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El sexo tras la violencia de género: cómo reencontrarse con el placer de mujer

En lugar de ser sinónimo de placer, acaba convirtiéndose -tal y como indica la psicóloga y sexóloga Luz Mª Martínez Lloréns-, en sufrimiento, dolor o el medio para conseguir un fin.

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Una mujer tarda de media un par de años para volver a ser plena sexualmente tras sufrir violencia de género. / PIXABAY

Una de las partes que se rompen en pedazos en una mujer víctima de la violencia de género es su deseo sexual. La coacción y la violencia que sufre es tal que el sexo, en lugar de ser sinónimo de placer, acaba convirtiéndose -tal y como indica la psicóloga y sexóloga Luz Mª Martínez Lloréns-, en sufrimiento, dolor o el medio para conseguir un fin. "Muchas de ellas se sienten puros objetos sexuales de disfrute por parte del maltratador. La violencia sexual es un tipo de violencia que repercute en todos los aspectos de la vida de la mujer, por lo que, perfectamente llega a olvidar de manera literal lo qué es la sexualidad y todo lo que la envuelve", explica dicha experta.

Es tanto el shock que provoca la violencia sexual en las víctimas que olvidan que el motivo por el que dos personas mantienen relaciones sexuales es el disfrute y en su lugar lo asocian a "la falta de respeto, chantaje, dominio y control por parte de otra persona que no busca más que su propio beneficio y su propia satisfacción", añade Lloréns. "Una mujer puede llegar a enterrar también toda posibilidad de encontrar un nuevo amor porque le han destrozado y por desgracia hay ocasiones que hasta de manera literal, todo su cuerpo, todo su ser; rechazando cualquier tipo de contacto físico o emocional en el futuro", recalca esta profesional especializada en violencia de género y colaboradora de la asociación AIVIG.

Pero, ¿es posible romper ese bloqueo y reconstruir la dignidad sexual y personal de una víctima de malos tratos a través de la ayuda de una profesional? La respuesta es un sí cocinado en el fuego lento de la paciencia y con el aliño de la autoestima. De media se requiere un par de años para volver a gozar y tener deseo. "Aunque haya muchas áreas importantes a trabajar, lo primero que debemos hacer es reconstruir su identidad, no solo como persona, sino como mujer, madre, trabajadora, hermana, hija, etc., para que comience a valorarse a sí misma y así emprender la dura tarea de eliminar todas aquellas secuelas que ha dejado esta lacra social a la que llamamos violencia de género", añade dicha sexóloga.

¿Se trata de borrar los recuerdos y traumas del maltrato y empezar de cero?

Es muy difícil olvidar algo tan traumático, tan dramático emocionalmente hablando y tan tormentoso como lo que han vivido. La mayoría de chicas con las que he trabajado siguen recordando lo sucedido, pero muchas de ellas lo hacen y lo recuerdan de una manera totalmente diferente a cómo lo hacían la primera vez que vinieron a consulta. Todas y cada una de ellas vienen con el alma hecha pedazos.

El objetivo de las sesiones terapéuticas es intentar recoger todos esos pedacitos que nos dejan sobre la mesa y ayudarlas a ir recomponiéndolos uno por uno, cosa que no es una tarea fácil ni sencilla pero con constancia, esfuerzo y proporcionándoles un lugar seguro se puede llegar abrir un nuevo camino. Un nuevo camino en el que puedan sentirse verdaderamente mujeres y puedan emprender relaciones sanas y satisfactorias.

¿Cuál es el tiempo en el que una mujer vuelve a ser plena sexualmente? 

El tiempo por desgracia es muy relativo. Hay mujeres que tienen un avance muy rápido y luego se atascan en algún punto del proceso terapéutico; otras que no emiten palabra en las primeras sesiones y luego todo marcha súper fluido; otras que cuando vienen no es el momento de iniciar un cambio (por los motivos que sea) y vienen al cabo de los años a empezar de nuevo; otras que se complica la cosa por tema de demandas judiciales, problemas con los hijos/as, problemas con familiares…

Con todas ellas puedo decir que, sesión a sesión, hay veces que se producen cambios muy drásticos. La media que hemos considerado para que una mujer lleve a cabo un buen proceso terapéutico y lograr sanar sus heridas se encuentra alrededor de los dos años. He de decir que finalizado todo el programa que llevamos a cabo con ellas, se realiza un seguimiento en función de la usuaria y siempre se deja la puerta abierta para que puedan volver siempre que lo necesite o para ayudarla en sus nuevas relaciones de pareja.

