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"Su madre le pidió ayuda para morir y él creyó que era mejor acompañarla"

Fiscalía rebaja de nueve a seis años la petición de condena para el zaragozano que ayudó a su madre a suicidarse, cuya defensa pide al tribunal que lo absuelva o que, en todo caso y como alternativa, trate el asunto como un episodio de eutanasia y le permita eludir la prisión.

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El acusado, Ignacio Sánchez, este martes en los pasillos de la Audiencia de Zaragoza acompañado por su abogada, Mercedes López, y por varios familiares. 

ZARAGOZA .- La Fiscalía ha rebajado de nueve a seis años de prisión la petición de condena para Ignacio Sánchez, el zaragozano que hace un año accedió a ayudar a su madre enferma a suicidarse, al contemplar como atenuante de confesión el hecho de que fuera él quien llamara a la Policía para informarle de lo sucedido unas horas después de que la mujer falleciera.

Ignacio, que se ha sentado esta mañana en el banquillo de los acusados de la Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Zaragoza en un juicio celebrado a puerta cerrada, explicó al tribunal que fue su madre quien le propuso que le ayudara a suicidarse. “Su madre se lo pidió, ella era una persona que cuando tenía una idea no se la podía hacer cambiar y él creyó que era mejor acompañarla”, explicó su abogada, Mercedes López. El acusado ha mantenido esa misma versión durante toda la investigación.

La letrada pidió la absolución del acusado y, de manera alternativa y en caso de que el tribunal decida condenarlo, solicitó que le aplique el artículo 143.4 del Código Penal, que deja en manos de los magistrados la posibilidad de atenuar la pena hasta los 18 meses si considera que la madre sufría “padecimientos permanentes y difíciles de soportar” y que hizo a su hijo una petición “expresa, seria e inequívoca” para que le ayudara a morir.

“Ignacio no despreció el lazo afectivo, fue la madre quien pidió ayuda”

En ese caso, si el tribunal trata el suicidio asistido de Isabel Olaso como un episodio de eutanasia, su hijo Ignacio podría eludir el ingreso en prisión al carecer de antecedentes penales.

La mujer consideraba “acuciante e irreversible su enfermedad”, explicó la abogada. De hecho, así lo señaló en la estremecedora carta que escribió unas horas antes de quitarse la vida con la ayuda de su hijo. Llevaba tiempo durmiendo en un sillón porque sus fuertes dolores de espalda y la úlcera de una de sus piernas no le permitían hacerlo en la cama. Y hacía más de una década que no pisaba la calle ni dejaba que la visitara un médico o le suministraran fármacos. Focalizaba en el colectivo sanitario los temores derivados de las ideaciones persecutorias que sufría.

La abogada pidió también que le fuera atenuada la pena por la “situación emocional” en el que se encontraba el acusado –los forenses lo consideran imputable- y, al mismo tiempo, propuso al tribunal que la relación de parentesco entre madre e hijo no fuera contemplada en este caso como agravante. “Ignacio no ha buscado el desprecio hacia la familia y hacia ese lazo afectivo, fue la madre la que buscó ayuda”, sostuvo López.

“La acompañó convencido de que ella iba a acabar haciéndolo”

La relación de parentesco, que opera como atenuante en los delitos contra el patrimonio, suele suponer una circunstancia agravante de la pena en los delitos violentos, por la indefensión que, por inesperado, genera en la víctima el ataque de alguien cercano. Aunque en este caso no hubo ataque sino ayuda.

El padre y los dos hermanos de Ignacio, que declararon como testigos, coincidieron en señalar que si Isabel había tomado la decisión de acabar con su vida no tenían nada que hacer. “Por el carácter de la madre, todos entienden que, aunque hubieran intentado disuadirla, ella habría acabado haciéndolo”, señaló la letrada.

“Creen que si Ignacio la acompañó fue porque estaba convencido de que, si no ese día, ella iba a hacerlo al final, más que con o sin ayuda, con o sin compañía”, añadió. De hecho, Ignacio ya la había disuadido unas semanas antes, cuando se lo propuso por primera vez.
El de este martes es el primer juicio que se celebra en los tribunales aragoneses por suicidio asistido, un tipo delictivo del que apenas ha habido procesos judiciales, entre ellos los abiertos a raíz de la muerte del gallego Ramón Sampedro o las sedaciones del doctor Montes. El Parlamento vasco reabría hace unos meses el debate sobre la muerte digna al proponer la despenalización del suicidio asistido.

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