Todos los santos de Froilán
En Galicia hay realismo mágico, santerismo mágico y un borbonismo mágico representado por Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que debería haber heredado el ducado de Lugo y la corona del Antiguo Reino de Galicia

En Galicia hay realismo mágico, santerismo mágico y un borbonismo mágico representado de sobra por Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que no sé como aún no ha heredado el título de duque de Lugo ni el cetro y la corona del Antiguo Reino de Galicia. Los enxebristas de la raza alegarán en su contra que Froilán ni siquiera ha nacido en Galicia. Pero no se le puede echar la culpa. Como sabe todo buen gallego, el anterior duque de Lugo, Jaime de Marichalar, era tan snob que no se podía acercar al país en el que brotó la vulgarcísima ropa de Zara. ¿Cómo iba a consentir que su primogénito hubiera nacido en la tierra de las batas de guatiné? Cuenta la leyenda borbónica que, nada más salir a la luz de este mundo, Froilán, viéndose nacido en Madrid, se echó a llorar de morriña prematura. Se sabía nacido en el exilio. Una mañana de osadía, el padre se rio de él diciendo que no podía sentirse gallego un chico que nunca había pisado una bosta. El futuro rey de Galicia sacó una escopeta y se pegó un tiro en el pie, para siempre jamás recordar aquella insultante humillación.
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Como el Henrique V de Shakespeare, Froilán vivió una juventud azarosa, acompañado de Falstaffs poco recomendables, aunque mucho más pijos que el original. Las bayucas de aquellas épocas no son cómo las de Madrid o Marbella de la actualidad, pero en ellas se suele hacer más o menos el mismo: beber y follar (cierto que, luego, era inconcebible frecuentar dealers con datáfono y más cocaína rosa: excelencias del progreso). Tampoco, por supuesto, existían las influencers, esos modernos animales de rostro polícromo y que son capaces de captar la admiración de millones de personas hablando, a toda prisa, un trampitán ininteligible para los que alguna vez leyeron un libro. Nuestro Henrique V mantuvo relaciones amorosas, seguramente castas, con alguna de ellas. Las personas que dedican su talento al bien común es normal que amanceben esfuerzos para optimizar sus denuedos.
Fue una época en la que el futuro rey de Galicia también protagonizó diversas hazañas militares, aunque tanto él como su familia procuraron que no fueran conocidas por la opinión pública. La heroicidad y la humildad son dos virtudes que suelen pasear juntas por la vida. Una de sus más singulares epopeyas fue un duelo a capa y espada en la fortaleza/discoteca madrileña Vandido en diciembre de 2022. En ella resultó herido de navaja su querido Falstaff, al que acompañó fielmente al hospital atravesando las procelosas paisajes del barrio de Salamanca.
Molinos y discotecas
En su cara más quijotesca, cabe destacar su embestida contra esos modernos molinos de viento llamados coches. Acompañado de su hermana Victoria Federica, y quizás inducido por alguna pócima vertida en el colacao por algún perverso Merlín de la noche madrileña, el mayor héroe gallego de todos los tiempos empotró su Rocinante de alta gama contra una fila de vehículos creyéndolos peligrosos gigantes.
Solo en una ocasión se supo de la vergonzante huida de Froilán de un campo de batalla. Fue en la fortaleza Opium de Marbella, después de una pelea a tiros (de los de pistola) en la que resultaron heridas cinco personas. Yo estoy bien seguro de que corrió para proteger la integridad de una dama. Cuánto daño puede hacer fin'amors, la doctrina del amor cortés trovadoresco, a las más nobles reputaciones.
El malvado rey de España, sabiendo que Froilán es cuarto en la línea sucesoria carpetovetónica y celoso de su fama, discurría en el pazo de Zarzuela la manera de corromper el ascenso imparable de Froilán. Además, bastante había tenido ya Felipe VI con el secesionismo catalán, que había combatido de boquilla. Ni siquiera desenvainó la espada para liderar las tropas que había enviado a bordo de la gloriosa fragata Piolín. Demasiado para El Rey combatir también la consolidación de la fama de Froilán como futuro monarca del Antiguo Reino de Galicia.
Froilán, sabedor de las insidias y conspiraciones de Felipe, decidió hacerse un Mío Cid y se marchó a luchar junto a los moros, en Abu Dabi, cerca de las tarjetas black de su abuelo, el viejo y también audaz rey Juan Carlos.
Como los épicos contemporáneos también disfrutan de vacaciones, regresó Froilán a terminar la obra que había empezado desde bien joven. Y se le pudo ver asaltando varias discotecas e invadiendo plazas con su ejército techno, formado por Todos los Santos de su nombre. Gloria al rey de Galicia.
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