiendo en la calle, que alguna ONG le ha recomendado buscar un cajero automático para cobijarse de la helada porque no tienen ninguna plaza para él o que el invernadero de las palmeras de la estación de Atocha es un buen lugar para dar una cabezada si echas de menos el clima del trópico.

Ya hace tiempo que Padilla dejó la pluma y cogió la maleta. “Me tocó migrar, pura desesperación”, sentencia. Tan mala es la situación política, social y económica en su país que pidió ayuda para comprar el billete hacia Europa. “Los jóvenes tenemos que movernos para ayudar a los mayores de la familia, que no pueden irse pero tampoco tienen de nada”, resume.

Aterrizó en Barajas el 30 diciembre, “sin un euro en la bolsa”, dice, por eso pasó su primera noche en España vagando por la calle. Al día siguiente fue al Samur Social de Madrid para informarse “sobre el sistema para solicitantes de asilo”. Le hablaron de la campaña de frío del Ayuntamiento de Madrid para personas sin hogar, un recurso de emergencia que se activa de noviembre a marzo para evitar que la helada nocturna deje algún cadáver congelado que recoger al día siguiente.

Tubal José Padilla, venezolano, solicitantes de asilo, ha pasado nueve noches durmiendo en la calle por falta de recursos.- JAIRO VARGAS

Padilla fue a Atocha, hizo la larga cola para que el trabajador del Samur Social le diera la tarjeta que le garantiza una de las 479 plazas habilitadas, la consiguió, subió al autobús especial que sale desde la estación directo al albergue, en el Pozo del Tío Raimundo, y logró burlar el frío nocturno durante siete noches. Por el día fue cumplimentando los pasos para solicitar asilo pero los trámites no son sencillos y las esperas, muy comunes, aunque no tenga ni qué comer ni dónde dormir, explica frotándose las manos en la abarrotada acera de la Avenida de Barcelona.

Allí se rifa la buena y la mala suerte de los más desfavorecidos de la ciudad, todos hombres —“ninguna mujer duerme en la calle”, asegura a Público el Ayuntamiento— y jóvenes, de Marruecos, de Moratalaz, de Senegal, de Villaverde o de El Salvador. El frío no entiende de nacionalidades ni la pobreza distingue entre refugiados, inmigrantes o españoles sin casa. Las instituciones sí lo hacen. “Espero que hoy haya suerte y me den la tarjeta”, confía Padilla antes de excusarse porque ya ha llegado el Samur y empieza el baile. Lo lleva intentado sin éxito nueve días, llegando temprano junto a otros solicitantes de asilo en su misma situación. Pero no sirve de nada porque es el trabajador social el que decide el grado de vulnerabilidad de quienes esperan a la hora de asignar las literas que quedan libres. Ocurre lo mismo en la estación de Príncipe Pío, aunque allí, el autobús lleva a un albergue en Pinar de José.

“¿Nombre? ¿Edad? ¿Alguna enfermedad? ¿Solicitante de asilo?”. El trabajador social hace una entrevista exprés a los que no tienen la cartilla. Una traductora intenta que se entienda algo, aunque son demasiados idiomas y hay que echar manos de los gestos. El primer autobús ya está lleno, cargado de los afortunados que tienen la cartilla. Los demás esperan al segundo autobús, que sale a las 10.15 horas. En él montarán los que no han cabido en el primero y tantas personas como camas libres hayan quedado, que no suelen ser muchas.

"Cada día se quedan en la calle de media 25 o 30 personas" 

“Faltan camas. Cada día se quedan fuera de media 25 o 30 personas que esperan en Atocha y otras tantas en Príncipe Pío. Y la mayoría de los que se quedan fuera son solicitantes de asilo registrados o que están a la espera de registrarse”, denuncia una voluntaria de la Red de Solidaridad Popular, una organización que lleva prestando apoyo a estas personas desde hace varios meses. “Sería tan fácil como que el Ayuntamiento pusiera cien camas más en cualquier sitio, porque están en una situación de emergencia y corresponde al Ayuntamiento atenderles, aunque los solicitantes de asilo sean competencia del Gobierno central”, recuerda la activista, que no quiere figurar con su nombre.

Describe que el sistema para asignar las plazas es totalmente arbitrario, que depende de una breve conversación con el trabajador social y que a los solicitantes de asilo se les deja siempre para el final, porque la campaña de frío “es lo que es, exclusivamente para gente en situación de calle”. Lo entiende, pero pide más recursos, porque ni ellos ni la Red Solidaria de Acogida dan abasto para alojar a todos los que se quedan fuera de este recurso de emergencia. “Dicen que la campaña de frío no es para solicitantes de asilo, sino para gente sin hogar. Y yo siempre les respondo, ¿qué soy yo, pues?”, remarca Padilla, que ya se ha apuntado en lista y espera a que llegue el segundo autobús.

12 días durmiendo en la calle

"Tosí y tosí hasta vomitar. Me hospitalizaron dos días. Era neumonía”

Junto a Padilla se agrupan varios latinoamericanos en su misma situación, como Luis Fernando Pilonieta, colombiano de 32 años. Solicitó asilo el 26 de diciembre, pero llegó a Madrid diez días antes. Aún no ha podido obtener cita con las Unidades de Trabajo Social del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que apenas da 20 por semana, aunque el trámite es necesario para acceder al sistema nacional de acogida. Del mes que lleva en Madrid, sólo ha podido acceder a la campaña de frío una semana.

