De la falta de relevo generacional a la agroindustria: las amenazas de las razas autóctonas de Catalunya
La falta de relevo generacional y la dureza del oficio ponen en duda el futuro de algunas razas: "Es un trabajo diario durante todo el año", explica Xavier Ribera, productor de oveja Xisqueta.
Son animales adaptados al territorio y con gran valor en un mercado desigual: "Salimos con una desventaja", dice Maria Teresa Torner, ganadera de vaca bruna del Pirineo catalán.

Berga-
La ganadería catalana conserva un amplio abanico de razas autóctonas que forman parte de su legado natural y cultural. La vaca bruna del Pirineo, la oveja Xisqueta, la cabra blanca de Rasquera, el caballo pirenaico catalán o la gallina del Prat son algunos ejemplos de razas catalanas destinadas al consumo. Todas ellas comparten una característica: son biodiversidad viva y una herramienta fundamental para mantener vivo el mundo rural y los ecosistemas que lo rodean. Animales adaptados durante años al territorio, al clima y a las formas de vida del país, que hoy continúan siendo una pieza clave en la gestión del paisaje, la biodiversidad y la producción de alimentos de proximidad.
Sin embargo, su continuidad está lejos de estar garantizada al 100%. La globalización del mercado agroalimentario, la presión económica sobre las explotaciones y, sobre todo, la falta de relevo generacional ponen en riesgo un patrimonio que va mucho más allá de la carne, la leche o los huevos. Se trata de un problema que afecta al conjunto de la ganadería extensiva que impacta especialmente unos animales con especial protección, según comentan a Públic Xavier Ribera, presidente de la Federación de Entidades Catalanas de Ganaderos de Ovino y Caprino (FECOC), y Maria Teresa Torner, pionera en el cultivo ecológico y ganadera que administra vacas de raza bruna del Pirineo.
Se consideran razas autóctonas catalanas aquellas que tienen su origen en el país, aunque con el tiempo se hayan podido extender a otros territorios. En Catalunya podemos encontrar las siguientes razas autóctonas: el asno catalán y el caballo pirenaico catalán entre los équidos; la vaca bruna de los Pirineos, la vaca de la Albera o la vaca pallaresa en el sector bovino; oveja ripollesa, oveja Xisqueta y oveja aranesa entre el sector ovino; la cabra blanca de Rasquera en el sector caprino; la gallina penedesenca, la gallina del Prat y gallina de l'Empordà; y la oca ampurdanesa.
La situación de estas razas es diferente según su evolución. Las ovejas ripollesa y Xisqueta y la vaca bruna de los Pirineos son bastante numerosas y se integran en explotaciones competitivas, mientras que, por ejemplo, las razas de aves se mantienen con una población más reducida y en una situación más crítica. De la cabra blanca de Rasquera sólo quedan 4.500 ejemplares y una veintena de ganaderos en activo. En cualquier caso, el valor de las razas autóctonas va mucho más allá del rendimiento productivo.
En general, pertenecen a troncos genéticos alejados de las razas industriales, lo que las convierte en un reservorio de diversidad genética que puede servir para afrontar retos como el cambio climático, la aparición de nuevas enfermedades o la adaptación a entornos extremos. Además, la mayoría se crían en régimen extensivo, en pastoreo en pastos de montaña, terrenos pobres o zonas abruptas. Así, contribuyen a la prevención de incendios, al mantenimiento del paisaje y al equilibrio de los ecosistemas.
Este modelo permite, además, obtener productos con características organolépticas diferenciadas, a menudo asociadas a una crianza más lenta y adaptada al medio. Un valor añadido que, en teoría, debería traducirse en un mejor reconocimiento en el mercado, pero que no siempre llega al ganadero. Por todo ello, el Departament d'Agricultura convoca anualmente una ayuda que el año pasado benefició a 10 asociaciones con cerca de 300.000 euros.
El ovino y el caprino, un sector en retroceso
El sector del ovino y el caprino es uno de los que ejemplifica de manera más clara las dificultades de las razas autóctonas. Xavier Ribera, presidente de la Federación de Entidades Catalanas de Ganaderos de Ovino y Cabrío (FECOC), alerta de que el censo de ovejas y cabras "ha caído de manera drástica y radical" en Catalunya durante los últimos quince años. Entre 2006 y 2016, el país perdió casi un millón de ovejas, y hoy el censo se sitúa en torno a las 310.000 reproductoras, sin distinguir entre razas. En el caso de las cabras, la cifra ronda los 70.000 animales.
"El censo de las ovejas no para de bajar aunque las explotaciones muchas siguen estando abiertas", explica. Actualmente, estas 310.000 ovejas de cualquier raza de más de 12 meses se encuentran repartidas en unas 2.100 explotaciones. En este sentido, detalla que hay más de 700 explotaciones que tienen derecho a la ayuda asociada a la producción que un ganadero hace. Se trata de explotaciones con un mínimo de 30 cabezas (ovejas reproductoras) y que justifiquen ventas de 0,6 corderos por oveja y año.
