Público
Público

Fracking ¿El final de la fiebre del oro del Pirineo catalán?

La multinacional que pretendía buscar tungsteno en Alt Àneu (Lleida) se ha echado atrás y tampoco han avanzado proyectos ligados al oro y al cobalto en otras zonas. Varios expertos cuestionan que explotaciones de este tipo puedan ser viables en el Pirineo.

Imagen del Pirineo catalán.
Imagen del Pirineo catalán.

Tungsteno, cobalto, oro e, incluso, gas natural y petróleo. Todos estos minerales o hidrocarburos pueden encontrarse en el subsuelo de Catalunya, fundamentalmente en el Pirineo o en zonas cercanas, y en la última década han aparecido empresas que han pedido permisos para iniciar investigaciones para comprobar la cantidad y evaluar la viabilidad de una hipotética actividad extractiva. Ninguna ha llegado más allá y siempre han generado una intensa movilización ciudadana en contra. Varios expertos consultados por este medio cuestionan que la actividad pudiera llegar a ser viable, pero esto no impide que, periódicamente, surjan compañías que soliciten permisos de exploración del subsuelo. Una peculiar fiebre del oro que no se llega a materializar. ¿Pero tiene sentido y es posible la actividad minera en el Pirineo?

El último episodio se cerró hace pocas semanas, cuando el diario El País confirmó que la multinacional australiana Apollo Minerals había desistido del plan de construir una mina en Salau, en el valle de Bonabé, en el municipio de Alt Àneu (Lleida), parcialmente dentro del Parque Natural del Alt Pirineu. A través de la filial Neometal Spania, investigaba desde el 2017 las posibilidades de explotar un yacimiento de oro y tungsteno, un elemento químico de buena conductividad eléctrica que se utiliza, entre otros, en la aeronáutica o la industria militar. Desde el primer momento, el proyecto encontró rechazo vecinal y ecologista, articulado a través de la plataforma Salvem Salau.

Al trascender la renuncia, la entidad afirmó que se trataba de un "hito importante para toda la comarca y los pirenaicos en general, que con su movilización permanente han logrado el objetivo de preservar un patrimonio paisajístico, ambiental y cultural de primer orden". El geólogo y presidente de la SIGMADOT (Sociedad Internacional de Geología y Minería para el Desarrollo y Gestión del Territorio), Josep Maria Mata, recalca que el yacimiento "no podía ser rentable, porque lo que hay es muy reducido. La única manera de explotarlo y hacerlo rentable es con una mina a cielo abierto, pero tendría un impacto ambiental enorme".

Mata, miembro también de Salvem Salau, añade que el estudio de la multinacional australiana tenía errores graves y no tenía en cuenta cuestiones como "la fracturación de las rocas" que conllevan un gran riesgo de contaminación de las aguas cuando se pone en marcha. El proyecto de Apollo Minerals contemplaba también la hipotética explotación de la vertiente francesa -protegidas dentro del Parque Natural de los Pirineos del Arieja-, donde existió una mina de tungsteno activa entre 1971 y 1986.

La explotación depende del Estado

¿Qué trámites se deben superar para iniciar una explotación minera? El primer paso es pedir una concesión de exploración a la Generalitat, en concreto al Departamento de Empresa y Conocimiento, que incluye la Dirección General de Energía y Minas. Fuentes del Departamento explican a este medio que cuando se solicita "se tiene que presentar un plan de labores, que detalle qué tareas incluirá la investigación para determinar si existe el recurso que buscas".

Empresa pasa la solicitud a Medio Ambiente -Departamento de Territorio y Sostenibilidad- que hace su propio informe sobre el impacto ambiental y si, por lo que sea, determina que el proyecto vulneraría la normativa vigente, automáticamente ya archiva la petición. Empresa se encarga de evaluar que esté en orden la parte de seguridad minera y la propuesta técnica "se adecue a la realidad" y, si es así, se concede el permiso.

