Kike Castelló, un activista en peligro de extinción
Anibal Malvar conversa con sus cigarras particulares para que le canten qué podemos leer en este verano de canícula y siesta.

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Kike Castelló (Madrid, 1975). Activista, político, informático y escritor ocasional. Fue portavoz durante años del colectivo Democracia Real Ya (DRY), uno de los movimientos sociales que convocó e impulsó las manifestaciones del 15 de mayo de 2011 en 58 ciudades españolas. Cuando el 15-M empezó a ser peligroso, Castelló, entre muchos otros, fue objeto de seguimientos y escuchas de dudosa legalidad por parte de la policía. En 2015 integra la candidatura de la coalición Ganemos a las elecciones municipales de Pinto (Madrid, 56.000 hab.). No sale elegido por dos cabezas, pero hasta 2019 alternó su trabajo de informático con el de responsable de comunicación y redes del equipo de gobierno confluyente: "Sin cobrar". Es coautor de Los cuentos de la Taberna del Escocés [Sin Colección, 2011, disponible en Amazon), donde participa con cuatro relatos cortos.
Autobiografía
Aunque aprobé la selectividad, la media me daba para ser podólogo y, ante un futuro quitando juanetes, me apunté a una academia de informática que se vendía, sin serlo, como una escuela técnica universitaria. Pero aprendí bastante y pronto empecé a compaginar el estudio con un trabajo a tiempo completo como soporte informático para empresas. Cuando terminé el tercer curso con la academia, empecé Empresariales por la UNED, por eso de ser emprendedor y tener un título de verdad. Pero no llegué a terminar. Ahora trabajo como analista senior en una empresa de desarrollo y pienso mucho en la jubilación. Es normal que esté cansado: no he dejado de trabajar desde los 19 años. Pero los viejos hábitos son muy difíciles de combatir, por lo que he decidido dedicar mi tiempo y energía a algo más sencillo: salvar a la humanidad de la extinción.
15-M
Fui a la manifestación del 15 de mayo porque me llegó la convocatoria por redes y me convenció el manifiesto. Vi el vídeo del primer desalojo de Sol y me indignó tanto que volví a la plaza al día siguiente (y eso que, en términos de violencia policial, no fue nada en comparación con lo que vimos después, cuando Mariano Rajoy ganó las elecciones de 2011). De hecho, volví cada día a partir de entonces después de trabajar, aunque no llegué a acampar ninguna noche. Acampada Sol fue algo magnífico y muy emocionante. Poco antes de la disolución de la acampada, me apunté a una sesión de bienvenida de DRY, uno de los organizadores de la manifestación que inició todo, donde éramos más de 100 personas, y comencé a colaborar con ellos. Primero, asistiendo a las asambleas de los viernes; después, entrando en un taller de portavocía donde nos entrenamos tres veces a la semana durante varios meses en debates y en desmontar falacias y, a partir de ese mes de octubre y de la impresionante movilización del 15-O, ya ejerciendo como portavoz y cogiendo tablas en la fachosfera de la TDT Party. Una experiencia increíble para saber cómo funcionan los medios, sobre todo la tele, por dentro.
Con el 15-M, las primaveras o el Occupy Wall Street, nos creíamos que estábamos cambiando el mundo. Y sí ha cambiado en estos casi 15 años. Pero para peor. ¿Qué hemos hecho mal los que buscamos la paz, la ciencia, la inteligencia, el feminismo, la igualdad, la cultura para que Donald Trump gobierne hoy el planeta y en España estemos al borde de un Gobierno de PP y Vox?
El presidente naranja gobierna uno de los países con el sistema electoral menos justo del planeta. Es presidente con el apoyo de un número significativamente menor de votantes que en su primera elección y, si ha logrado su segundo mandato, ha sido porque el demócrata ha decidido castigar a su partido no yendo a votar, precisamente por su apoyo incondicional a Israel y al genocidio del pueblo palestino. Así que quiero pensar que hay margen para la esperanza y que hay una mayoría de gente en EEUU dispuesta a hacer lo correcto.
