Tu obra alimenta a la Inteligencia Artificial sin permiso ni pago… y nunca podrás comprobarlo
Si hace apenas una década la 'piratería' digital era la mayor amenaza surgida de internet, curiosamente ahora casi nadie parece quejarse ante la masiva violación de derechos de autor que supone la IA.

Madrid-
En el mundo de las inteligencias artificiales generativas, simplemente no existen herramientas —ni legales, ni técnicas, ni realistas— para garantizar el derecho de todo ser humano a proteger y controlar su obra y sus contenidos. De ahí que, en estos momentos, los derechos de autor en dicho ámbito son una entelequia.
En conversación con Público, Adriana Moscoso, directora general de la asociación de sociedades de autor de Europa (GESAC), lo tiene claro: "Los autores y demás titulares de derechos tienen que poder controlar sus obras y sus contenidos: mantener el control es un derecho". Pero tal y como afirma esta experta internacional, "los autores no tienen medios para conocer qué obras suyas han sido utilizadas, ni mucho menos oponerse a que se utilicen".
Y el problema va más allá debido a que, "una vez que el entrenamiento se ha realizado con sus obras, el autor ni siquiera están en condiciones, debido a un claro abuso de posición de dominio en el mercado, de reclamar una remuneración por ello a través, por ejemplo, de la firma de una licencia entre su sociedad de gestión y la empresa concernida".
Mientras la Unión Europea va cediendo terreno a los gigantes tecnológicos y amenaza con reducir los derechos digitales de los ciudadanos en pos de una supuesta "mayor seguridad jurídica", la violación constante y sistemática de los derechos de autor por parte de las IA no parece ser un problema como lo fue hace años con la 'piratería' digital. Sin embargo, es lógicamente la principal preocupación de las entidades de gestión de derechos de autor.
Audio, música, vídeo, imágenes, textos… Las inteligencias artificiales generativas se han convertido en gigantescos instrumentos extractivos de contenidos protegidos por derechos de autor, y además generan a su vez obras que se originan a partir de la mezcla de esos mismos contenidos.
Desconocimiento
Moscoso apunta que "todos estos modelos de inteligencia artificial generativa se están nutriendo de todo el contenido que está en la web de forma masiva, para lo cual no han pedido ningún tipo de autorización". "Barren absolutamente todo el contenido que existe en la web, sean datos sean protegidos por derechos a la intimidad, sean contenidos protegidos por derechos de autor o sean contenidos públicos", asegura, y añade: "Es decir, no parece que haya habido una distinción a la hora de llevar a cabo toda esta actividad".
Esta experta ha podido comprobar el gran desconocimiento del gran público, de la clase política y de la administración en general sobre las implicaciones de este tipo de tecnologías.
Moscoso recuerda, por ejemplo, que "en la Directiva de Derechos de Autor en el Mercado Único Digital se estableció una excepción basada en lo que, en ese momento se consideraba el ámbito de las actividades de entrenamiento de sistemas de IA, el campo científico y de la investigación principalmente". “Para nada se estaba pensando en el desarrollo de la IA generativa tal y como lo estamos conociendo ahora, con todas estas empresas de carácter global que utilizan los contenidos protegidos por derechos de autor con un fin claramente lucrativa", añade.
Ahí se plantean dos disyuntivas: una que tiene que ver con los derechos económicos del autor ("Si usas mi contenido debes remunerarme por ello"), que puede solventarse con la negociación de una licencia como pasa en el mercado desde hace décadas (siglos incluso) con las radios, las televisiones o internet; y otra con la dimensión moral del mismo derecho ("no quiero que uses mis contenidos para entrenar una IA"). Lo que conocemos como 'op out'.
Y uno de los principales problemas para los titulares de derechos es que es muy difícil demostrar el uso de un determinado contenido por parte de una IA porque son auténticas cajas negras. "Por ello, los creadores ahora mismo están en una clara situación de indefensión, en el sentido de que los desarrolladores de IA generativa están llevando a cabo todas estas actividades de barrido de datos y entrenamiento de sus modelos con muy pocas obligaciones y estándares de transparencia, a pesar de las obligaciones que supuestamente exige el Reglamento de la IA en este sentido", afirma Moscoso.
Insatisfacción
Existe pues una clara insatisfacción con el resultado final de la implementación del reglamento de la IA, ya que los estándares de exigencia para las empresas de la IA "se han rebajado de manera injustificada".
En este sentido, Moscoso denuncia que "para determinar el precio del uso de los contenidos es necesario saber qué contenidos se ha utilizado, y cuando las entidades de gestión europeas han querido acceder a esa información la respuesta ha sido siempre la misma: es secreto comercial".
"Nada de lo que planteamos ha resultado aceptable para esas compañías, algunas de las cuales son económicamente más grandes que algunos países y además están ultrapotenciadas y ultraprotegidas en sus posiciones de dominio del mercado global en algunos casos por sus gobiernos, como es el caso de Estados Unidos”, añade esta experta.
Uso ético de la herramienta
Para la directora general de GESAC es importante enfatizar que "el sector cultural no está en contra de la innovación, no está en contra de la IA, al contrario, es un motor de innovación". No obstante, rechaza el abuso de estas herramientas construidas "sobre la base de un dominio del mercado a escala global". "Construir un negocio sobre el trabajo de millones de personas a los que no estás dispuesta a remunerar ni a reconocer es, simplemente, injusto e insostenible a medio y largo plazo; sobre todo cuando el material con el que trabajas es el capital intelectual de la humanidad".
"Al final yo creo que tenemos que actuar siempre en favor de la creatividad, de lo humano", sugiere Moscoso. "Me parece un buen ejemplo reciente el de Rosalía con LUX, en el que ella ha querido también poner mucho en valor que es 100% libre de IA. Es un mensaje potente e importante en estos momentos, y ella tiene una enorme capacidad de influencia. La gente joven que ha crecido inmersa ya en el mundo digital también es capaz de valorar el talento, el valor de la cultura y el esfuerzo creativo".
Quizá por esas razones, las entidades de gestión de derechos de autor europeas socias de GESAC están reclamando ahora mismo a las instituciones europeas "una legislación específica para mejorar la regulación de la IA generativa en lo referente al tratamiento de los contenidos culturales y los derechos de autor por parte de las empresas desarrolladoras de IA generativa".
"Hay dejar claro que las empresas de IA generativa tienen la obligación de obtener licencias de los titulares de derechos para remunerarles adecuadamente por su trabajo y por la aportación de este al negocio de aquellas", reclama esta experta, que recuerda: "Necesitamos que esas compañías sean transparentes y responsables por sus acciones".


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