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007 Porfirio Rubirosa, el 'playboy' que inspiró el personaje de James Bond

El yerno del dictador Trujillo es considerado en la República Dominicana una figura en la que se basó Ian Fleming para crear al agente 007. Realidad o mito, su turbia y desenfrenada biografía daría para una película de acción.

El 'playboy' Porfirio Rubirosa y el actor Sean Connery, quien dio vida a James Bond.
El 'playboy' Porfirio Rubirosa y el actor Sean Connery, quien dio vida a James Bond. Los Angeles Times

Porfirio Rubirosa fue un sinvergüenza de tomo y lomo, aunque en su país, la República Dominicana, también ha sido considerado el espía que inspiró el personaje de James Bond. La tesis es muy aventurada, pese a que la biografía de Rubi daría para una saga cinematográfica protagonizada por un playboy con vínculos turbios y maneras de agente secreto.

Más allá del imaginativo revisionismo de sus apologetas, algunos pasajes de su vida son realmente oscuros, algo que no extraña si tenemos en cuenta que fue yerno del dictador Rafael Trujillo, quien aceptó a regañadientes que su hija Flor de Oro se casase con él a los diecisiete años, lo que le permitió medrar al amparo del tirano.

En todo caso, Porfirio Rubirosa (1909-1965) no era un paria. Hijo de militar y diplomático, se crio en París, donde se interesó por la noche y los caballos. Como no prestaba mucha atención a los libros, su padre lo mandó a su país a estudiar Derecho, aunque Rubi dejó la universidad por el Ejército.

La merma económica tras la muerte de su progenitor lo había llevado a practicar boxeo y a organizar combates, pero la cercanía a Trujillo, a quien conoció jugando al polo, le permitió convertirse en teniente de su guardia pretoriana. Su nombre está asociado al asesinato del opositor Sergio Bencosme en Nueva York, allá por 1935.

Eliades Acosta Matos, en La telaraña cubana de Trujillo, sostiene que Porfirio participó en la preparación del crimen y que su primo Luis de la Fuente fue el ejecutor. Rubi no pudo ser interrogado porque había dejado Estados Unidos un día antes y el sicario fue asesinado por el régimen meses después para evitar que la Policía de Nueva York pudiese tirar del hilo.

Tres décadas más tarde, un fiscal neoyorquino le tomó declaración por aquella muerte y por la de Jesús Galíndez, pero no llegó a ser acusado. "Esto no lo convierte en espía, sino en un vulgar esbirro", escribe Pablo Gómez Borbón en el diario Acento, donde desmitifica la figura de Rubirosa, quien según él "no participó en ninguna operación especial".

Trujillo lo envió entonces como diplomático a Europa. En Berlín compartió palco supuestamente con Hitler en las Olimpiadas de 1936, pero sus infidelidades provocaron que Flor de Oro le pidiese a su padre que lo destinase primero a Londres y luego a París. Sus costumbres no cambiaron, por lo que el matrimonio terminó en divorcio, aunque él siguió manteniendo una buena relación con su suegro.

Cuando trabajaba como diplomático en París, vendió visados a exiliados republicanos y a judíos que intentaban huir a Latinoamérica

En la capital francesa, Rubirosa vendió visados a exiliados republicanos españoles y, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, a judíos que intentaban huir a Latinoamérica. Detenido por la Gestapo, fue encarcelado en un campo de concentración, del que logró salir supuestamente gracias a la mediación de la que sería su esposa, la actriz Danielle Darrieux, acusada de colaboracionismo con los nazis.

Su coche fue tiroteado en París y Rubi resultó herido grave. Cuando se recuperó, fue destinado a Buenos Aires, donde se rumorea que tuvo una relación con Eva Perón, lo que motivó que Trujillo lo enviase a Roma. Segundo divorcio y regreso a la ciudad del Sena, donde despliega sus dotes de seductor a la caza de multimillonarias.

Primero se casa con Doris Duke y luego con Barbara Hutton, herederas de la tabacalera Reynolds y de los grandes almacenes Woolworth, respectivamente. Entre medias, Rubi desatiende sus compromisos diplomáticos y se mueve entre la Costa Azul, Nueva York y Hollywood, lo que le permite conocer a Veronica Lake, Joan Crawford o Jayne Mansfield.

Su relación con la actriz Zsa Zsa Gabor fue intermitente, pues la había dejado para casarse con Barbara Hutton, un matrimonio que apenas duró un mes y medio. Sin embargo, Rubirosa hacía fortuna con los finiquitos de los divorcios y con los regalos que recibía en las bodas: desde una costosa plantación de café hasta un bombardero B-52.

"Rubirosa era visto por el FBI como una figura política oscura, un espía e incluso un asesino, tal vez relacionado a la Mafia"

Después de sumar a otras estrellas de Hollywood a su lista —supuestamente estuvo con Ava Gadner, Marilyn Monroe o Rita Hayworth, porque en Rubi casi todo es supuesto—, se casó con una actriz de diecinueve años, Odile Rodin, con quien vivió en La Habana, el último destino de Rubirosa antes de que Trujillo muriese tiroteado en 1961.