Según Ribera, no se trata de una crisis, sino de un problema estructural. Muchas explotaciones cierran cuando el titular llega a la edad de jubilación porque no hay este relevo generacional. "Es un trabajo duro, que te obliga a estar cada día. No puedes fallar", resume. "Estamos mal, es un trabajo precario, rústico, que no nos hemos adaptado... Hay muchas cosas para discutir. Pero el principal problema de las ovejas es que es un sector muy vulnerable. Este trabajo no lo quiere hacer nadie y el relevo generacional hace tiempo que no se cumple", asegura.
Dentro del ovino, la raza Xisqueta es uno de los ejemplos más claros de los frutos que dan los esfuerzos de conservación, claramente en mejor momento que la Aranesa, en un censo más bajo. Ribera explica que la asociación de la raza Xisqueta se creó en 2008 con el objetivo de preservar sus características genéticas. Desde entonces, el censo se ha estabilizado alrededor de las 26.000 ovejas y unas 60 explotaciones, una cifra que, a pesar de ser significativa, no garantiza el futuro: "Cada año cierra una explotación, quien llega a la edad de jubilación, cierra".
Sin embargo, destaca las ventajas de trabajar con una raza autóctona, como tener "animales con características de adaptación a la zona y clima donde se encuentran". Destaca que la oveja Xisqueta es rústica, de montaña, y que aguanta bien el clima del invierno en el Pirineo y el calor en verano. Esta adaptación compensa una menor capacidad reproductiva respecto a razas más productivas: "No tienen tanta capacidad de reproducción como otras ovejas cárnicas, pero somos del Pirineo y seguimos aquí".
"Este trabajo no lo quiere hacer nadie y el relevo generacional hace tiempo que no se cumple", dice el ganadero Xavier Ribera
Y es que se trata de una raza que tiene su origen en el Pirineo de Lleida, en la zona de la Ribagorça, en los Pallars Jussà y Sobirà, la zona del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici y todo su entorno. Según detalla Ribera, con la trashumancia y la compraventa de estos animales, los ejemplares de Xisqueta se han desplazando hacia las tierras llanas de Lleida. Actualmente, los miembros que forman la asociación se encuentran los dos Pallars, en la Alta Ribagorça y un par de explotaciones en la Noguera.
Ribera es claro y contundente con su discurso: "Cada vez hay menos ovejas y menos rebaños. Desde que entramos en la UE siempre se ha dicho que serían las favoritas porque se tenían que proteger de que bajara el censo, pues el censo sigue bajando. Esto pasa en España, en Europa y en todas partes. Ni escuelas de pastores, ni inventos, ni todas estas historias. Son montajes públicos que sirven para campañas electorales y charlas. De nuevos pastores, pocos, y de nuevos rebaños, muy pocos".
La bruna de los Pirineos, de la crisis a la estabilidad
En el sector vacuno, la situación es ligeramente distinto. Torner, ganadera de Mas La Bastida, una explotación cerca de Prullans (Baixa Cerdanya), y vinculada a Ramaderes de Catalunya, recuerda que la raza de vaca bruna de los Pirineos vivió una etapa muy crítica en los años noventa, cuando el número de animales casi no permitía garantizar su supervivencia. Ahora mismo, hay 283 explotaciones inscritas en el libro genealógico de la Federació Raça parda de los Pirineos, según fuentes de la organización. "El motivo de que se mantenga estable también son las subvenciones y ayudas, un aliciente más para continuar", explica.
Esta ganadera explica ser hija de un hombre "muy ganadero", impulsor de los inicios de la bruna y que "trabajó mucho para mejorarla y es una persona reconocida". Destaca que en su caso ha optado por esta raza autóctona porque tiene una selección que empezó su progenitor, y que ella considera que debe mantener: "A nivel de vaca bruna, si un joven empieza un rebaño sí que lo tiene complicado, porque tiene que buscar ganado que se adapte a su casa. Mi rebaño está adaptado aquí, parto de una base que hacía muchos años que se había hecho selección", celebra.
Torner también admite que ahora se acerca un salto generacional, pues las explotaciones familiares estables han visto como la juventud ha podido estudiar y no vuelve a casa. No obstante, es más optimista y admite que "la gente busca relevo y no se rinde". Sin embargo, admite que es complicado que alguien pueda conseguir el traspaso de una explotación y empezar un proyecto, pues las explotaciones familiares también han crecido: "Las subvenciones fomentaron que todo esto se transformara de una manera. Queríamos ser competitivos. En el Pirineo no puedes competir con una granja de Lleida".
