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Metro de Madrid La estación de Gran Vía reabre tras 1.061 días cerrada por unas obras mal planificadas

En agosto de 2018 la Comunidad de Madrid cerró la emblemática parada con el objeto de convertirla en "la referencia del Metro del siglo XXI". Los trabajos iban a durar ocho meses y la infraestructura iba a estar lista para las elecciones autonómicas de 2019. Pero las prisas, una mala planificación y el hallazgo de restos históricos se cruzaron por el camino.

Nueva estación de Metro de Gran Vía
Recreación de la conexión subterránea entre la estación de Metro de Gran Vía y la estación de Cercanías de Sol. Metro de Madrid

El 20 de agosto de 2018 se cerraba por obras la estación de Metro de Gran Vía en Madrid, una de las más transitadas de toda la red suburbana de la capital. Iba a durar ocho meses, hasta abril de 2019, pero la remodelación de esta emblemática estación en la principal arteria de la ciudad se ha alargado casi tres años, en concreto 1061 días, 825 por encima de la previsión inicial. Este viernes 16 de julio, con la reapertura de la remozada instalación, concluyen unas obras infinitas que si por algo se han caracterizado ha sido por la polémica que han generado y por su mala planificación, que ha acarreado unos sobrecostes de cuatro millones de euros al pasar de un presupuesto inicial de 17 millones de euros a un coste final que supera los 21.

Los trabajos se iniciaron para modernizar las instalaciones, adaptándolas a personas con movilidad reducida con la construcción de cuatro grandes ascensores y 13 escaleras mecánicas, pero sobre todo, el objetivo principal era conectar la estación de Gran Vía con la de Cercanías en la Puerta del Sol a través de un túnel por debajo de la calle Montera y construir una macroestación en el entorno del kilómetro 0 de la capital que conectara a los usuarios de la línea 5 de Metro a las estaciones de ferrocarril de la capital, Atocha y Chamartín.

Para conectar la estaciones de Metro de Gran Vía y la estación de Cercanías de Sol se han instalado cuatro rampas mecánicas para salvar el desnivel  entre ambas estaciones. En el vestíbulo de Sol se ha creado un nuevo control de acceso con tornos y máquinas de autoventa.

Para realizar esta conexión entre ambas estaciones se aprovechó la existencia de una galería subterránea de 80 metros que llevaba perforada desde 2009 pero que nunca llegó a conectar con Gran Vía. La Comunidad de Madrid, responsable de las obras, habilitó esa galería para crear así una infraestructura "moderna, accesible, inclusiva y digital" que fuera "referencia para el Metro del siglo XXI". La nueva infraestructura contará, además, con una réplica exacta del templete diseñado por el arquitecto Antonio Palacios para la primera estación de Gran Vía que fue inaugurado en 1920 y desmantelado en 1970. El templete será la joya de la corona de la instalación y presidirá la entrada principal. 

Sobre el papel todo era perfecto. La nueva infraestructura iba a ser inaugurada apenas un mes antes de las elecciones autonómicas de mayo de 2019. La idea del PP, coincidió en señalar entonces la oposición, era "cortar la cinta" de cara a aquella cita electoral. La llamada a hacerlo era Cristina Cifuentes, pero tres años en política son toda una vida, y los honores se los llevará la actual presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Sin embargo, los planes del PP madrileño empezaron a torcerse muy pronto. Los problemas empezaron ya desde el primer día. El 21 de agosto de 2018 se hallaron los restos del ascensor centenario que diseñó Antonio Palacios para la apertura del Metro madrileño en 1919. Fue el primero de los restos de la estación original que fueron apareciendo a medida que se iba a avanzando en las obras. A lo largo de estos tres años se han contabilizado hasta 17 restos de diferentes épocas, como piezas del ascensor antiguo, cerámica ornamental, un mural de azulejo de Manises, los cimientos y sótanos de la casa Astrearena –un edificio histórico que fue derribado cuando se inauguró la Gran Vía a principios del siglo XX– y dos caminos de agua.

Estos hallazgos históricos fueron retrasando el ritmo de las obras y el plan del PP. La Dirección General de Patrimonio obligó a suspender temporalmente los trabajos y luego a acometer obras extra para salvar esos bienes patrimoniales. Pero ya se sabía que esos restos estaban allí: la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio (MCyP) ya lo había advertido meses antes de que empezaran las obras, pero las autoridades ignoraron esos avisos y no los tuvieron en cuenta a la hora de planificar la obra.

A esa falta de previsión se unieron otros problemas de índole técnica: la empresa adjudicataria alertó ya comenzadas las obras de que existía "riesgo de colapso" del túnel de conexión con la estación de Cercanías de Sol por su estrecha distancia con los edificios colindantes. La situación empeoró por las abundantes lluvias que cayeron en el otoño de 2018. Esto obligó a suscribir un segundo contrato por 3,5 millones de euros.

PSOE y Más Madrid achacaron las dificultades y el retraso de las obras a "las prisas" del PP y acusaron al Gobierno regional de provocar el caos en el centro de Madrid por culpa de una medida "electoralista".

La Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid empezó entonces a alargar paulatinamente los plazos de ejecución de las obras. En la primavera de 2019, la Comunidad anunció que la reapertura de la estación de Gran Vía se produciría en el último trimestre de ese año, pero 2020 arrancó sin que las obras estuvieran finalizadas. En el mes de febrero de ese año, el entonces consejero de transportes madrileño, Ángel Garrido, reconoció en la Asamblea de Madrid a preguntas de la oposición que era "imposible" dar una fecha exacta para la apertura de la estación, aunque aventuró que las obras podrían terminar a finales de 2020 "con algún deslizamiento hacia el año siguiente".

La llegada de la pandemia en marzo de 2020 fue la puntilla final: los trabajos se paralizaron durante el primer mes de confinamiento y luego se retormaron de forma progresiva. Finales de 2020 era una fecha demasiado optimista para ver la obra concluida y desde la Comunidad de Madrid se empezó a hablar del verano de 2021 como la fecha de apertura más probable.

El pasado 3 de junio, durante una visita a las obras, la presidenta Ayuso dio finalmente una fecha exacta: el 16 de julio. "Más de 1.000 días de espera pueden parecer muchos, pero cuando los ciudadanos vean el resultado y la estación a pleno rendimiento sabrán que ha merecido la pena", señaló ese día Ayuso.

El día que parecía que nunca iba a llegar, por fin ha llegado. Sin embargo, esos 1.061 días no han pasado desapercibidos ni para la oposición ni para los ciudadanos. Gran Vía es una estación estratégica y antes de su cierre pasaban por ella 52.719 pasajeros al día, según datos facilitados por Metro de Madrid. Unos 19 millones de usuarios al año. Una cifra que se repetirá con la nueva estación, según la compañía.

Nunca antes una estación del Metro había estado tanto tiempo cerrada. De hecho, el primer tramo de la línea 1 del Metro de Madrid, entre Sol y Cuatro Caminos, se construyó entre 1917 y 1919 en 30 meses. Un siglo después, su estación de Gran Vía ha estado 35 meses cerrada por obras.

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