Público
Público

Seis años de cárcel para un fiscal sobornado en un bosque por el entramado italiano que creó el matadero de Binéfar

Ha sido el tribunal polaco del distrito de Łódź-Śródmieście el que ha sentenciado a seis años de cárcel al que, hasta 2015, fue fiscal de Kutno, la ciudad donde se hallaban las instalaciones que los italianos trasladaron a Aragón

Se produjeron aglomeraciones en la entrada al matadero, incluso el día en que se efectuaron los test, hasta la intervención de la Guardia Civil
Se produjeron aglomeraciones en la entrada al matadero, incluso el día en que se efectuaron los test, hasta la intervención de la Guardia Civil

A golpe de ingresos en prisión y condenas judiciales se está desmoronando el entramado delictivo urdido en distintos países europeos por Piero Pini, el carnicero lombardo que puso en marcha hace algo menos de un año el matadero porcino de Binéfar (Huesca) con el apoyo de los socialistas aragoneses y un grupo de "notables" de la población oscense entre los que el italiano repartió empleos y oportunidades de negocio para allanar su desembarco.

Ahora ha sido el tribunal polaco del distrito de Łódź-Śródmieście el que ha sentenciado a seis años de cárcel al que, hasta 2015, fue fiscal de Kutno, la ciudad donde se hallaban las instalaciones que los italianos trasladaron a Aragón, en busca de un entorno político más apropiado para su desenfadado estilo de gestión empresarial.

Ese juzgado ha considerado probado que el condenado, Sławomir Erwiński, fue sobornado entre 2013 y 2015 con no menos de 26.000 euros (115.000 zlotys) por una de las directivas de confianza del italiano, Elzbieta Marciniak, de 54 años, para que creara un paraguas legal que diera cobertura y encubriera las actividades criminales por las que el carnicero fue y sigue siendo investigado en Polonia. El responsable de la oficina de Crímenes Económicos de la Fiscalía de Lódź, Krzysztof Bukowiecki, ha señalado esta semana a Público que "las pesquisas contra Pini todavía están en marcha y es difícil precisar aún cuándo concluirán".

Entre los matorrales

Asimismo, fuentes polacas han indicado que los hechos por los que ha sido condenado el ex fiscal Sławomir Erwiński se produjeron precisamente a raíz de las actuaciones iniciadas por la Fiscalía Nacional de ese país contra los italianos y una larga lista de sus empleados y colaboradores. Mientras las autoridades judiciales comenzaban a desentrañar la madeja de empresas interpuestas de la que se servían los Pini para emitir facturas falsas, lavar dinero y evadir impuestos, el funcionario sentenciado a prisión solicitó dinero a la directiva de confianza del carnicero lombardo, Elzbieta Marciniak, a cambio de informar favorablemente sobre los trapicheos del matadero de Kutno. Se da por cierto que Slawomir recibió un primer sobre de 10.000 zlotys (2.264 euros), a los que siguieron otros, hasta un total de 26.000 euros que el condenado debe devolver. El fiscal corrupto recibía las mordidas en un bosque cercano a Kutno, en el que se citaba con sus mecenas.

El veredicto no es todavía definitivo, puesto que cabe apelación. Sobre Erwiński pesaban cuatro cargos, el principal de los cuales era el de corrupción, que acarreaba cinco de los seis años de prisión a los que ha sido condenado. El funcionario sobornado ha sido también sentenciado por golpear en la pierna a un agente en mayo de 2017 y por insultar y amenazar la integridad física de varios más, con los que se enfrentó completamente borracho tras irrumpir en un edificio. El diario Rzeczpospolita refiere en una información que, inicialmente, Erwiński no confesó los delitos que se le imputaban, pero admitió que había recibido 65.000 zlotys (14.717 euros) de manos de Marciniak, "que pensaba dedicar al baloncesto, un deporte del que es aficionado".

El veredicto conlleva también la inhabilitación de Sławomir Erwiński durante siete años para el ejercicio de las funciones de fiscal, juez, abogado, consejero legal y fiscal, notario y otras profesiones relacionadas con el ejercicio de la ley.

