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Delta del Ebro Seis meses después del Gloria, el Delta del Ebro espera soluciones

El Delta del Ebro ha recuperado su perfil medio año después de la devastación provocada por el temporal, pero aún espera las soluciones estructurales prometidas para su supervivencia

Delta del Ebro / Roser Royo
Delta del Ebro / Roser Royo

Las postrimerías de julio son sinónimo de color verde en el Delta del Ebro, así lo marca el ciclo del arroz, el monocultivo que desde hace más de un siglo impera en este frágil espacio natural cada vez más amenazado por el cambio climático y el calentamiento global. Hace seis meses del Gloria, el temporal que golpeó duramente el litoral catalán y que, en el caso del Delta del Ebro, convirtió en presente por unos días todos los vaticinios sobre su futura desaparición.

Así, entre el 19 y el 24 de enero el mar entró tres kilómetros tierra adentro y dejó inundadas durante más de una semana más de 3.000 hectáreas de arrozales. El brazo de tierra conocido como el Trabucador, el cordón de arena de más de seis kilómetros de longitud que protege la bahía de los Alfacs, casi desapareció bajo las aguas, quedó desmenuzado como no se había visto nunca. También se vio completamente inundada la isla de Buda, uno de los puntos negros de la regresión, donde los últimos 50 años han desaparecido ya más de 800 hectáreas. En el hemidelta norte, en la bahía del Fangar, el temporal saltó la península de arena para ensañarse con los criaderos de mejillones y ostras, lo que provocó importantes pérdidas en el sector marisquero del Delta, que se han agravado aún más con los efectos de la pandemia de la covid-19.

Ahora, seis meses después de aquella tormenta perfecta, el espacio ha recuperado aparentemente su fisionomía y buena parte del terreno que el mar engulló. Sin embargo, bajo la nueva arena recientemente depositada prevalece la fragilidad endémica de este espacio donde la naturaleza y la acción humana interactúan en un equilibrio siempre difícil.

Trabucador / Roser Royo

Jordi Margalef es arrocero y tiene la finca junto a la Bassa de l’Arena, a sólo 200 metros del mar. Esta zona, junto con la playa de la Marquesa, es uno de los frontales marítimos del Delta con un retroceso más grande, y el Gloria inundó completamente las 28 hectáreas de arrozal. "Había un metro y medio de profundidad y tardé más de una semana en sacar el agua", relata. Ahora, en la finca todo parece correcto, pero augura una pérdida importante en la cosecha por la salinización del suelo. Margalef no tiene muy clara cuál debería ser la solución a los problemas endémicos del Delta. "Hacer que los sedimentos bajen por el río, diques sumergidos en la costa...", apunta. Lo que no le parece una opción válida es hacer retroceder la tierra de arroz para hacer más ancha la playa. "Ya tengo baldías diez hectáreas de la finca y por allí el mar entró igual de fuerte", manifiesta.

El impacto del Gloria sobre el Delta del Ebro hizo sonar todas las alarmas y llovieron compromisos por parte de las administraciones competentes -Generalitat y Estado- para emprender acciones contundentes y efectivas en pro de salvar de la desaparición esta importante zona húmeda. Sin embargo, con la pandemia del coronavirus de por medio, aquellos compromisos firmes se han ido diluyendo y las únicas acciones que se han visto son las de urgencia, ejecutadas por la dirección de Costas y Mar del Ministerio para la Transición Ecológica, que ha invertido dos millones de euros en toda la costa de las Terres de l’Ebre, la mayoría de las cuales se han concentrado en el Delta.

El arreglo del Trabucador

La actuación más cuantiosa hasta el momento ha sido el arreglo del Trabucador, donde se calcula que el temporal arrastró unos 700.000 metros cúbicos de arena hacia el interior de la bahía de los Alfacs, convirtiendo el istmo en un puzle difícil de recomponer. Así, bajo la supervisión técnica de Agustín Sánchez-Arcilla y Vicenç Gràcia, de la Universitat Politècnica de Catalunya, en el Trabucador han recuperado y movilizado 350.000 metros cúbicos de arena extraída de dicha bahía.

Las obras ya están casi terminadas, aunque todavía se ve maquinaria pesada que acaba de esparcir la arena, y el istmo ha multiplicado por dos y por tres su anchura -según los tramos- que ahora es de entre 100 y 200 metros. El viento y las olas acabarán de hacer el resto de trabajo para que el Trabucador recupere el aspecto anterior. "Lo que hemos hecho ha sido acelerar el proceso natural. El istmo habría tardado tres años o más en rehacerse y, con la intervención de Costas, en menos de tres meses se ha recuperado", explica Joan Sabaté, subdelegado del Gobierno español en Tarragona, señalando que ha sido una obra de urgencia, pero adaptada a las condiciones del cambio climático. "Está demostrado que cuanto más amplitud de playa, menos daño hacen las olas cuando viene un temporal", dice Sabaté.