Las mismas fuentes subrayan que "un permiso de investigación sólo sirve para determinar si existe un recurso minero o no" y detallan que cuando se concede tiene una vigencia de entre tres y cinco años. En caso de que la investigación cumpla las perspectivas de la empresa, si se quiere pasar a la explotación del recurso se debe solicitar la autorización pertinente al Gobierno español, en quien recaen las competencias sobre el subsuelo. Las voces de Empresa aseguran que "no recibimos muchas solicitudes de exploración de este tipo".

El factor de la especulación

"No es el modelo que queremos para la zona"

En enero del año pasado, la empresa Cobalt Rock presentó un permiso de investigación en el municipio del Baix Pallars (en la comarca del Pallars Sobirà, en Lleida) con el teórico objetivo final de abrir una mina de cobalto. Aunque desde entonces no se ha sabido mucho más de él, generó el rechazo de la asociación vecinal Lo Pedrís que, en palabras de Lina Ratia -una de sus integrantes-, considera que "el proyecto de la empresa era penoso y no lo queremos por el impacto ambiental. No es el modelo que queremos para la zona". Josep Maria Mata añade que se trata de un proyecto "aún más inviable" que el de Salau y recalca que el mismo estudio técnico de la compañía era erróneo, porque en la zona se había explotado "el carbonato de cobalto, que es un mineral ornamental de poco valor, pero no el cobalto. En cualquier caso, la cantidad que hay es muy baja, con minerales diseminados, y muy difícil de explotar".

Tampoco ha avanzado el proyecto para buscar oro en la Vall de Ribes, en el Ripollès -en el Pirineo de Girona-, anunciado hace cuatro años por Projectes d'Investigació Serentill, que hablaba entonces de una inversión de más de 60 millones y que se generarían unos 100 puestos de trabajo durante entre ocho y diez años. Mata apunta que "de oro en el Ripollès hay, pero en muy poca cantidad. Ya se había explotado anteriormente y difícilmente podría ser rentable".

¿Teniendo en cuenta las pocas perspectivas de estas hipotéticas explotaciones, a que responden los permisos? El geólogo Xavier Cuello -antiguo vicepresidente del Col·legi Oficial de Geòlegs- comenta que en este sector "hay movimientos especulativos" basados en expectativas reales, más allá de que el proyecto pueda ser o no rentable. "Una vez has hecho tus exploraciones, has presentado los resultados y los estudios económicos, entonces puedes pedir una concesión de explotación y con todos los trámites administrativos hechos y la licencia, te lo puedes vender todo a otra empresa. También hay gente que pone a subasta lo que tiene". Cuello añade que "en Catalunya hay materiales para extraer, pero eso no quiere decir que se puedan explotar, por el impacto ambiental y el rechazo ciudadano que conllevan, ni que sean rentables. Sería difícil que pudieran funcionar, pero si tienes los permisos y hay alguien que te lo compra...".

SOS Pirineus, que agrupa a diferentes movimientos en defensa del territorio, también se opone a proyectos como los mencionados en este artículo. Una de sus integrantes es la geóloga Nuria Martí, a la vez portavoz de Salvem La Molina, para quien "en el Pirineo es complicado hacer explotaciones mineras que sean ajustadas a nivel ambiental" y recalca la necesidad de apostar por modelos que "sean respetuosos con el entorno". En este sentido, ve un componente "especulativo" en el proyecto de exploración de tungsteno que se quería hacer en Salau. Finalmente, Josep María Mata recalca que la SIGMADOT "no está en contra de las explotaciones mineras, pero queremos que estén bien hechas y respeten el medio ambiente".

El precedente del 'fracking'

Hace casi siete años, el Govern encontró un atajo para prohibir el fracking en Catalunya, a pesar de no tener competencias en el subsuelo. La decisión llegó después de una fuerte movilización ciudadana contra una técnica que permite extraer gas y petróleo del subsuelo de rocas poco porosas con un método muy agresivo y contaminante -la inyección de agua a presión combinada con arena y productos químicos-. Precisamente la contestación social, liderada por la plataforma Aturem el fracking, ya había provocado que se retiraran los permisos de exploración que afectaban amplias zonas de las comarcas de la Garrotxa, el Ripollès, Osona y, también, la Segarra.

Más noticias