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Incendios Galicia Galicia y los incendios forestales: El petróleo verde que arde

Poco después de iniciarse la temporada alta de incendios ya se produjo la quema más grande del año. Un julio precoz en calor, fuertes vientos y ausencia de lluvia favoreció la propagación de las llamas en Ourense. Unas olas de fuego que sufrirá Galicia los próximos meses.

Pixabay
Imagen de un incendio. /Pixabay

"Galicia no arde, la queman". Esta frase resurge de las cenizas cada año en la época estival. Cuando el uno de julio suenan las alarmas por riesgo alto de incendio, la población gallega sabe que las malas noticias no tardarán en llegar y que más pronto que tarde una humareda negra teñirá los cielos. Este año la alta temperatura, el viento y la falta de humedad propiciaron que ya se produjese el incendio más grande del año en Monterrei (Ourense). Más de 1000 hectáreas quemadas en tres días.

Según datos del Ministerio de Agricultura, en 2019 en España se registraron 3.593 incendios. En Galicia ardieron más de 6.840 hectáreas por 1.676 siniestros, 1.294 de menos de una hectárea. De estos focos la Xunta no informa, tampoco de aquellos inferiores a 20 hectáreas a no ser que pongan en peligro a un núcleo de población o a un espacio verde protegido. La región del Noroeste de España representó el 45,98% de superficie forestal afectada. Sin embargo, los últimos datos relativos al 2020 apuntan a que esta área ya agrupa el 72,06% de la zona forestal quemada y un 61,94% la arbolada, y de ahí surgen respuestas.


Preguntado por la causa por la que arde Galicia, el catedrático de la Universidade de Vigo (Uvigo) Luís Ortiz, sostiene que "no podría ser de otra manera" y que lo raro sería que "no ardiese". Son varias las cuestiones que se entrecruzan para explicar la problemática. En primer lugar, el profesor de Ingeniería de Recursos Naturales postula que en Galicia existe un "combustible" que hace posible el fragor de las llamas. La superficie forestal en la comunidad asciende a dos millones de hectáreas y el 70% del total son terrenos arbolados. También, Ortiz mantiene que la ordenación del territorio es un factor clave para resolver la cuestión.

"La ordenación estará en un 4 o 5% de superficie. El 98% de los montes son propiedad pública y no están explotados. Hay más de 650.000 propietarios y el minifundio no lo favorece", prosigue. De muchos terrenos de las zonas rurales se desconocen los dueños, las superficies están abandonadas y no existe un cuidado preventivo ya que la falta de ganado propicia que los matorrales y la masa vegetal continúe creciendo, lo que favorece llegado el momento a la propagación del fuego. Las especies que abundan en Galicia en las áreas arboladas son el pino y el eucalipto, dos variedades muy pirófilas.

La Asociación Galega de Custodia do Territorio (AGCT) coincide en que el principal problema radica en la planificación de las zonas y que por consecuencia lastra el desenvolvimiento rural, puesto que aquellas personas que deciden dedicarse a la agricultura y a la ganadería no pueden hacerlo porque no hay espacios suficientes. Cuenta su secretario técnico y biólogo, Martiño Cabano, que estos lugares están ocupados por pinos y eucaliptos y en medio de esas plantaciones se construyeron casas, algo ilegal que ha desembocado en denuncias todavía sin resolver.

Por su parte, la ordenación del territorio no se incluye dentro del discurso de la Xunta de Galicia. Consultado por Público, el director xeral da Defensa do Monte, Tomás Fernández Couto, sostiene que "difícilmente" la ordenación del territorio ayuda, puesto que las personas que "están poniendo incendios por la noche" no tienen que ver, sino que es propiamente un "delito". En ello insiste Fernández, que recalca que para que sigan disminuyendo los incendios forestales tiene que "desaparecer la acción de las personas que queman".