En su caso, confía en que habrá un "cambio" y los jóvenes "volverán para ayudar a transformar las explotaciones agrarias familiares". "Esta competitividad debería estructurarse diferente. Creo que debería transformarse en producción de quesos y leche, un pequeño proyecto que pueda controlar hasta el consumidor, y las grandes explotaciones se reducirán. Los jóvenes volverán, con todo lo que está pasando en el mundo habrá un colapso. Cuando la gente vea que en la ciudad no puede pasar tres días volverán", insiste.
La ganadera Torner cree que "los jóvenes volverán para transformar las explotaciones agrarias familiares"
Sin embargo, admite que las razas autóctonas en Catalunya, así como el resto de explotaciones a nivel general, "van cerrando puertas, es un proceso en paralelo". Las razas autóctonas se mantienen gracias a las explotaciones familiares, la explotación industrial no las mantiene, busca cruces y otro objetivo de este negocio", sostiene. En su caso, criar vaca bruna del Pirineo le aporta tranquilidad: una raza adaptada a la altura, con pocos problemas en el parto y sin grandes exigencias nutricionales.
¿Qué aporta criar una raza autóctona?
En este sentido, Torner dice que no le supone muchos "quebraderos de cabeza": Para la ganadera, criar una especie autóctona aporta "identidad", pero admite que es una responsabilidad. "La gente que está cuidando el territorio, que son conscientes de lo que hacemos y cómo lo hacemos, realmente hace esta elección a pesar de los obstáculos. Tenemos la responsabilidad tanto por la raza como por el trabajo que estamos ejecutando cada día. Tenemos que buscar la manera de sobrevivir: la pata económica es importante, pero se tiene que equilibrar con la persona", argumenta la ganadera.
Ribera coincide en que la adaptación al territorio es básica: "Si tuviéramos ovejas que no fueran de nuestra raza, no las podríamos tener a la intemperie como en verano, no podrían ir en pastos de montaña... Nuestra oveja autóctona sí que nos lo permite", reivindica. Aunque el nivel de reproducción no es tan elevado, les sale "muy rentable". "La barrera territorial que tenemos son los pastos y no hay que complicarnos", insiste. "Si la pudiéramos bajar a los campos de Lleida o zonas agrícolas muy poderosas seguramente tendría una reproducción más elevada, pero somos del Pirineo", reivindica.
"Si tuviéramos ovejas que no fueran de nuestra raza, no las podríamos tener a la intemperie como en verano", dice Ribera sobre la adaptación al territorio
El criador de oveja Xisqueta destaca que las razas autóctonas como la suya deben cumplir "estrictamente" con unos estándares, así como las condiciones del plan de mejora genética de la raza, con todos los animales de la raza. "Cuando compartimos pastos en verano, aquí en el Pirineo, nos juntamos en la montaña pública con varios ganaderos, agrupamos el ganado, nos guarda las ovejas durante tres meses arriba en la montaña", explica. "No puedes dejar entrar animales en la explotación que no sean de esta raza", añade.
Torner lamenta que a los productores pequeños les toca hacer "todos los papeles: comercial, campesino, mantener los niños... Como hay tantos proyectos y opciones de proximidad, se han puesto las pilas. El territorio ha dado el salto hacia la proximidad y calidad". A su vez, Ribera recuerda que "cada vez que hay una reforma de la PAC (Política Agraria Común), ya tiembla". "La PAC es para que Europa tenga suficiencia alimentaria garantizada de calidad, trazabilidad y seguridad, el consumidor puede estar tranquilo", reivindica.
"El territorio ha dado el salto hacia proximidad y calidad", sostiene Torner
También se queja de que tengan la "guerra perdida" con la fauna salvaje, como los lobos, que son un problema cuando atacan los rebaños. También destaca las enfermedades sanitarias como la dermatosis o la lengua azul.
Por todo ello, entiende que la gente joven no se quiera dedicar a la ganadería: "Si tienes un rebaño de ovejas, no te casas con una persona, te casas con las ovejas. Tienes que preocuparte todos los días y todo el año... Una cosa es la teoría y la otra práctica, no puedes hacer números porque dos más dos en un rebaño de ovejas hacen uno", argumenta.
Las razas autóctonas en el mercado
Las razas autóctonas también se consumen y son muy valoradas por el consumidor. La carne de la oveja Xisqueta tiene un sabor particular gracias a la grasa infiltrada dentro de la masa muscular, que también la hace más tierna. "Son animales de mucha calidad, que se tienen que sacrificar el periodo que toca...", relata Ribera. "Son animales fuertes, valientes y que pueden ir a todas partes", añade sobre el motivo que les otorga estas cualidades.
