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Violencia obstétrica (2/4) La violencia en el parto que sufren algunas mujeres, ¿otro tipo de violencia de género?

Activistas critican su "infantilización" y falta de "toma de decisiones", hasta el punto de que consideran algunas técnicas como "una rama más de la violencia de género”. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia lo rechaza, asegura que la asistencia médica ha avanzado y defiende que hoy la mujer es la “protagonista” del parto: “Asociar ciertas incidencias al machismo es un modelo superado. Nos desvivimos por nuestro trabajo, cuyo el objetivo es cuidar a la madre y al niño”.

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Imagen de archivo de un parto. / EFE


La asociación El Parto es Nuestro trabaja por mejorar la atención a madres e hijos durante el embarazo, el alumbramiento y el posparto. Para ello, su portavoz, Elena Gil, cree que la parturienta tendría ser atendida por una matrona, mientras que los ginecólogos [o las ginecólogas; como también hay matrones] sólo deberían mediar si ocurriese “algo que se desvíe de la normalidad”. Sin embargo, según ella, “los médicos intervienen como si fuese un problema”, una actuación bienvenida en el caso de que sea necesaria, pero no como algo preestablecido. “Se ha perdido la capacidad de gestar y de parir de manera normal. Es decir, dar a luz se ha patologizado sin razón”.

Quizás sí haya motivos. El Parto es Nuestro sostiene que “hemos pasado del extremo de jugártela en el parto al de la intervención excesiva, como algo necesario para que todo salga bien”. Sin embargo, las defensoras de los derechos sexuales y reproductivos la califican como violencia obstétrica, un término que rechazan los ginecólogos y obstetras, quienes lo consideran “confrontacionista”. La patologización —o medicalización— consistiría en considerar como un problema de salud un proceso natural, como podría ser el parto de bajo riesgo.

Juan Luis Delgado (SEGO): “La mujer hoy es el centro de la asistencia en el parto. La medicina ha cambiado, girando hacia la protagonista: la parturienta. Ella toma las decisiones”

Es más, las prácticas invasivas son consideradas por las activistas como una forma de violencia contra ellas, que se manifiesta en “la apropiación del cuerpo y de los procesos reproductivos de las mujeres por prestadores de salud, que se expresa en un trato jerárquico deshumanizado” y en la citada medicalización del alumbramiento, lo que acarrearía una “pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y su sexualidad”.

Pese a que en ocasiones algunas intervenciones son ineludibles para garantizar la salud de la madre y el niño, entienden que detrás de esa evolución hay un "sesgo machista" de la medicina. “El varón siempre ha estado en el centro de la investigación, una deformación que también se trasladó a la atención en el paritorio. Gran parte de los profesionales —o, mejor dicho, quienes mandan— son hombres, y ellos establecen los protocolos. En resumen, los hospitales están masculinizados”.

De ahí al parto como supuesto escenario, según las activistas, de la violencia obstétrica: “Una rama más de la violencia de género, producida por el sistema patriarcal, que se reproduce en cualquier estamento de la sociedad, incluidos los centros médicos”, sentencia Elena Gil. “Debemos reclamar otro tipo de atención. La mujer tiene que tomar conciencia de sus derechos, porque el embarazo no es una enfermedad y nosotras también debemos tomar decisiones en muchos aspectos del parto”, afirma la portavoz de la citada asociación, quien también critica la “infantilización” a la que son sometidas desde que se quedan preñadas.

“Me molesta que nos llamen mamis o barriguitas, porque nadie se imagina a un urólogo tratando así al padre. Esos diminutivos te reducen a algo infantil. Entiendo que puedan ser cariñosos y tiernos, pero hablamos de una persona que no quiere verse reducida a una vasija”, añade la portavoz. De sujeto activo, a sujeto pasivo: “Sí, se nos trata como si fuésemos objetos”. El símil recuerda a la conclusión de una matrona durante uno de los grupos de discusión organizados por Berberecheira durante la preparación de la obra teatral Anatomía dunha serea: “Una vez embarazada, la mujer pasa a ser un contenedor”.

"Visión masculina, proceso femenino"

¿Hablamos de un problema no sólo médico, sino también cultural? “Absolutamente. No se va a la raíz del asunto, al tiempo que se parte de una ciencia misógina, con un sesgo de género profundo”, cree Jesusa Ricoy, profesora de educación perinatal en Londres, quien denuncia que en un espacio como el paritorio, a su juicio, “hay demasiada iatrogenia” [alteración negativa o daño en la salud de la paciente provocados por un acto médico].

