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Moneda Leonor y Felipe Del duro de Franco a los treinta pavos de una irreconocible Leonor

A la izquierda, paradójicamente, el duro de Franco; a la derecha, la moneda de la princesa Leonor y el rey Felipe.

Pese a la sucesivas acuñaciones, el duro de Franco siguió circulando por los monederos de la democracia: en el anverso, la efigie del dictador, aureolado por aquel Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios, En el reverso, aquellas cinco pesetas envolvían el escudo del águila, con la cartela del Una, grande, libre, el yugo y las flechas de los reyes católicos (luego, unidos, emblema de Falange).

Una moneda polémica, emitida en 1949, que sobrevivió al propio Generalísimo. Hubo una variación del modelo original en el que la cara de perfil (mirando hacia la derecha) pasa a ser busto, aunque el dictador perdería el cuello en la edición de 1957, donde el águila cobra protagonismo, parece emprender el vuelo y ase con sus garras el escudo. Hoy ya nadie da un duro por aquella moneda, aunque permanece en la retina de los puretas, pues siguió usándose hasta 1997.

Con el euro (unos treinta y tres duros, o sea, 166 pesetas), llegó la moneda de cinco céntimos (el equivalente al duro, aunque no valdría cinco pesetas, sino poco más de ocho). Dijimos adiós al franquismo y le dimos la bienvenida a la Iglesia (o al arte barroco), pues mostraba la fachada de la catedral de Santiago, también presente en las monedas uno y dos céntimos.

Cervantes ocupó el reverso de los diez, veinte y cincuenta céntimos, mientras que el rey emérito, Juan Carlos I, protagonizó el euro y los dos euros, hasta que dio paso a su hijo, Felipe VI. En 2015, se tiran más unos ocho millones de monedas con el rostro de Felipe VI, aunque la cifra llegaría a multiplicarse por treinta en el caso del euro.

Hasta aquí, las monedas oficiales, porque desde su entrada en vigor, el 1 de enero de 1999, ha habido ediciones conmemorativas del Quijote, la Alhambra, el apóstol Santiago o la Mezquita de Córdoba, que lucieron en las monedas de dos euros, que en 2014 verían las efigies de Juan Carlos y Felipe. Antes, Juan Carlos I y Sofía habían compartido espacio en las de doce, veinte y treinta euros, cinco mil pesetas de las de antes que también han ocupado los retratos de Felipe VI y Letizia.

Hasta aquí, un somero repaso al vil metal, cuya historia ha acuñado hoy su última pieza: dieciocho gramos de plata y cobre por un valor de treinta euros cuyos protagonizados por Felipe VI y Leonor, princesa de Asturias. En el reverso, el escudo del Principado y una cinta con la bandera de España a todo color, así como el motivo de la emisión: el 1.300º aniversario del Reino de Asturias. Si presencia del duro de Franco todavía generaba polémica en nuestros bolsillos más de dos décadas después de su muerte, los treinta pavos de Leonor también están dando mucho que hablar, no tanto por la vigencia del régimen monárquico como por una cuestión estética.

La joven que figura detrás del rey no se parece a su hija mayor. Mientra que Felipe ha ido envejeciendo en las monedas con el paso de las sucesivas acuñaciones, el debut de Leonor sorprende por su madurez repentina, aunque algunos han preferido evitar el prematuro paso de los años y apelar a su falta de (nunca mejor dicho) realismo. El supuesto parecido es tan lejano que habría que preguntarse si algún súbdito reconocería a la princesa si no apareciera junto a su padre.

Al contrario que Franco, tanto Felipe como Leonor dirigen la vista hacia la izquierda, aunque no se advierte guiño alguno en sus ojos (de la facción izquierda, pues la derecha permanece oculta). Presentada el pasado junio, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre la ha puesto hoy en circulación y, salvo que un lifting lo impida, acuñará hasta un millón de ejemplares. Uno, bien conocido; y otra, desde ahora, prácticamente irreconocible.

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