De prisión en prisión

El matadero de Polonia, que posteriormente se trasladó a Binéfar, operó en Kutno desde 2011 a 2016. El 5 de diciembre de 2016, doscientos policías y funcionarios irrumpieron en las instalaciones de los italianos y se llevaron esposado a Piero Pini, junto a la citada Elzbieta Marciniak, Halina O. y varios empleados más de su confianza. El procurador que dirige las investigaciones, Krzysztof Bukowiecki, sostiene que Pini lideró en Polonia una organización criminal sobre la que pesa la sospecha de la comisión de al menos 86 delitos. Gracias a esa presunta red de fraude, el italiano y sus cómplices podrían haber dejado de pagar a la Hacienda de Polonia 41,82 millones de euros en impuestos sobre las ganancias corporativas.

Asimismo, Bukowiecki reveló a este diario que Piero Pini "está también bajo sospecha de fraude fiscal y de la extorsión de reembolsos indebidos de IVA por un monto de 15,2 millones de euros mediante la presentación de declaraciones falsas de impuestos y la emisión de facturas poco fiables. Es igualmente sospechoso de haber ordenado el reemplazo de docenas de compañías y de falsificar operaciones comerciales para proporcionar supuestos servicios a Pini Polonia".

Pini y sus representantes han negado hasta la fecha los cargos que pesan sobre ellos y su entramado, así como la veracidad de parte de las informaciones policiales y judiciales sobre los manejos dudosos de sus negocios. Claro que las evidencias que lleva el fiscal acumuladas son tan apabullantes que para eludir la cárcel en Polonia tuvo que pagar una fianza de 2,5 millones de euros que en diciembre de 2018 se elevó hasta los 100 millones de zlotys [25 millones de euros].

A día de hoy, hay 75 sospechosos investigados por el caso. Se da la circunstancia de que la empleada de Don Piero a quien se atribuyen los sobornos, Elżbieta Marciniak, es precisamente uno de los personajes clave en la investigación del entramado mafioso. Según el responsable del Departamento de Delitos Económicos de Łódź, Marciniak administraba la red de empresas interpuestas y cooperativas que prestaban sus servicios en el matadero de Kutno bajo un régimen de subcontrata. Junto al propio Pini es acusada de dirigir un grupo criminal organizado.

Bukowiecki no ha determinado aún las sanciones que proyecta solicitar contra Pini y el resto de los implicados ni planea presentarlas al tribunal hasta que se completen todos los procesos judiciales. Pero tal y como señaló a Público, estarán cercanas a las máximas posibles "tanto en lo que se refiere a las penas de prisión como a las multas", lo que inevitablemente sitúa a Pini bajo la espada de Damocles de un nuevo y largo ingreso en prisión y un pago de sanciones multimillonarias.

El 6 de marzo del pasado año, el carnicero lombardo fue también encarcelado ocho meses en una prisión húngara por cargos semejantes a los que ocasionaron su arresto en Kutno. Se halla acreditado que el entramado mafioso extendía sus tentáculos por todos los países en los que operan los Pini. Los nuevos desarrollos en la investigación polaca de fraude fiscal y lavado de dinero han conducido también a la Justicia de ese país a investigar una empresa creada en Chipre en 2009, así como la posible relación de la familia con paraísos fiscales.

Mala reputación

Se da la circunstancia de que tanto los medios de comunicación polacos como la de otros países centroeuropeos se hicieron eco masivo el pasado mes de mayo de las informaciones divulgadas por Público acerca de la cadena de contagio del coronavirus originada en el matadero de Binéfar, así de como las posibles responsabilidades legales que pudieran derivarse de las irregularidades que presuntamente se cometieron en el centro de trabajo. Litera Meat ha negado hasta la fecha que actuara de forma negligente.

Desde distintas instancias, se ha culpado de lo ocurrido al proceso de producción o a las propias condiciones de hacinamiento en que vive parte de la plantilla, en su mayoría, inmigrantes africanos. A este respecto, José Vegas, responsable oscense de Comisiones Obreras Industria, ha señalado a este diario: "Desconozco si los contagios en los mataderos son un mal común, un problema generalizado de estos centros de trabajo o un cúmulo de fallos que favorecen la propagación del virus. Mi opinión, basada en los informes que efectuó la inspección de trabajo a raíz de nuestras denuncias, es que en Litera Meat se implantó tarde un protocolo frente a la covid-19 y este era incompleto, lo que obligó a los inspectores a realizar reiterados requerimientos con el fin de ajustarlo a los estándares mínimos exigidos. En el otro matadero donde se produjo un brote, Fribin, con el informe de inspección en la mano, podemos determinar que sí hubo un protocolo adecuado aunque se solicitaron mejoras en comedores y algunas cadenas de producción. Desde luego, del contagio no se puede responsabilizar a los trabajadores".

Más noticias de Política y Sociedad