Trabucador en Delta del Ebro / Roser Royo

Otras actuaciones de urgencia

Costas también ha actuado de urgencia, entre otros, en la Isla de Buda y el frontal marino que va desde la playa de la Marquesa hasta Riumar, en el hemidelta izquierdo, los más afectados por la regresión y, por tanto, los que más sufren las agresiones de los temporales. Como en el Trabucador, la intervención ha consistido básicamente en aportar la arena que la borrasca se llevó para devolverla a la playa y conseguir recuperar el perfil del litoral.

Desde la Taula de Consens, una entidad integrada por siete ayuntamientos del Delta y las dos comunidades de regantes, se valora positivamente la actuación de Costas del Estado, pero se remarca que son acciones de urgencia que no pararán futuros temporales. "No hemos avanzado mucho y, si entre ahora y noviembre, que es cuando vienen los temporales, no se hace nada, nos movilizaremos", señala Xavier Curto, su portavoz, que considera que es imprescindible que el Estado y la Generalitat se pongan de acuerdo sobre cómo se debe actuar en el Delta. También el alcalde de Deltebre, Lluís Soler, se muestra crítico: "Después del temporal muchos responsables políticos vinieron aquí a hacerse la foto, pero hasta ahora, salvo las actuaciones de Costas, todo lo demás se ha quedado en declaraciones de buenas intenciones ", dispara el alcalde.

La isla de Buda, en peligro

Más contundente aún se manifiesta Guillermo Borés, copropietario de la isla de Buda, que afirma que, si no se actúa ya, la isla desaparecerá en el próximo temporal. "¿Si dejamos caer la Sagrada Familia, qué interés tendrá proteger el barrio donde estaba?", señala Borés haciendo referencia a la riqueza de este islote con respecto a la biodiversidad. Borés acusa a las diferentes administraciones, y en particular al Parc Natural del Delta de l’Ebre, de inacción. "Quieren el Delta de hace 200 años", afirma. El director del Parc Natural del Delta de l’Ebre, Francesc Vidal, recuerda que los deltas son dinámicos y que, en el caso del Delta del Ebro, lo que se pierde en un lugar se gana en otro. "Hay que hacer actuaciones, sí, pero hay que planificar muy bien lo que se hace", manifiesta.

Temporal Gloria y arte contemporáneo

Así pues, la devastación del Gloria en el Delta del Ebro invita a la reflexión sobre el cambio climático y la relación con el entorno. Inspirados en estos temas se han gestado tres proyectos artísticos que se presentarán en el marco del Festival Eufònic, Arts Sonores i Visuals a les Terres de l’Ebre, que se celebrará del 27 al 30 de agosto en municipios como Sant Carles de la Ràpita o Amposta. Las propuestas se han gestado en la residencia de artistas que el Centre d’Art Lo Pati tiene en Balada, en el corazón del Delta, a cargo de Elsa Paricio, que juega con cilindros de vidrio con agua y tinta que se autodibujan a partir de la evaporación; Nuno Vicente, que utiliza ramas muertas arrastradas por el Gloria; y David Aguilar y Ander Fernández, que harán un recorrido por los puntos donde cayeron los rayos del Gloria.

Sedimentos, diques sumergidos y caminos de guarda

Pero el Delta del Ebro afronta una doble amenaza: por una parte la formación de temporales cada vez más virulentos, como el Gloria. Pero también la subida del nivel del mar debido al cambio climático. Según la Taula de Consens del Delta de l’Ebre, las actuaciones estructurales necesarias para preservarlo se basan en tres ejes: mantener la morfología del Delta lo más parecida posible a la actual; no renunciar a la aportación de sedimentos retenidos en los numerosos embalses existentes en el curso del Ebro; y, mientras no se puedan bajar sedimentos, hacer acciones puntuales en los lugares más afectados por la regresión.

Entre estas acciones está el proyecto de diques inteligentes sumergidos que, a petición del Ajuntament de Deltebre, la Generalitat de Catalunya ha hecho suyo; y el de la draga del Fangar, que extraería la arena que va cerrando la entrada de la bahía para repartirla a los puntos más frágiles.

Por otra parte, el Ministerio para la Transición Ecológica presentará en otoño un plan de actuaciones que contempla, entre otras cosas, la creación de caminos de guarda paralelos a las bahías, para proteger el Delta de una eventual subida del nivel del mar. De hecho, en la bahía del Fangar los productores de mejillones y ostras han observado una subida del nivel del agua, ya que han tenido que instalar sus criaderos diez centímetros más alto cuando han sustituido los que se llevó el Gloria.

Habrá que ver también si este plan incluye alguna referencia a los sedimentos, el gran caballo de batalla de la Plataforma en Defensa de l’Ebre y la Campanya pels Sediments, que reclaman incorporar este punto al nuevo Plan Hidrológico de la cuenca del Ebro (2021 -2027). "El coste es elevado, pero si se quiere regenerar el entorno de la desembocadura, son imprescindibles", apunta Carlos Ibáñez, técnico del IRTA.

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