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Menores migrantes en Ceuta El enorme reto de gestionar la llegada a Ceuta de más de mil menores migrantes

Tras días en los que las leyes dejaron de aplicarse en la frontera, 1.112 niños y niñas solos que entraron nadando la pasada semana siguen en una ciudad autónoma sobrepasada. Cientos de familias marroquíes intentan localizar y recuperar a sus hijos, aunque el proceso de reagrupación es largo y complejo y dependerá en última instancia del permiso marroquí.

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Dos menores marroquíes acceden a la nave del Tarajal, en Ceuta, donde se hacinan cientos de niños que entraron a nado a la ciudad la semana pasada. Jairo Vargas / Archivo

Lo más difícil llega ahora, después del aluvión de personas que cruzó a Ceuta la pasada semana, cuando Marruecos llevó la tensión diplomática con España hasta la apertura descontrolada de su frontera y más de 8.000 personas se lanzaron a nado para cruzar los pocos cientos de metros que separan las orillas de ambos países. Más de 2.000 eran menores, muchos niños y niñas que fueron devueltos en caliente de forma ilegal y sumaria. Algunos decidieron volver voluntariamente, sin formalismos ni documentos, durante los dos días en que la legalidad simplemente se dejó aparcada hasta nueva orden.

Pero más de mil niños marroquíes siguen hoy en Ceuta, encarnando el drama humanitario que ha dejado la reyerta política iniciada por Marruecos. También configuran un gran reto para el Gobierno ceutí, que ahora los tiene que acoger, procesar, tutelar o devolver a las familias que lo soliciten desde Marruecos, con medios y recursos muy alejados de los necesarios. Un desafío del que no son ajenos el Gobierno central ni, mucho menos, la Unión Europea.

Son ya 1.112 los menores que han sido identificados y que permanecen en alguno de los dispositivos que se han improvisado para gestionar un volumen enorme de niños no acompañados llegados en apenas tres días. Aunque muchos han mostrado su disposición a regresar con sus familias, una vez que la Convención de Derechos del Niño y que el Artículo 39.4 de la Constitución Española vuelven a ser tenidos en cuenta, este proceso se alargará durante un tiempo que nadie se atreve a pronosticar.

Ningún niño devuelto a sus padres

Desde el Gobierno ceutí reconocen a Público que aún no se ha culminado ningún proceso de reagrupación familiar, es decir, la devolución a sus familias de los niños que tienen registrados y acogidos de forma improvisada. Tampoco pueden especificar por el momento cuántos progenitores se han puesto en contacto formalmente con el Ejecutivo para localizar a sus hijos desaparecidos. También se desconoce cuántos han enviado la documentación necesaria para iniciar este trámite que, sin ninguna duda, es el más esperado por el Gobierno de Ceuta y también por el central. "Necesitamos que los menores sean reagrupados con sus familias", aseguraba el pasado lunes el alcalde-presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas (PP), en una entrevista en RNE. El área de menores del Gobierno de Ceuta "inicia cada día decenas de expedientes" de reagrupación, insisten fuentes del Ejecutivo local, pero nadie sabe cuándo podrán culminarse.

"No se puede poner al niño en la frontera solo porque los padres los reclamen"

No es tan sencillo. "No se puede poner al niño en la frontera solo porque los padres lo reclamen o por muchas ganas que tenga el niño de volver", resumen fuentes de la Administración ceutí. Al menos ahora, la bolsa de menores no acompañados vuelve a regirse por la legislación, en este caso, la de Extranjería y la Ley del Menor, en las que el "interés superior" del niño prima, al menos en teoría, sobre cualquier otra circunstancia.

Según la Ley de Extranjería, puede iniciarse el proceso de repatriación del menor una vez que se ha determinado que estará mejor en su país, con su familia o sus servicios de protección. Y este proceso, recuerda el Gobierno ceutí y precisa la ONG Save the Children, culmina con una serie de trámites establecidos.

En primer lugar, hay que escuchar al menor, que será entrevistado en varias ocasiones por diferentes órganos. Es necesario un informe previo de los servicios de protección de la infancia de Ceuta, otro de la Fiscalía de menores, la correcta identificación policial, la certeza de que se trata de un menor en los casos dudosos y la documentación que pruebe el parentesco entre el chico y sus padres. Nada de esto se llevó a cabo durante los días de caos en la frontera, con casos de devoluciones no ya desde la orilla de la playa (en caliente), sino desde los propios lugares de recepción y filiación policial (en templado, si se quiere), tal y como ha documentado El País.

Primera entrega, cancelada por Marruecos

Pero, sobre todo, la reagrupación depende de un factor tan clave como incierto: el visto bueno de Marruecos para llevar a cabo la entrega. La pasada semana, la Cadena Ser fue testigo del primer intento de reagrupación con sus padres de una menor marroquí que entró a nado en la ciudad autónoma. Todo estaba preparado, la chica, de 16 años, acudía acompañada de dos trabajadoras sociales de Ceuta y sus padres la esperaban al otro lado del paso fronterizo del Tarajal. Pero en el último momento, las autoridades alauíes se negaron a que se realizase la entrega.

Según fuentes del Gobierno de Ceuta, Marruecos alega que esta niña había entrado al enclave español antes del éxodo masivo y descontrolado que ha pasado a llamarse "crisis diplomática". No dieron más explicaciones, añaden las mismas fuentes, lo que hace temer que las reagrupaciones no tengan el ritmo deseado ni por España ni por los padres en Marruecos ni por los menores que cruzaron sin saber muy bien por qué o hacia dónde se estaban moviendo.

"Los casos pueden acabar en una acogida en España,  reasentamientos en países europeos o en repatriación"

Catalina Perazzo, técnica de Save The Children, recuerda que la repatriación no es el único escenario posible y que no siempre es lo más adecuado que un niño esté con sus padres. "Depende de muchos factores que hay que analizar", sentencia. Su organización, a falta de anuncio oficial, tiene previsto dar apoyo al sistema de protección de la infancia de Ceuta, sobre todo en la realización de entrevistas individuales a chicos y chicas que siguen en los improvisados recursos de acogida. Su labor se centra en "detectar vulnerabilidades y riesgos y recomendar en cada caso la mejor solución duradera", remarca Perazzo.

Hay también un número importante de menores cuyos padres se han desentendido o que prefieren que su hijo tenga una oportunidad de futuro en España ante la crisis económica que azota Marruecos y que la pandemia ha exacerbado. En cualquier caso, se espera que una gran parte de los niños que han llegado y se han quedado acaben por permanecer en el sistema de protección de la infancia.

"Los casos pueden acabar en una acogida en Ceuta, aunque se hará necesaria la acogida en otras regiones de España. También puede haber reasentamiento en terceros países europeos. La repatriación es una prioridad, pero siempre tiene que ser voluntaria y con garantías", apunta la experta.

Por el momento, según fuentes oficiales, unos 460 niños migrantes siguen en las naves improvisadas del polígono industrial del Tarajal, 230 han sido derivados al albergue levantado en Piniers durante la pandemia y otros 250 pasan los días en un polideportivo habilitado recientemente para despejar las naves del Tarajal. Eso sin contar a los menores que siguen en la calle, a merced de agresiones y robos, con la vista puesta en los ferris que zarpan hacia Algeciras.

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