Así nos afecta el cambio de hora de octubre
La necesidad o no de cambiar la hora dos veces al año es un debate todavía por resolverse.

Zaragoza-
Hay debates que no tienen solución, fundamentalmente porque se basan única y exclusivamente en los gustos personales. Así podemos pasarnos horas debatiendo sobre si la tortilla mejor con o sin cebolla, si para desayunar preferimos el Cola-Cao o el Nesquik o cuánto debe durar la siesta perfecta. En esta categoría de discusiones sin final también entra la de aquellos que son team calor frente a los que son team frío. O, expresado de otra manera, los que prefieren el horario de primavera contra los partidarios del horario de otoño.
Nuevamente se trata de preferencias individuales. Mientras que existen los que disfrutan de los días más largos y las temperaturas más agradables, también hay muchos otros a los que les gusta la oscuridad y sentir el frío en la piel. Lo que no es opinable es el efecto que tiene el cambio de hora en nuestro cuerpo. En 2025, la entrada del horario de otoño/invierno está prevista para el 26 de octubre. En esta ocasión nos "devuelven" la hora que nos "quitaron" en marzo. Quizá por última vez.
Cómo nos afecta el cambio de hora del otoño
En el cambio de hora de otoño los relojes se atrasan una hora, lo que hace que amanezca antes y, como contrapartida, también que anochezca más pronto. La idea detrás del cambio de hora es maximizar el tiempo de luz natural y adaptarlo a la rutina de la mayoría de la sociedad. Sin embargo, esta decisión, en principio bienintencionada, puede tener efectos secundarios sobre los ritmos circadianos de algunas personas.
Alteraciones en el sueño
El ritmo circadiano es el reloj interno que todos tenemos y que marca los ritmos del cuerpo en base a las 24 horas que tiene un día. Entre ellos los ciclos del sueño. Está muy relacionado con la luz solar, por lo que el cambio de hora puede suponer una alteración del mismo. Un desajuste que puede tardar varios días en volverse a compensar.
Así lo acredita la Sociedad Española del Sueño (SES), quien asegura que: “el cambio de horario, aunque solo sea de una hora, altera el tiempo de exposición al sol y desequilibra el reloj interno, que tarda varios días en reajustarse”.
Por ello, el cambio de hora se puede traducir en un sueño de mala calidad o en pequeños episodios de insomnio. Evidentemente la falta de descanso conlleva episodios de fatiga y somnolencia al día siguiente. De hecho, este es uno de los principales motivos por el que el cambio de hora se hace de sábado a domingo. Tradicionalmente, el séptimo día de la semana se ha dedicado al descanso. Por ello se aprovecha que al día siguiente una mayoría no tiene que ir a trabajar para que puedan lidiar con los efectos adversos del cambio de hora si los hubiese.
Cambios en el estado de ánimo
Además de la fatiga acumulada, un mal descanso también puede producir cambios en el estado de ánimo. La falta de sueño o la sensación de desajuste tiende a generar irritabilidad en algunas personas, que quizá se muestren más sensibles sin identificar un porqué claro. Esto afecta sobre todo a aquellos que poseen algún tipo de trastorno estacional, como lo puede ser la depresión invernal.
Otras afecciones físicas
Más allá del descanso, la SES también apunta a que la falta de sueño posee incidencia en otras posibles afecciones para el cuerpo humano. “Un sueño insuficiente, desorganizado y de mala calidad, favorece la aparición de enfermedades tan frecuentes, graves y con tan alto impacto social y económico como el cáncer, la enfermedad de Alzheimer, la hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes, el infarto de corazón, el ictus, la depresión y la ansiedad”, exponen en su comunicado.
Evidentemente, las alteraciones en el ritmo circadiano producidas por el cambio de hora son mínimas y, en el mayor número de casos, suelen corregirse a los pocos días. No obstante, aquellos que se vean especialmente afectados es recomendable que visiten a un médico especialista en caso de que exista alguna afección más grave.
El debate sobre el cambio de hora
Ante este panorama, algunos estamentos abogan por eliminar el cambio de hora. Entre ellos el Gobierno de España, que abandera esta causa ante la Unión Europea. ¿El principal motivo? No existe una evidencia sólida de que el adelantar o retrasar el reloj implique un ahorro significativo de energía. Para el Ejecutivo de Pedro Sánchez se trata de una medida obsoleta debido a la evolución de la economía, la tecnología y los hábitos sociales.
Claro que la eliminación del cambio de hora abre nuevos debates en el horizonte. Entre ellos, ¿qué horario dejar fijo, el de verano o el de invierno? Una cuestión más compleja de lo que pueda parecer en primera instancia. Especialmente para España, un país de gran extensión y encuadrado en un huso horario que por su situación geográfica no es el que le corresponde.
Posibles efectos anímicos de mantener el horario
Básicamente, mantener el horario de verano implicaría que en invierno todo ocurra una hora más tarde. Es decir, amanecería y anochecería una hora más tarde de lo habitual. Esto posee una problemática especial en el oeste de la Península. Sobre todo en Galicia, donde podría salir el sol en torno a las 10:00 de la mañana durante el periodo invernal. En Madrid, por ejemplo, amanecería en torno a las 9:30 horas.
Por contra, si se mantiene el horario de invierno, eso implica que en verano todo suceda una hora antes. En este caso las grandes perjudicadas serían las Islas Baleares, el extremo más oriental del Estado español. Así, en verano podría amanecer en Menorca en torno a las 5:15 o 5:30 de la mañana y, en consecuencia, hacerse de noche a partir de las 20:30 horas.
Sabemos que la luz solar afecta de manera directa en el estado anímico de las personas. Por ello, quedaría por determinar, en caso de que se elimine de manera definitiva el cambio de hora, cuál de estos dos escenarios sería menos pernicioso.


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