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Visones coronavirus El exterminio de visones, una solución atroz a un negocio sin ética

Dinamarca ordena el sacrificio de millones de visones por riesgo a contagio de coronavirus. La decisión abre un debate ético sobre el cierre de esta industria peletera y el futuro de los animales que son criados en estas granjas de Europa.

Una máquina excavador arroja a una fosa los cuerpos sin vida de cientos de visones que han sido sacrificados en Dinamarca.
Una máquina excavador arroja a una fosa los cuerpos sin vida de cientos de visones que han sido sacrificados en Dinamarca. Ritzau Scanpix / REUTERS

alejandro tena

Las imágenes son espeluznantes. Miles de visones gaseados y sacrificados en masa en Dinamarca. Los cadáveres se amontonan, inertes, mientras los operarios van sacando de sus jaulas a los animales que aún no han sido exterminados. El país escandinavo ha sido el primero en ordenar el sacrificio total de este animal, considerado un potencial receptor de coronavirus, capaz de mutarlo y contagiar a humanos. La decisión –que también empieza a plantearse en otros estados de Europa como Holanda– refleja la encrucijada en la que sitúa la industria peletera del viejo continente, que durante décadas ha explotado las vidas de estos seres vivos y ha ignorado los riesgos sanitarios y ecológicos. Ahora, el cierre de estas granjas de pieles cuenta con el apoyo de amplios sectores de la sociedad. Sin embargo, las dudas llegan cuando los diferentes Ejecutivos deliberan qué hacer con las vidas de los visones.

Cuando un problema guarda relación con una actividad que carece de ética, la solución difícilmente sorteará los dilemas morales. Así lo entiende Marta Tafalla, profesora de filosofía y estética de la Universidad Autónoma de Barcelona: "Estamos ante un ejemplo muy claro de cómo el ser humano contribuye a crear problemas a los que es difícil encontrar un buen desenlace. La industria peletera es una barbaridad en sí misma, pero si a eso le añades que se trata de la cría de una especie de otro continente, te encuentras con que hemos creado un modelo de sufrimiento animal que puede generar desorden en los ecosistemas y que, por lo tanto, no va a tener un buen remedio".

"Creo que no hay solución justa para algo así", reflexiona la filósofa.

El sacrificio de los visones, pese a todo, se presenta cómo la única salida debido a las cualidades del animal, cuya puesta en libertad supondría una amenaza para los ecosistemas, puesto que se trata de una especie exótica e invasora. Laura Moreno, técnico del programa de Especies del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), explica a Público que el visón americano (el que se utiliza mayoritariamente en la industria peletera) es un elemento peligroso para la supervivencia del visón europeo, del que apenas quedan 500 ejemplares silvestres en toda España. En el contexto de pandemia actual, la suelta de estos animales no sólo alteraría el entorno natural, sino que "dejando que escapen se abre la posibilidad de que se incremente el contagio de otras especies de nuestra fauna", explica Moreno, cuya organización ha puesto en marcha una campaña para exigir el cierre definitivo de las cerca de 40 granjas peleteras que existen en el Estado español.

"Tenemos diferentes formas de afrontar esto. La primera es la bioseguridad, es decir, la implementación de medidas de higiene como las que se dan en negocios de la vida cotidiana, con lavado de manos y equipos de protección para trabajadores. Esto ya se ha hecho en España y han seguido registrándose brotes como el de Puebla de Valverde, en Teruel. Otra opción es la que ya se ha llevado a cabo en Holanda, donde se ha decidido sacrificar todos los visones de las granjas donde se hayan dado brotes y al resto de centros se les ha permitido terminar la producción de otoño, para después cerrar definitivamente el sector en todo el país. Por último, está la opción más drástica, la del sacrificio de todos los animales, que es lo que ha ordenado Dinamarca", detalla Moreno.

Devolverlos a sus hábitats naturales en el continente americano tampoco es una alternativa que se pueda sostener desde el punto de vista económico y ecológico, argumentan desde la organización conservacionista. El número de individuos que son criados anualmente en las granjas peleteras de Europa supera con creces el millón, por lo que la reintroducción de semejante volumen de animales podría también alterar los ecosistemas de Estados Unidos y México, de dónde son originarios.

Maltrato animal y elitismo

"Estos animales iban a morir sea o no por cuestiones sanitarias", informa Adrià Voltes, doctor en Biomedicina, que pone el foco en el sufrimiento animal que ya existe en este sistema de producción peletero. "Son animales carnívoros semiacuáticos que tienden a vivir en zonas cercanas a ríos o lagos. Esto no es trivial si se tiene en cuenta que en las granjas viven en espacios reducidos y no tienen acceso a esas fuentes de agua. Aunque dispongan de comida, necesitan desarrollar el componente de búsqueda", explica el experto. "Sabemos que se han registrado estereotipias, es decir, movimientos repetitivos en las jaulas. Además se han detectado comportamientos de autolesiones, como mordidas en su propia cola, debido a la imposibilidad de movimientos y a la falta de acceso al agua", comenta.

Los animales, hacinados en jaulas, terminan sacrificados en unas cadenas de producción en las que se busca rescatar la piel del animal para su reconversión textil. Un bolso, un abrigo, una bufanda…, los visones terminan convertidos en bienes de lujo al alcance de unos pocos. "El uso de animales como símbolo de estatus tiene que ver con eso que tan bien retrataba la película La escopeta nacional, esa idea de que las personas de clase alta utilizaban la caza para exhibir su poder y su dominio sobre la naturaleza salvaje. Es una forma simbólica de decir 'estamos arriba porque físicamente somos superiores' ", analiza Tafalla, que recuerda las recientes fotografías del rey emérito ataviado con pieles en Kazajistán.

Moreno también enfatiza en el carácter elitista de las pieles de visón y señala que actualmente existen alternativas para fabricar abrigos sin sufrimiento animal. "No necesitamos pieles para tener un abrigo, se pueden fabricar con elementos sintéticos", expone, para terminar diciendo que "el cierre de las granjas, aunque conlleve un sacrificio masivo, es la única solución. El remedio es duro, pero permitiría que se dejasen de sacrificar anualmente cerca de medio millón de visones en España".

Este medio ha preguntado al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca si el Gobierno se plantea el cierre definitivo de las 38 granjas peleteras de visones que hay en España, pero en el momento en el que se cierra esta información no ha recibido ninguna respuesta.

Contaminación ambiental

Además de la explotación animal, los riesgos sanitarios y la pérdida de biodiversidad, las granjas peleteras de visones han ido intensificando su modelo de producción, incrementando el número de individuos criados en cada centro y, con ello, provocando problemas ambientales en los entornos locales. Así lo denuncia la organización Fur Free Alliance (FFA). De esta forma, como ocurre con la ganadería porcina, los centros generan toneladas de estiércol que terminan contaminando acuíferos y fuentes de agua potable.

A ello se suma la contaminación atmosférica que hay tras esta industria. Según Agrifood Research Finland, la huella de carbono de un abrigo de piel de visón es similar a la huella diaria de un consumidor medio. Y es que, se requiere de ingentes cantidades de energía para mantener el ritmo productivo. 

La manutención de estos mamíferos también tiene un elevado coste, puesto que FFA estima que cada prenda de piel de visón fabricada requiere de 3 toneladas de alimentos. "El impacto del cambio climático de 1 kg de piel es al menos 5 veces mayor que el de la lana, debido a la producción de piensos y emisiones del estiércol", advierte la organización.

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