En la comunidad el 80% de los incendios se producen con intención de quemar. Según el último informe del Ministerio de Agricultura del decenio 2006-2015, en España el 37,85% de los siniestros se originan por la quema agrícola ilegal y abandonada; el 29,99% por la quema para regeneración de pastos y solo un 7,17% por pirómanos. Los datos sobre las negligencias en el Noroeste, en comparación con otras zonas reflejan que el número es mucho menor: Un 14,5% frente a las comunidades interiores o con el Mediterráneo, que se sitúa casi en un 45%.

Índice del riesgo diario de incendio. /Consellería do Medio Rural.

La actividad incendiaria en Galicia tiende a repetirse en las mismas zonas. En 2014 la Xunta fijó hasta 79 parroquias con riesgo de incendio, pero este año disminuyeron hasta 28. De ellas 22 son de la provincia de Ourense, cuatro de A Coruña y dos de Pontevedra. Según la Consellería do Medio Rural no hay una "línea común" entre estos territorios con factores que se repitan, pero sobresalen incendios delictivos que tienen que ver con "quema de chatarra" o de "material eléctrico para eliminar el plástico que cubre el cobre".

La quema de montes y pastos para dar otro uso al suelo está muy arraigada en Galicia, principalmente en Ourense. En un pasado la población prendía fuego a la zona porque no existía apenas vegetación y se podía controlar, pero a día de hoy es imposible. El Gobierno gallego prohibió hasta el 30 de septiembre, cuando finaliza la época de incendios, las quemas de restos agrícolas y forestales. "Hay gente que prefiere tener pastos y que quiere tener otras explotaciones forestales, pero también hay que señalar las redecillas vecinales y problemas entre ellos", señala el profesor.

El fuego forma parte de la mitología gallega: leyendas, la queimada, la noche de San Juan... Pero la práctica juega en su contra. "Al no haber un cariño profundo al monte, los territorios se tienen como se tienen", prosigue Ortiz. Considera que en Galicia el territorio verde no se valora y no se considera algo útil, y por ello antes o después alguien lo intentará quemar. Los días 30-30-30 (grados, vientos km/h y días sin llover) son los más temidos para la comunidad, ya que, muchos incendios, sobre todo los GIF (Grandes Incendios Forestales), no son posibles de apagar hasta que mudan las condiciones meteorológicas.

La apuesta por la extinción sin prevención

Durante las últimas décadas se ha apostado por la extinción de los incendios. El cambio climático amplía la sequía de verano y las brigadas contra incendios, que pueden tener contratos de nueve o seis meses, terminan el trabajo cuando todavía no han empezado los problemas. La Xunta ha invertido 180 millones para el Plan de prevención e defensa contra os incendios forestais en Galicia (Pladiga), que se destina a medios humanos y técnicos como hidroaviones (cuyo vuelo puede rondar la hora entre 5000-6000 euros), avionetas y helicópteros.

"Todo este dinero se debería gastar de forma sistemática en crear cortafuegos, puntos de agua y propiciar la silvicultura", añade el profesor, puesto que de momento no es posible impedir que los montes ardan. Sigue el biólogo Martiño Cabano: "Si conseguimos que determinadas zonas tengan una orla de vegetación autóctona creando franjas de protección se favorecerá la lucha contra incendios", así como promover "un tipo de ganadería extensiva" para contribuir a una defensa "a largo plazo", la única posible para él.

El Gobierno autonómico ha tenido que enfrentar la misma semana en la que ha tenido lugar el incendio en Monterrei el anuncio de la huelga de los técnicos de prevención de incendios, que denunciarán ante la Consellería sus condiciones laborales y la "falta de interés de la Xunta por negociar", protesta que empezará el uno de agosto. Mientras tanto, la actividad incendiaria no cesa. El pasado martes el Gobierno gallego registró cinco incendios en menos de una hora en Cotobade (Pontevedra). El Ejecutivo de Feijóo espera que este año ardan menos de 17.000 hectáreas. Aunque se cumplan sus expectativas, ya brotó la cicatriz del bosque quemado en Galicia.

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