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Papa Francisco El Papa santifica al obispo salvadoreño Óscar Romero, asesinado por paramilitares ultraderechistas en 1980

Al acto en el Vaticano acudieron 7.000 salvadoreños para rendir homenaje al obispo. En la ceremonia estuvieron presentes el presidente del Salvador Sánchez Cerén, el presidente de Chile, Sebastían Piñera y la reina emérita de España, Doña Sofía. 

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Un salvadoreño durante la canonización. EFE

El papa Francisco proclamó hoy santo al arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, asesinado en marzo de 1980 por un escuadrón de la muerte mientras oficiaba misa.

Francisco utilizó como es habitual la formula en latín para proclamar la santidad del obispo y pedir que fuese inscrito en los libros de los santos de la Iglesia.

"San Romero de América", como es conocido entre los salvadoreños, o San Óscar Arnulfo Romero, amado en vida y venerado tras su muerte, el 24 de marzo de 1980 por un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador, es el único capaz de conciliar a todo un país, en torno a su figura y su legado.

A los cerca de 7.000 salvadoreños que han llegado a Roma para asistir a la que también será la canonización del papa Pablo VI y de otros cinco santos más se les unieron también muchos inmigrantes que viven en el país.

La plaza de San Pedro se fue llenando de peregrinos vestidos con los colores azul y blanco del país y enfundados en sus banderas.

En la ceremonia estuvo presente entre las delegaciones internacionales el presidente salvadoreño, Salvador Sánchez Cerén, el presidente de Chile, Sebastían Piñera y la reina emérita de España, Doña Sofía.

La lucha por los derechos humanos de Óscar Romero

Romero sabía que lo asesinarían; lo tenía claro, según narran sus colaboradores en sus últimos años de vida, y era consciente de que la causa de su muerte sería su implacable lucha por los más desfavorecidos y crítica incansable de las injusticias que se cometían a diario.

La Catedral de San Salvador durante la canonización. EFE

"Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño", "que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de la esperanza", "les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!", son algunas de las frases más recordadas del mártir, quien las usaba en sus homilías y las transmitía a sus seguidores.

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