Elena Gil (El Parto es Nuestro): "La medicina siempre ha tenido un sesgo machista. Quienes mandan son hombres y ellos establecen los protocolos. En resumen, los hospitales están masculinizados”

Por ello, antes de centrarse en el nacimiento en sí, aboga por cegar la “visión de género masculina en un proceso femenino”. Su postura es tajante: “Dejemos que las mujeres hablen, pero no entremos en negociaciones absurdas: ¿debo luchar para que me otorguen derechos o para que me devuelvan los que ya me pertenecían? Es una cuestión errónea en origen, porque no se trata de negociar o cooperar con los profesionales sanitarios, pues equivaldría a poner parches. ¡Tiremos la casa y construyamos una nueva! Y, a ser posible, quiero elegir yo los colores”, zanja la feminista alicantina, madre de dos hijos y una hija.

Jesusa Ricoy Olariaga —“que conste también mi segundo apellido, por una razón de activismo”— respalda que se cambie la cultura de fondo, porque si su producción corre a cargo del hombre “la contaminación es permanente”. De eso habla en su libro, a punto de publicarse, Mujeres de película, partos de ciencia ficción, prologado por la actriz Iria Pinheiro, quien ha denunciado públicamente las secuelas supuestamente provocadas por una episiotomía. “Las mujeres creen que el parto es lo que un cineasta, obviamente hombre, les muestra en una pantalla de cine”, ironiza Ricoy, fundadora del movimiento The Roses Revolution Movement.

Ella, en cambio, plasma su visión en un lienzo donde sólo caben pinturas negras. Una tela oscura donde las cesáreas y las episiotomías son un “síntoma de una sociedad sometida”, a su juicio, “por el machismo, la misoginia y el patriarcado”. Incluso llega a forzar la comparación cuando habla de algunas prácticas invasivas: “Hay mujeres que se sienten violadas en una sala de paritorios”. Esos “traumas”, según activista matriarcal, deberían llevar a los médicos a reflexionar sobre el asunto.

"Hemos pasado del parto fisiológico al parto patologizado”, cree la exmatrona Dolores Ruiz Berdún, quien subraya que algunos nacimientos que antes serían “absolutamente naturales” ahora terminan en cesáreas

Juan Luis Delgado lo ha hecho y no puede estar más en desacuerdo. “La mujer hoy es el centro de la asistencia. Es cierto que antes el doctor tomaba las decisiones y había paternalismo, pero la medicina ha cambiado, girando hacia la protagonista, o sea, hacia la parturienta. Ahora los profesionales informan a la pareja y es ella quien toma las decisiones”, deja claro este miembro de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), a quien le incomoda el concepto de violencia obstétrica.

“Nos desvivimos por nuestro trabajo”

El presidente de la sección de Medicina Perinatal de SEGO pide que sus asociados, entre los que se cuentan muchas mujeres, sean respetados: “Nos desvivimos por nuestro trabajo, cuyo objetivo es cuidar a la madre y al niño”. Además, recuerda que el personal está compuesto en su mayoría por féminas, que muchas forman parte de su entidad y que, dentro de la sección de medicina perinatal —encargada de elaborar protocolos—, hay menos hombres, pues la proporción depende de la calificación obtenida en el examen del MIR. “Además, en la junta directiva también hay paridad, por lo que resulta infantil llevar la confrontación a ese terreno. Asociar ciertas incidencias al machismo es un modelo superado en una sociedad moderna”.

Elena Gil (El Parto es Nuestro): “Se ha perdido la capacidad de gestar y de parir de manera normal. Es decir, dar a luz se ha patologizado sin razón. La mujer debe tomar conciencia de sus derechos, porque el embarazo no es una enfermedad y nosotras también debemos tomar decisiones”

Delgado, coordinador de la Unidad de Medicina Fetal en el Hospital Virgen de la Arrixaca (Murcia), trata de explicar la evolución del parto: desde que se paría en casa hasta que se inaugura el primer centro pediátrico en España: el Hospital Materno-Infantil de La Paz, que abrió sus puertas en Madrid allá por 1965. “El parto es una vivencia familiar y social, con sus riesgos y complicaciones, aunque el hospitalario tiene una ventaja: la seguridad para la madre y el hijo. ¿El peaje? Que esa protección implica una monitorización muy exhaustiva durante el proceso y un intervencionismo mayor. Así, se pasó de una situación natural, asistida por una matrona o una familiar, a un acto medicalizado, cuando se trata de un acto fisiológico de la mujer”, aclara.

El responsable de Medicina Perinatal asegura que la matrona lleva siempre las riendas, excepto cuando “el proceso deja de ser fisiológico y hay signos de alarma que ponen en riesgo la vida de madre e hijo”, momento en el que intervienen el ginecólogo y el obstetra. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, según él, ha asumido como protocolo la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud, aunque “luego cada médico obrará según su criterio, por lo que podría ser ser más o menos intervencionista”. De hecho, el manual advierte de que supone “una ayuda a la toma de decisiones en la atención sanitaria”, si bien “no es de obligado cumplimiento ni sustituye el juicio clínico del personal sanitario".