¿Qué es lo que más les cuesta? ¿Hay algún elemento común denominador en ellas o cada situación es diferente?

Sí que es cierto, que aunque todas y cada unas de ellas acuden a consulta con situaciones diferentes, el común denominador es el mismo. Solemos tener una dificultad añadida, cuando una mujer viene a nuestra sede pero no tiene conciencia de ser víctima de violencia de género o no tiene conciencia de que la relación en la que se encuentra inmersa es una relación de maltrato o que su pareja, padre o amigo, es un maltratador. Este proceso de “darse cuenta” es un proceso costoso, pues ninguna de ellas se hubiese imaginado que la persona con la que comparten su vida y la que se supone que les quiere y protege hace realmente todo lo contrario.

En las últimas etapas del proceso terapéutico, ayudamos a las mujeres a que sepan establecerse límites personales y de futuras relaciones y a regular los acercamientos y distancias emocionales con las futuras parejas, pues muchas de ellas se encuentran en una situación de vulnerabilidad que les hace creer que cualquier relación nueva es mejor que la anterior y vuelven sin quererlo a estar inmersas dentro de otra relación tóxica.

¿Se avergüenzan de ellas mismas? 

¡Muchísimo! La vergüenza suele ser una palabra reiterada antes o después de contarte algo que les ha sucedido en el pasado o algo que acaban de hacer. Aun sabiendo que ellas no son las responsables de lo sucedido, se sienten avergonzadas por haberlo hecho o haberlo consentido. Considero que la vergüenza y la culpa son dos estados emocionales sumamente complicados a trabajar en violencia de género, pues el maltratador se ha encargado desde el principio de dar toda la responsabilidad de sus actos a la mujer en cuestión cuando es algo dañino o negativo y llevarse el mérito cuando es algo beneficioso o bueno para la pareja o familia.

¿El sexo es la herramienta para una víctima de violencia de género con la que calmar a su maltratador? 

Una de ellas podría ser, sí. Más que para tener calmado, para que se calme, o, lo que comentan muchas de ellas “para que me deje tranquila”, pues muchas mujeres han preferido mantener relaciones con sus parejas para que pudieran dejarlas tranquilas después o para evitar un mal mayor. Pero verdaderamente ellas no son las que usan el sexo como moneda de cambio, sino es el maltratador quien utiliza el sexo para conseguir algo a cambio de satisfacer sus necesidades e intereses personales y sexuales. Recuerdo el caso de una mujer, que me comentó un acto sexual en el que su marido llegaba a casa borracho, y le obligó a mantener relaciones con ella. Tras ella negarse tanto física como emocionalmente, él la amenazó con hacerle daño a sus hijos si no lo hacía, a lo que ella acababa accediendo.

¿Se dejan hacer con tal de no enfadarle? ¿Diría que es la sumisión sexual en estado puro una relación de maltrato? 

Esto es otro motivo por el que “se dejan hacer” pues muchas de ellas acceden a tener relaciones sexuales para que no se enfade, para que no vaya a más la cosa o porque de esa manera están contentos y no hay una repercusión después. Esta sumisión, es la que puede provocar en muchas ocasiones problemas relacionados con la sexualidad de la mujer, como son los trastornos relacionados con el deseo o apetito sexual, por dolor (vaginismo o dispareunia), trastornos del orgasmo (anorgasmia femenina) o de la excitación, e incluso aversión al sexo.

¿Se pierde el deseo o es la manera que ellas tienen de defenderse para no volver a sentirse como se sentían cuando eran maltratadas? 

Las mujeres víctimas de violencia de género llegan a perder el deseo pero también considero que es la manera de defenderse para no sentirse vulnerables. La violencia sexual, es un tipo de violencia en la cual, el maltratador somete totalmente a la otra persona utilizando la parte más intima de la misma con el fin de obtener placer, poder y control sobre ella, haciéndola de esta manera más vulnerable y más accesible a cualquier chantaje presente y futuro.

