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La trampa del tetrabrik, un plástico disfrazado de cartón

Los envases de brik están compuestos por un 70% de cartón, un 5% de aluminio y un 20% de polietileno, lo que dificulta el reciclaje. Desde las organizaciones ecologistas reclaman un sistema de recipientes de retorno que disminuya la contaminación de plásticos a los mares.

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Tetrabriks de leche

El plástico es uno de los elementos más contaminantes de la biosfera, entre otras cosas, por su difícil reciclaje. Pese a ello, es difícil encontrar productos en el mercado que no estén fabricados a base de este componente artificial. Desde pantalones y camisas hechos de poliéster, hasta botellas, platos y utensilios de higiene íntima como compresas o pañales. Todos se nutren de este componente artificial que suele terminar en las aguas del mar, en tanto que se calcula que en 2050 habrá más plásticos en los océanos que peces, según las estimaciones de la Fundación Ellen MacArthur.

Con la intención de tratar de evitar un escenario catastrófico para el planeta, los organismos europeos han comenzado a legislar para restringir el consumo de plásticos de un sólo uso. Sin embargo, dentro de este incipiente espíritu ecologista han aparecido alternativas como el tetrabrik, que, aunque siempre ha estado en los mercados, se presenta como una opción aparentemente menos dañina para el medio ambiente. En virtud de ello, empresas como Cabify han decidido cambiar la botella de agua que ofrecía a sus clientes por un pequeño briks similares al de los famosos zumos de frutas. Pero, ¿son sostenibles estos envases?

La respuesta de los expertos es tajante: no. Y es que los recipientes de tetrabrick tienen una composición problemática que va más allá de su apariencia acartonada. En cifras estimadas, estos envases se nutren de un 75% de cartón, un 5% de aluminio y un 20% de polietileno. Esta "multimaterialidad" hace difícil, si no imposible, que se reciclen todos los envases del mercado, ya que "hay que separar los tres materiales" para que el proceso sea sostenible, explica a Público Alodia Pérez, responsable de recursos naturales y residuos de Amigos de la Tierra.

Para que un brik de leche sea reciclado de una forma idónea se requiere de un proceso específico que no está disponible en ninguna planta de España. Para separar los componentes, es necesario calentar los objetos a unas temperaturas de cerca de 500 grados en unas piscinas de agua. Esto permite que las láminas de polietileno –que es un tipo de plástico– se separen del aluminio y puedan ser fundidas para transformarse en gas. El aluminio, por su parte, volvería a ser reutilizado.

"La mayoría de acciones que se llevan a cabo se limitan a incinerar los tetrabriks"

"El problema es que la separación de materiales compuestos es muy difícil y la mayoría de acciones que se llevan a cabo se limitan a incinerar los tetrabriks", explica a este diario el coordinador del área de Residuos de Ecologistas en Acción, Carlos Arribas, que incide en los problemas de emisiones que hay tras la quema de recipientes.

Por ello, desde los grupos ecologistas del país no terminan de entender que se empiece a apostar por un material de estas características, del que se sabe desde hace tiempo sus cualidades nocivas.

"No es ninguna solución, ni ninguna alternativa", denuncia Julio Barea, responsable de Consumo Ecológico de Greenpeace, quien señala que las empresas se están aprovechando de que "el común de los mortales no sabe que el brik también es plástico". En ese sentido, la apariencia de estos envases suelen engañar al público debido a su aspecto y a su tacto, que se presta moldeable como una cartulina de papel.

¿Son recipientes tóxicos?

Si por algo se ha reclamado el fin del embotellado es por las repercusiones sanitarias que este tiene para los consumidores. Los estudios e informes científicos llevan años tratando de concienciar sobre cómo el contacto del plástico con líquidos como el agua o la leche puede terminar contaminando el producto. Esto es algo que también se puede dar en los recipientes de tetrabrik, en tanto que la capa de polietileno del interior está compuesta por plásticos que podrían terminar mezclados con las sustancias que recogen.

En cualquier caso, desde Ecologistas en Acción advierten que al ser un objeto opaco, la contaminación siempre será menor a la de una botella transparente, ya que el plástico no recibirá la radiación directa de la luz solar. "No tenemos datos directos, pero es muy posible. Todo lo que está envuelto en estos materiales puede contener restos de microplásticos", añade Barea.

Hacia un sistema de retorno

"Desde hace tiempo reclamamos que los envases sean monomateriales", comenta Pérez. El repentino respaldo que algunas empresas están dando al brik es casi una opción peor que el uso de botellas compuestas únicamente por plásticos. Por ello las tendencias que apuestan por recipientes compuestos por varios materiales se están convirtiendo en un retroceso con el medio ambiente. "Estamos complicando la historia y las posibilidades de reciclaje cada vez más", apostillan desde Ecologistas en Acción.

"Estamos complicando las posibilidades de reciclaje cada vez más"

La experta de Amigos de la Tierra apunta a la falta de fuerza de los mandatos que se están dando desde Europa, en tanto que la última directiva que limita el uso de plásticos no hace apenas mención a los recipientes como los tetrabriks, por lo que hay riesgos de que cada vez tengan más protagonismo en los mercados. No obstante, existen alternativas que están siendo evaluadas desde Europa que abren la puerta a la adopción de un sistema de consumo y retorno de envases.

Se trata de un sistema que ya está presente en el sector de la repostería y que en algunas ciudades de Europa como Berlín tiene un peso notable. El modelo se sustenta en la reutilización de los materiales, casi siempre vidrios y cristales. De esta forma, en el precio de una botella de agua se incluiría un depósito que sería devuelto al ciudadano cuando éste retornase el envase una vez consumido.

La adopción de un sistema de retorno podría favorecer "la disminución de los residuos en el medio urbano y en el medio natural porque la gente dejaría de ver los briks y las botellas como basura y las verían como dinero", detalla Arribas. El experto, sin embargo, pone en el foco la importancia de los intereses de las empresas de envasado para frenar el tránsito hacia un escenario donde los recipientes reutilizables puedan ser mayoritarios. "Lo quieren retrasar al máximo, pero tarde o temprano habrá cambios", zanja.

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