He dormido en la calle 12 días. En la estación, en el aeropuerto, entre cartones, en la Puerta del Sol…”, enumera. El 30 de diciembre enfermó de neumonía por el frío. “Tosí y tosí hasta vomitar. La gente tuvo que pedir una ambulancia y me hospitalizaron dos días”, recuerda. Al principio fue varias tardes a la sede central del Samur, en La Latina, en busca de techo, pero pronto entendió que allí sólo están atendiendo a familias con menores, que derivan a otros recursos específicos. Los hombres solos son la última prioridad de las instituciones, y lo entienden perfectamente, aunque eso no hace que duerman caliente.

Luis Fernando Pilonieta, colombiano y solicitantes de asilo, espera obtener una plaza en el albergue de la campaña de frío de Madrid.- JAIRO VARGAS

“Las condiciones en este albergue no son buenas pero no hay más alternativa. Son cientos de camas juntas, mucha gente para los baños, hay altercados y peleas porque allí duerme gente con alcoholismo, drogodependientes, con trastornos mentales. También me robaron la billetera con documentación”, describe Pilonieta. A las 7.30 horas les despiertan, les dan una bolsa con desayuno, los montan en un autobús y a las 8.30 ya están de vuelta en Atocha, “sin nada que hacer ni a dónde ir”, explica.

A Roger Cornejo, de 21 años, le han amenazado de muerte las pandillas de El Salvador y se marchó, solo, sin familia. “Eso es vida o muerte, no hay más”, resume. Llegó el 29 de diciembre, pero hasta el 22 de enero no será entrevistado para acceder al programa de acogida temporal para solicitantes de asilo sin recursos. “Llevo 15 días haciendo esta cola y nunca he tenido plaza. Nuestra situación es precaria. Nos quedamos donde podemos, buscando el poquito de calor que sale de las estaciones de metro. No pedimos un hotel, solo un techo bajo el que dormir, pero ni siquiera eso nos han podido dar”, lamenta.

Hace años, el Ayuntamiento dejaba abierta la para de metro de Atocha durante los días más duros del invierno para que las personas sin hogar no se congelasen, pero actualmente no se está haciendo, explica el Consistorio, que no sabe precisar la razón.

El Ayuntamiento reconoce que faltan plazas

“Sabemos que las plazas de la campaña de frío se quedan cortas”, explican fuentes del Área de Familias, Igualdad y Bienestar Social del Consistorio, dirigida por Pepe Aniorte (Ciudadanos). Reconocen que, aunque sea el Gobierno central quien debe acoger a los refugiados, “cualquier persona en situación de emergencia es competencia nuestra”, pero se justifican: “Las plazas son las que son, los contratos de este servicio son heredados”. El Ayuntamiento, que lleva desde noviembre peleando con el Ministerio por este asunto, insiste en que el 40% de los usuarios de la campaña de frío son solicitantes de asilo y que, si el sistema nacional de acogida funcionara adecuadamente, los recursos madrileños de emergencia bastarían.

Pese a todo, confían en que la primera fase de los módulos prefabricados reconvertidos en viviendas que están instalando en Villa de Vallecas para solicitantes de asilo empiecen a funcionar en varias semanas. “Eso descongestionará todo un poco más”, confían.

Personas sin hogar y solicitantes de asilo esperan al autobús que les llevará al albergue especial de la campaña de frío del Ayuntamiento de Madrid.- JAIRO VARGAS

El termómetro desciende ya hasta los siete grados y el segundo autobús aparca en la acera de Atocha. Los necesitados se arremolinan ante la puerta y un empleado de Samur pregunta si alguien más tiene ya tarjeta. Sólo se escucha un coro de tosidos incesante. Los trabajadores empiezan a pasar lista. Nadie se inquieta, saben cómo funciona y que de nada sirven las quejas. Cuando se diga el último nombre, se acabó. Si acaso, las redes vecinales alojarán a alguien en alguna habitación que sobre, “pero no podemos hacerlo todos los días. Es responsabilidad de las instituciones”, remarca la activista de la RSP, que va tachando de su propia lista a los refugiados a los que ella acompaña según los van nombrando. “No va mal la cosa hoy, nos faltan tres”, dice.

Una vecina que cruza la calle pregunta qué está ocurriendo y aprueba que exista la campaña de frío. “Bien por el Ayuntamiento”, dice. Luego le explican que la medida es insuficiente y, contrariada, sigue bajando la calle. De las cientos de personas que han contemplado la escena, sólo ella ha preguntado. "La gente no tiene ni idea de lo que pasa en su propia ciudad", lamentan algunos voluntarios.

“Tubal José Padilla. Luis Fernando Pilonieta. Roger Cornejo”. Todos suben sonrientes al autobús, como si les hubiera tocado en un sorteo una noche en un resort. “Hoy sí, hoy entran todos”, celebran las voluntarias, aunque sin mucho entusiasmo. Mañana pueden volver a quedarse fuera decenas de personas.

Un grupo de solicitantes de asilo, en el autobús que va hacia el albergue para personas sin hogar del Ayuntamiento de Madrid, tras más de una semana sin obtener plaza.- JAIRO VARGAS

La lista termina y sólo tres personas se han quedado sin cama. Tres chicos marroquíes de 18 años que no tenían mucha fe en conseguirlo. ¿Cómo van a pasar la noche? "¿Qué quieres que hagamos. Lo que sea, robar si hace falta", dice resignado el único que chapurrea español. La puerta del autobús se cierra y los pobres arrancan con destino el extrarradio otra noche más. “Bueno, hemos pasado de 30 a tres personas sin plaza. No está mal por hoy”, dice el trabajador social que había hecho la lista. Según explica el Consistorio, el jueves se asignaron 45 plazas en recursos de acogida del Ministerio y eso ha descongestionado el recurso de la campaña del frío. Pero mañana llegarán a Barajas varias decenas más, volverá a colapsarse el sistema y la borrasca Gloria quizás deje unos copos de nieve en la capital. Una tormenta perfecta en la ciudad de los refugiados sin refugio.