Como podemos comprobar, constantemente se está dañando la parte más íntima de nuestro ser, y esto hace que cada vez más se sientan más desprotegidas frente a cualquier acto sexual, y por ende, frente a cualquier cosa que les dañe como mujeres. La mayoría de las mujeres cuando llegan a consulta y se les pregunta por temas relacionados con la sexualidad, comentan que ya nunca tendrán deseo, que ya no podrán querer a nadie. Pero verdaderamente lo que están reflejando con esas palabras es que les han herido, pisoteado y desgarrado partes de sí mismas. Además de reflejar no una relación de pareja basada en bienestar mutuo y el placer, sino en el dolor, la humillación y el sufrimiento.

¿Cuándo se produce en ellas el punto de inflexión y de mirar hacia el futuro? ¿Qué ven a partir de ese momento? 

Ese momento o punto de inflexión es lo que denominamos “cuando se cae la venda de los ojos”, pues muchas mujeres aunque hayan venido a consulta e iniciado el proceso terapéutico, no ven a su pareja como el maltratador. Y es en el momento que ellas comienzan a dar la responsabilidad de lo ocurrido a la otra persona cuando comienzan a vislumbrar un futuro. En ese momento comenzamos un proceso de recuperación integral de la mujer (a nivel emocional, social, familiar, laboral, sexual) para posteriormente empoderarla y hacerla dueña de su propia vida.

¿La masturbación es un paso para ellas? ¿Qué técnicas usa? 

Cuando veo que la usuaria me permite acceder a preguntas más íntimas sobre su vida sexual o cuando ya estoy en la parte del proceso en la que tengo que trabajar la temática relacionada con la sexualidad en concreto me centro en ver su historial sexual. Es decir, les hago preguntas sobre su salud sexual y reproductiva, tales como: métodos anticonceptivos, embarazos (deseados o no), abortos, enfermedades o infecciones de transmisión sexual, controles ginecológicos, masturbación, educación sexual recibida, primeras relaciones, abuso o violación, relaciones satisfactorias o no, trastornos relacionados con la sexualidad…

Todas estas preguntas, incluida la de la masturbación, me sirven para valorar el estado en el que se encuentra la usuaria y hasta donde podré trabajar con ella, pues con algunas de ellas utilizo la masturbación como una vía para redescubrir o descubrir el placer sexual y experimentarlo por ellas mismas. Todo eso lo hago si ellas me lo permiten. Evidentemente esto no se realiza al comienzo de un proceso terapéutico, sino en las últimas fases, ya que necesitamos tener una buena alianza terapéutica con la usuaria para que entienda la eficacia de la misma, y no lo vea cómo algo sin sentido, intrusivo o incluso nocivo para ella misma, sino como un paso más dentro de la mejora hacia su sexualidad plena.

¿La parte sexual se ha de tratar al final del proceso de recuperación de una víctima?  

Sí que es cierto que todo lo que tiene que está relacionado con mi especialidad en sexualidad son temas que suelo trabajar cuando ya llevo muchas sesiones con la mujer o casi al final del proceso terapéutico. Pero para poder trabajarlos como es debido, es importante trabajar con ellas desde el principio y trabajar todo lo que hemos comentado anteriormente antes de llegar al apartado sexual, sino sería empezar hacer la casa por el tejado y los resultados que obtendríamos seguro que no serían los adecuados.

Conductas para vislumbrar coacción sexual

Algunas de las conductas sutiles de coacción sexual donde se puede vislumbrar como el maltratador utiliza a la mujer para conseguir sus objetivos, independientemente del medio que use son: hacerle regalos o recordarle los regalos que le había hecho en el pasado, amenazarla con irse con otra mujer, acusarla de engañarle, empezar una relación sexual cuando ella no era consciente por su propia satisfacción sexual, amenazarle con quitarle cosas o pegarle, recordarle que es su obligación como pareja o mujer de él.

También puede amenazarla con hacerle daño a alguien o algo que ella quiere, insistir en mantener relaciones sexuales a pesar de que ella no quería, decirle que si te quería debería de tener sexo con él, recordarle constantemente que otras parejas tienen más sexo que ellos, decirle que otras mujeres están muy interesadas en él o que se va a buscar una amante para satisfacer sus deseos o forzarla físicamente a tener sexo con él.

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