Delgado insiste en que la guía práctica ha sido elaborada por ginecólogos, obstetras, matronas, anestesistas, pediatras y otros especialistas, aunque también han participado —tanto en la autoría como en la revisión externa— asociaciones como El Parto es Nuestro. “Claro que la asistencia no es generalizable, por lo que puede haber malas experiencias, pero es algo a extinguir. En un nacimiento normal, y hablo en líneas generales, nosotros simplemente hacemos el acompañamiento. La obstetricia es moderna y somos profesionales que tratamos de hacer el mejor trabajo posible”.

Matronas: del parto en casa al hospital

Dolores Ruiz Berdún ejerció de matrona durante veinte años en la sanidad madrileña. Actualmente participa en un proyecto internacional que investiga qué pueden hacer los profesionales para reducir las intervenciones en los partos. “El número es alto. A veces son ineludibles, pero pese a ello siguen siendo demasiadas. Ahora bien, ¿quién decide si es necesaria y o no? La respuesta es complicada, aunque resulta evidente que hemos pasado del parto fisiológico al parto patologizado”.

La profesora de Historia de la Ciencia en la Universidad de Alcalá de Henares recuerda que antaño había más mortalidad materna y fetal, pero también subraya que algunos nacimientos que antes serían “absolutamente naturales” ahora terminan en cesáreas. “Cuando tienes la tecnología a tu alcance, es difícil no utilizarla. Por ello, hay que aprender a usarla y, a veces, incluso no hacer nada”. La conclusión de las defensoras de los derechos sexuales y reproductivos es que se trata el parto como una enfermedad y a la embarazada, como a una enferma.

Juan Luis Delgado (SEGO): “Cuando tratas de garantizar la seguridad de la madre y el bebé, surge inevitablemente un aspecto negativo: la falta de vivencia del parto”

La excomadrona rechaza que durante los partos sólo intervengan sus colegas y señala la presencia de médicos internos residentes (MIR) durante nacimientos sin riesgo, aunque no lo considera una intromisión, sino como una práctica razonable. “Para formarse como especialistas, tienen que aprender, por lo que sus primeros partos son fisiológicos. Es decir, los ginecólogos atienden alumbramientos que no presentan complicaciones y me parece bien que lo hagan”.

¿Y qué los diferencia de las comadronas? “Su visión suele ser más patológica por norma general, pues están preparados para la enfermedad”, explica Ruiz Berdún. “Ahora bien, depende de en qué manos hayan caído. La educación es importante, por lo que si las matronas que les enseñaron —cuya formación va más encaminada hacia la fisiología— eran intervencionistas, podrán repetir esas pautas y ser menos respetuosos. Eso ya depende de cada persona, porque hay médicos muy defensores de la mujer y matronas muy intervencionistas”.

Sea como fuere, el parto se ha institucionalizado, como recordaba Juan Luis Delgado. “Cuando tenía lugar en casa, el protagonismo recaía sobre las matronas. Sin embargo, en el hospital hay ciertas jerarquías que provocan que actualmente figuren en un escalón inferior de la pirámide, aunque la comadrona está volviendo a recuperar protagonismo”, añade Dolores Ruiz Berdún, quien en 2016 recibió el Premio de Investigación María Isidra de Guzmán por su libro Compromiso social y género: la historia de las matronas en España en la Segunda República, Guerra Civil y Autarquía (1931-1955).

Dolores Ruiz Berdún: "La visión de los ginecólogos suele ser más patológica que la de las matronas. Pero depende de cada persona: hay médicos muy defensores de la mujer y comadronas intervencionistas”

En la obra, explica que en el pasado siglo comenzaron unas prácticas de intervención en el parto que desembocarían en su institucionalización. “Sin embargo, debe quedar claro que —tras ese proceso pendular, de lo natural a lo hospitalario— la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Sanidad y las consejerías regionales abogan por la humanización del acto de dar a luz”, asegura el presidente de la sección de Medicina Perinatal de SEGO, quien reconoce que hay un precio a pagar por salvar vidas.

Lo que tanto las activistas como él mismo, en representación de los ginecólogos y obstetras, califican una y otra vez como peaje. “Cuando tratas de garantizar la seguridad de la madre y el bebé, surge inevitablemente un aspecto negativo: la falta de vivencia del parto”, reconoce Delgado. Recuerda, por ejemplo, cuando el padre no podía estar presente en la sala, hoy algo inconcebible para las parejas de las parturientas. “Cada día estamos avanzando, pero debemos tener presente que venimos de la concepción de que el intervencionismo garantizaba que el parto terminase bien”.

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