Subsecretario de Estado, diputado, embajador, jugador de polo, piloto de automovilismo, buscador de tesoros en el Caribe y, por encima de todo, bon vivant, Porfirio también es considerado un espía por ​​Marty e Isabella Wall, autores de ​​Persiguiendo a Rubi. La verdad sobre Porfirio Rubirosa, el último playboy.

Consultados sus archivos, a ojos del FBI "era visto como una figura política oscura, un espía e incluso un asesino, tal vez relacionado a la Mafia, y en varias ocasiones amigo o una perceptible amenaza para los gobiernos de Eisenhower y Kennedy (dependiendo de cuáles documentos se lean)", escriben en el citado libro.

Los Wall sostienen que "estaba bajo constante vigilancia, desde sus llamadas telefónicas hasta sus citas románticas" y, en declaraciones a la prensa de su país, Isabella llegó a asegurar que "Rubirosa fue una inspiración para Ian Fleming con su personaje James Bond a juzgar por los archivos del FBI".

No lo tiene tan claro Shawn Levy, autor de la biografía The last playboy: the high life of Porfirio Rubirosa, quien sugirió que "los diplomáticos en algún sentido son espías". No obstante, marca distancias con el agente 007. "Pero no era James Bond, no tenía las herramientas para ser espía. Sin embargo, a los lugares que iba tal vez era más valioso simplemente siendo Rubirosa".

Curiosamente, una delirante anécdota revela su afición por el personaje creado por ​​Ian Fleming. Sucedió en junio de 1965, un mes antes de que se matase a bordo de su Ferrari 250 GT Berlinetta en París, que estampó contra un árbol. Invitado por el magnate Stavros Niarchos a su goleta, se propuso rodar una versión de Goldfinger.

Fue yerno del dictador dominicano Rafael Trujillo, quien aceptó a regañadientes que su hija Flor de Oro se casase con él a los diecisiete años

Él, lógicamente, encarnaba a James Bond y su quinta esposa, Odile, a Pussy Galore; el anfitrión interpretaba a Goldfinger y el columnista Taki Theodoracopulos, quien celebraba su luna de miel, a Oddjob. El playboy Gunter Sachs era el encargado de filmar las escenas, incluida una protagonizada por un avión que habían contratado para arrojar 3.000 pelotas de tenis sobre el barco.

Sin embargo, el viento desvió la trayectoria de las bolas, la embarcación desde la que grababa Sachs zozobró, Rubi se cogió tal melopea que no fue capaz de recitar el guion y la experiencia cinematográfica se fue a pique. La interpretación se le daba peor, desde luego, que la esgrima, el boxeo o la seducción.

Su fama lo precedía. Más que guapo, atractivo. Educado y cortés, era rápido con el mechero, pero no en la cama. Truman Capote, en la novela Plegarias atendidas, relata que el grosor de su órgano era del tamaño de la "muñeca de un hombre". Órgano sexual, que no reproductor, pues Rubi era estéril.

"Identificar a James Bond con Rubirosa no se basa en ningún hecho histórico. Es la mera expresión de la proyección de un pueblo que anda escaso de héroes"

"Su éxito con las mujeres lo emparenta con James Bond, aunque también habría que sumar su faceta de aventurero, pues Porfirio también era un hombre de acción", explica Luis de León Barga, autor del libro Narcisistas contemporáneos: Groupies, playboys y nocturnidades (Fórcola). "De hecho, está implicado en un crimen político, aunque ese no fue el único capítulo oscuro de su biografía".

Barga lo describe en su libro, donde esboza la figura de Rubirosa, como un narcisista extremo, lo que le llevaba a mentir y a "manipular a los demás en beneficio propio", hasta el punto de que "no le importó verse implicado en asuntos turbios, por no hablar de su colaboración con la sanguinaria dictadura de Trujillo".

No considera descabellado, por tanto, que Ian Fleming, más allá de su experiencia en los servicios de inteligencia británicos, se inspirase en el dominicano para perfilar al agente 007. "Tiene sentido, porque fue un escritor contemporáneo de Rubi, un hombre bastante famoso en la época", concluye el autor de Narcisistas contemporáneos.

El paralelismo revive en la República Dominicana cada vez que se publica alguna obra sobre Rubi. Sucedió la última vez, hace tres años, con la serie homónima protagonizada por Manolo Cardona, y quizás vuelva a ocurrir ahora con el estreno de la última entrega cinematográfica de la saga, Sin tiempo para morir, donde Daniel Craig vuelve a ponerse en la piel del espía al servicio secreto de su majestad.

Sea como fuere, escépticos como Pablo Gómez Borbón rechazan que Porfirio fuese el modelo de James. "Identificar a Bond con Rubirosa no se basa en ningún hecho histórico", escribe en Rubirosa, agente cero. "Es la mera expresión de la proyección de un pueblo que, como el dominicano, anda escaso de héroes".

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