Los líderes mundiales se juegan la credibilidad de la COP30 ante el avance del colapso climático
El encuentro de alto nivel comienza en Belém, puerta de entrada de la Amazonía brasileña, con el escepticismo de la sociedad civil en el aire y la transición justa como principal objetivo a diseñar.

Madrid--Actualizado a
Récord de emisiones, proliferación de megaincendios, inundaciones y otros desastres naturales, y la primera vez en la historia que el planeta superó los 1,5ºC por encima de los niveles preindustriales. Además, Donald Trump volvió en enero a la Casa Blanca y anunció –por segunda vez– la salida de EEUU del Acuerdo de París. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) alerta de que las contribuciones actuales de los países para frenar la crisis climática son insuficientes para mantener la Tierra por debajo de los 1,5ºC de calentamiento y cumplir el Acuerdo de París, que cumple diez años. La UE mantiene su liderazgo en ambición climática, pero sus regulaciones incluyen letra pequeña, con una política verde retardista. Esto es todo lo que ha sucedido desde la cumbre de la COP29 de 2024 en Bakú (Azerbaijan). Este lunes comienza la COP30 en Belém, puerta de entrada de la Amazonía brasileña.
No todo está perdido. "Seamos claros: el límite de 1,5 °C es una línea roja para la humanidad. Sigue siendo fundamental para un planeta habitable. Debe mantenerse a nuestro alcance. Y los científicos también nos dicen que esto todavía es posible", declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, durante la cumbre de líderes que tuvo lugar el pasado 6 de noviembre. Sin embargo, la acción para evitar que los daños sean irreversibles debe ser rápida y contundente.
Un estudio publicado el pasado jueves, 6 de noviembre, por Climate Analytics y el Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK) señala que la insuficiencia de las medidas adoptadas en los últimos años hace "muy probable" que el mundo alcance un calentamiento de 1,5°C a principios de la década de 2030. El pronóstico coincide con el del PNUMA. El 4 de noviembre publicó su Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025. El estudio advierte de que las proyecciones de calentamiento global para este siglo con los planes climáticos más recientes de los países se sitúan ahora entre 2,3°C y 2,5°C, mientras que las proyecciones basadas en las políticas actualmente en práctica alcanzan los 2,8°C. Las cifras superan con creces el límite marcado por el Acuerdo de París. La organización subraya que de hecho es "muy probable" que se supere este umbral en la próxima década.
La investigación del Climate Analitycs y el PIK tiene una contraparte positiva. Si el mundo se pone manos a la obra cuanto antes, en un escenario de máxima ambición posible, el planeta alcanzaría como punto álgido los 1,7ºC para la próxima década, pero lograría rebajar el termostato a los 1,2ºC para 2100. Este escenario incluye la electrificación de la demanda energética para 2050, acabar con los combustibles fósiles para 2070 –para 2050 en los países ricos–, reducir las emisiones de metano un 30% con respecto a 2020 para el año 2035, neutralidad de emisiones de CO2 para 2050 y de Gases de Efecto Invernadero (GEI) para 2060.
Una transición justa que no deje a nadie atrás
"La atmósfera al inicio de la COP30 será muy importante. Asistirán alrededor de 60 líderes", expresa Laurence Tubiana, directora de la European Climate Foundation y artífice del Acuerdo de París. "Creo que la pregunta que todos se harán será: ¿Estamos plantando cara? ¿Estamos resistiendo la presión?". La cumbre que arranca este lunes tendrá que probar la mermada credibilidad del multilateralismo. Deberá hacerlo con acuerdos e instrumentos que garanticen una transición verde real y efectiva.
Javier Andaluz, responsable de Energía y Clima en Ecologistas en Acción, reconoce que la organización acudirá al encuentro de alto nivel con "expectativas bajas". No obstante, concede que existe "un rayito de esperanza". Se trata del Mecanismo de Acción de Belém para la transición justa (BAM, por sus siglas en inglés). Su aprobación "permitiría poner en relación el fin de los combustibles fósiles con el apoyo y la protección de derechos", describe la organización en un dossier informativo sobre la cumbre. Este mecanismo forma parte del Programa de Trabajo para una Transición Justa (JTWP) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
La Red por la Justicia de los Recursos describe el BAM como un mecanismo que permitirá aunar esfuerzos y estrategias y, sobre todo, proteger que la transición verde no deja a nadie atrás. Esto significa que la justicia social sea principio rector de los compromisos climáticos internacionales. En concreto, supone que los países del norte global se hagan cargo de su responsabilidad en la crisis climática y faciliten una articulación cohesionada de medidas junto con los países del sur global. "La COP30 sólo tendrá éxito si los Estados parte establecen el BAM", remarcan desde la Red.
A vueltas con la financiación
El problema que apuntan desde Ecologistas es que este instrumento se puede convertir en una "caja de herramientas" que combine los planes de mitigación de la crisis climática con cuestiones relativas a la financiación. Javier Andaluz teme que la cumbre actual se centre en este segundo tema, un punto en el que el ajedrez internacional mantiene las misma dinámica. "El norte global pide un programa de transición detallado y prescriptivo, pero no quieren entrar en la financiación. En el caso del sur global, la posición es diametralmente opuesta".
La responsable jurídica de la organización, Irene Rubiera, pone de relieve que este año existe un elemento diferenciador. En julio de este año la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió una opinión consultiva en la que establecía que los Estados deben adoptar todas las medidas a su alcance para garantizar el derecho a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible. Se impone además la obligación de acabar con cualquier tipo de subvención a los combustibles fósiles. Según explica Rubiera, ahora hay un marco legal que supone que el norte global tiene una obligación legal climática, lo cual puede ser "un argumento negociador" que presione a favor de una política verde comprometida y socialmente justa.
La emergencia medioambiental jamás había estado en condiciones tan desoladoras, y el pronóstico no es bueno. La ciencia pone sobre la mesa la necesidad de máxima ambición en las decisiones que tomen los países a lo largo de las próximas semanas. El escepticismo por parte de la sociedad civil está en el aire mientras los líderes de los Estados comienzan a mover ficha. El resultado final determinará el calentamiento del planeta, la resiliencia de las regiones a los desastres climáticos y la (des)igualdad entre los bloques mundiales para hacer frente al colapso del mundo.

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