Galicia, más de un siglo viviendo con la hora cambiada
La comunidad, el territorio más occidental de la España peninsular, es la más afectada por los desajustes con el huso horario y los cambios de otoño y primavera

A Coruña-
Si España decidiera hoy mismo que el cambio de hora del sábado al domingo sea el último de la historia, y se enfrentara a la disyuntiva de mantener el horario de invierno o el de verano, en Galicia el dilema sería mayúsculo. Porque si se conservara el primero, el que comienza este mismo sábado, significaría que cuando vuelva el verano se acabarían los crepúsculos de la segunda quincena de junio, con el sol poniéndose sobre las rías más allá de las diez de la noche. Si, por contra, se guardara el segundo, el que se ha mantenido desde marzo pasado hasta este fin de semana, sucedería que en pocas semanas, en cuanto llegasen los días más cortos del invierno, los amaneceres se retrasarían hasta pasadas las diez de la mañana.
Galicia, el territorio más occidental de la España peninsular y donde el sol sale y se pone más tarde (entre media hora y una hora después que, por ejemplo, en la costa mediterránea) lleva más de un siglo viviendo a contrahora, desde que en 1900 el Gobierno de Francisco Silvela decidiera unificar los horarios de todo el país en torno al horario del meridiano de Greenwich. En 1940, Francisco Franco lo adelantó al de la franja de Europa central, que también tenían países como Francia, Bélgica y Países Bajos. Galicia es la zona que más nota ese desfase.
Hasta ahora, el adelanto y retraso de relojes en primavera y en otoño, respectivamente, ayudaba a camuflarlo un poco. Pero la propuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de eliminar los cambios horarios ha reabierto el debate sobre la posibilidad de que Galicia recupere el huso que le corresponde (una hora menos, como en Canarias, Portugal o Reino Unido).
"Galicia es mucho más atlántica que Madrid o Barcelona, con una separación de más de mil kilómetros de distancia con respecto a Centroeuropa", afirman fuentes del Bloque Nacionalista Galego, formación que en 2007 llevó al Senado una proposición para devolver a la comunidad a su horario solar natural, que PP y PSOE rechazaron (el entonces secretario de organización socialista, José Blanco, lo calificó de "chorrada"). En 2016, sin embargo, todos los partidos del Parlamento de Galicia se pronunciaron a favor de recuperar el huso horario de Greenwich.
Ritmos biológicos
"Volver a ese uso horario favorecería los ritmos biológicos, permitiría un mejor descanso de la población y, por tanto, beneficios también económicos, porque una población que descansa mejor tiene más salud y también es más productiva", añaden las citadas fuentes.
El pasado viernes, la eurodiputada nacionalista Ana Miranda reclamó en el Parlamento Europeo el fin de los cambios horarios y la vuelta de Galicia a Greenwich, apelando a un informe del Instituto Enerxético de Galicia, que afirma que el ahorro en el consumo energético que promueve el cambio horario en la comunidad es inferior al 1% frente al 5% del resto del Estado. Miranda recordó que la medida "tendría innegables beneficios para la calidad de vida de los gallegos y gallegas y contribuiría a la racionalización y al equilibrio entre la vida laboral y personal".
Algunos expertos aseguran que está demostrado que el desajuste con respecto al horario solar tiene efectos directos sobre el comportamiento humano a nivel individual y social. "España es el país de Europa donde menos horas se duerme, con las mayores tasas de abandono escolar de Europa, con una productividad muy baja con respecto a otros países... Se debe a muchos factores, pero evidentemente este es uno de ellos", sostiene César Martín, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE), una entidad sin ánimo de lucro que pretende fomentar el aumento de la calidad de vida, la conciliación, la igualdad y la productividad mediante la racionalización de los horarios.
Martín asegura que no sólo Galicia, sino toda España, deberían adoptar el horario del meridiano de Greenwich para recuperar la "normalidad solar", y que existe consenso científico tanto sobre el hecho de que se debe acabar con los cambios de hora como sobre la necesidad de mantener el horario de invierno (el que empieza a regir a partir de este fin de semana), que es el que mejor garantiza el bienestar de la población, la salud pública y, también, la eficiencia económica y laboral.
Pero no todos piensan que suprimir los cambios o volver a Greenwinch sea positivo. Jorge Mira, catedrático del departamento de Física Aplicada de la Universidade de Santiago de Compostela, advierte de que los estudios sobre los que se argumenta esa medida "carecen de rigor" y advierte de que se creará "un lío monumental" en la población y una "desincronización masiva".
"En Kenia y en Ecuador el sol sale y se pone siempre a la misma hora, pero en Europa no es así. Las sociedades siempre se han ido ajustando a esos cambios, y de hecho era habitual que las fábricas y los comercios tuvieran horarios de verano y de invierno que desaparecieron precisamente cuando se instauraron los cambios de hora", explica. "Y las sociedades no son estúpidas: si se eliminan, volverán a crearlos", concluye.

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