La ganadera destaca que la raza autóctona tiene unas "garantías nutricionales elevadas". "Sabes que es un animal criado en el territorio, además del efecto positivo de gestión del territorio, cultura, proximidad… Si consumes razas autóctonas de tu territorio, sabes que tiene unos atributos que te convienen mejor que los de esos acuerdos del Mercosur de un bistec que venga de Uruguay". Torner defiende que, nutricionalmente, es como comer fruta de temporada: "Si comemos piña, no hemos entendido algo, porque aquí no tenemos piñas. La carne que se cría en nuestra casa tiene unos valores nutricionales que no tiene la demás". Con todo, alerta de que aquí se entra en el "juego muy perverso" y la "mafia" del etiquetado: "Habrá trazabilidad, pero no todo el mundo hace las cosas correctamente".
Mientras el mercado al que se vende la vaca bruna de los Pirineos es bastante local, los productores de Xisqueta se encuentran aquí "otro de los grandes escollos", pues el consumo de carne ha "disminuido de manera notable en Catalunya": "La gente no quiere comer carne de cordero". Ribera detalla que ocupa una posición muy secundaria dentro de la cesta de la compra familiar catalana, actualmente en el lugar 12, por detrás del resto de carnes principales. Según explica, el sector depende de la hostelería, restauración y bares, y del "mercado musulmán donde es muy apreciado" y de la exportación.
Según detalla el responsable, el 80% de la producción catalana de cordero vivo se destina a la exportación, principalmente al norte de África, con Marruecos como principal destino. Esta dependencia exterior contrasta con una realidad paradójica: a pesar de disponer de una potente industria cárnica, Catalunya continúa importando cordero de otros territorios del Estado. "En las fiestas de Navidad siempre hay un repunte, pero después baja el precio y se estabiliza", añade, insistiendo también en que se nota el aumento de demanda por la fiesta del cordero de la religión musulmana: "Aprecian mucho nuestra carne".
La viabilidad de las razas autóctonas
Ribera explica que las ayudas económicas van en función de los tramos donde se ubican en relación con el censo de animales de cada raza. Como de la Aranesa, por ejemplo, "quedan muy pocas", tienen más ayudas que la Xisqueta, "que no está tanto en el tramo de peligro de extinción". Actualmente, la asociación cuenta con unos 65 ganaderos de ovino de raza xisqueta, una cifra similar a la que hay en Aragón, con quien Catalunya comparte el libro genealógico. "Yo tengo 64 años y los días pasan. No cuento con que mi hijo vaya a dedicarse a este trabajo", insiste.
Por su parte, Torner cree que las ayudas están mal enfocadas. En lugar de los incentivos, considera que para mantener razas autóctonas "sería mucho más factible contribuir y buscar recursos para el tema del mercado": "Este incentivo es una ayuda para los que ya nos dedicamos a ello, pero al final la gente no saca un provecho". Cree que se debería haber apostado por otra línea hace años, "en lugar de mirar presupuestos y ayudas".
Así, explica que la vaca bruna del Pirineo sale en "desventaja en el mercado", pues no tiene el mismo valor que un ternero cruzado. Por eso, cree que se debería haber trabajado en una "línea de carne 100% parda de los Pirineos", siguiendo el ejemplo de productos como el Brunat, el primer queso elaborado a base de leche de vaca de la raza. "La bruna tiene íntegramente su identidad como una vaca rústica, que se defiende en territorios de montaña, aprovecha recursos, se adapta y no necesita grandes requisitos nutricionales para salir adelante", reivindica.
Lo que propone la ganadera es que el valor de mercado sea "adecuado" y que la bruna esté "valorada": "Si se parte de una base en la que tengan un valor equilibrado, estaríamos jugando con reglas más justas", insiste la productora.
Futuro desigual de las razas autóctonas
Ribera no ve con mucho optimismo el sector en general, ante la falta de relevo y de personas que "no han gestionado nunca un rebaño". "Están todos los discursos del asociacionismo, del relevo generacional, de las escuelas, de los fines de semana… Son inventos de tebeo que no sirven. ¿Vacaciones compartidas? ¿Qué vacaciones vas a hacer? No puedo ir al rebaño del vecino a gestionarlo. Siempre hemos tenido sabios que nos han dado lecciones de cómo lo tenemos que hacer, pero todo el mundo lo deja", espeta, crítico. Cree que es muy complicado que haya nuevos rebaños: "Empezar de cero es imposible".
Torner es más optimista y asegura que no hay que preocuparse por el futuro de las razas autóctonas, al menos no más de lo que debemos preocuparnos por el sector en general, y siempre que se busquen fórmulas para adaptar el modelo: "Si no hay una crisis sanitaria bestial, no tenemos que preocuparnos. Eso ya lo veremos, hemos vivido varias, pero nunca las han acabado de matar a todas. Tenemos que ser optimistas".








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