La caída del imperio
Nos encontramos en un punto de inflexión histórico: la crisis medioambiental se está juntando con la ya más que evidente decadencia del imperio estadounidense y su modelo económico; pero hay muchísima incertidumbre sobre el futuro y, en estos casos, un montón de gente, hombres en su mayoría, sienten auténtico miedo a la complejidad del mundo y optan por las soluciones sencillas que el fascismo brinda: la culpa de todo es de los inmigrantes y las feministas, y el cambio climático no existe. Y no me tires de la lengua sobre la esfericidad de la Tierra. No sé qué hemos hecho mal. Imagino que no es una sola cosa. Pero lo que no podemos hacer es ceder. Hay que dar la batalla en cada espacio que habitemos. Nos va la vida en ello.
¿Fue un error politizar el 15-M? Recuerdo que tú mismo me decías, cuando nos conocimos en 2011 o 2012, que del 15-M jamás saldría un partido político, que era calle pura, y surgió Podemos. Acabaste integrando una lista municipal. ¿Cambiaste tú? ¿Cambió el movimiento? ¿Qué cambió?
El 15-M no se politizó. El 15-M nació siendo extremadamente político. Si pedir la democracia real (¡ya!) no es política, nada lo es. Podemos no era el 15-M, no salió de la calle, sino que fue creado en la universidad. Pero es verdad que sin el 15-M jamás habría existido Podemos. Sin el 15-M no habría existido el Partido X, ni algunas otras iniciativas que se presentaron a las elecciones europeas del 2014, y que sacaron un buen puñado de votos, aunque la fama se la llevó el partido morado. Sin el 15-M tampoco habrían existido los Ganemos y otros municipalismos que acometimos las elecciones municipales del 2015, y que ganamos ayuntamientos tan significativos como Madrid, Barcelona, Zaragoza o Pinto. Y digo Pinto, porque aquí puse mi energía para ganar el ayuntamiento en una campaña electoral de guerrilla de la que me siento muy orgulloso; y después dediqué los siguientes cuatro años echando manos al equipo de gobierno en comunicación y apagando incendios un poco en todas partes. La experiencia fue dura: la institución lleva su propio ritmo, que no es el de la protesta en la calle, y acumula muchas inercias, por lo que es muy difícil cambiarla desde dentro. Pero he de admitir que lo peor fue el fuego amigo. Algunos quisimos hacer otra política, y la vieja nos pasó por encima. Lo dejé en 2019, bastante desencantado, aunque aprendí mucho de cómo funciona un ayuntamiento.
La cigarra Castelló recomienda
Andor (serie, Lucasfilm/Disney, 2022-2025). Sorprendentemente, porque no es propio de la empresa del ratón hacer un producto tan político, me ha gustado muchísimo la serie Andor, dentro del universo Star Wars. Precisamente porque no es, para nada, un producto de Star Wars: está hecha para un público adulto, no hay espadas láser y no sale ningún primo lejano de la familia Skywalker. No hay buenos buenísimos contra malos malísimos, aunque hay un mensaje antifascista y muy pro diversidad. Porque, siendo honestos, ¿qué puede haber más diverso que una galaxia entera, por más que sea una galaxia muy, muy lejana?
El futuro es vegetal, de Stefano Mancuso (Galaxia Gutenberg, 2017). Estoy muy flipado últimamente con el mundo de las plantas y esa capacidad para existir y sobrevivir a casi todo sin poder huir y esconderse: he descubierto a Stefano Mancuso y sus estudios sobre la inteligencia vegetal (o cómo las plantas ven sin ojos, perciben los olores sin nariz, escuchan sin oídos o resuelven problemas y recuerdan sin cerebro), así que recomiendo cualquiera de sus libros.

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