Hubo un tiempo no tan lejano en el que los viajes se hacían en coches sin aire acondicionado, con los más pequeños sobre las rodillas de sus hermanos mayores, con los enseres atados en la baca, la madre liada con la Guía Michelín y el padre con un pitillo en la boca, un ojo en la carretera y otro en el salpicadero, que tocaba cambiar el casete de Los Chichos por el de Los Chunguitos. Eran los años 80, una época dorada de nostalgia en la que los viajes se planteaban como odiseas familiares de un mes de duración. Y tú, ¿recuerdas cómo viajábamos en los 80? 

Los viajes en coche 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80? Fuente: Wikipedia

Mientras tu hermana ponía cara de gótica escuchando lo último de los Cure en su walkman, tú tenías que tragarte el casete de Junco o de Bordón 4 que tu padre, descamisado y usando el freno motor por aquella carretera infernal, tarareaba con entusiasmo. A su lado, tu madre miraba una y otra vez el mapa de la Guía Michelín preparando el siguiente tramo. Bueno, por lo menos te tocaba ventana, y así te daba al ‘aire acondicionado’ durante un rato. 

En los 80, buena parte de las familias viajaban en coche a sus destinos vacacionales. Solían ser estancias más largas, incluso de todo el mes de agosto, porque en muchos trabajos se concedían las vacaciones de este modo: no había forma de dividir los días. España paraba en agosto y tú tenías que estar en la playa, quisieras o no

Desde luego que aquellas odiseas en el 131 Supermirafiori no eran las más cómodas del mundo… ni seguras: el cinturón de seguridad era ‘opcional’ y el aire acondicionado no era una opción. Además, debido a la larga estancia en el destino, tenías que ir con la casa a cuestas, con las maletas en la baca y las bicis atadas en la parte trasera. Pero era una vez al año, y el premio era muy jugoso: un mes de verano azul

Preparando el viaje 

Antes de reservar un hotel con un clic a través de internet y de que la chica del Google Maps nos metiera por un camino de cabras en vez de la autopista, los viajes se preparaban en las agencias de viajes, unas oficinas plagadas de folletos y buenas intenciones cuyos agentes eran como San Pedro a la entrada del cielo, te abrían la puerta a tu paraíso estival soñado durante 11 largos meses. 

Y si lo de las agencias de viajes resultaba demasiado sofisticado, entonces nos quedaban los mapas y las recomendaciones de amigos y familiares. “Es un camping junto al río, los baños son como barracones, hay mosquitos que parecen libélulas y libélulas que parecen gorriones. En realidad, no sé si es legal acampar, pero…”. “Me vale”. Al final, te reencontrabas con medio barrio en el destino de vacaciones gracias a la recomendacion de un viajero pionero.

Los campings de los 80 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80? Fuente: Unsplash

Ahora que vuelven los 80, no solo en la música y en la moda, también vuelven los campings, aunque por razones distintas. Hace 40 años, muchas familias preferían las acampadas a los hoteles principalmente porque eran mucho más asequibles, pero también por el ambiente natural y desenfadado de estos entornos.  

Aprender a nadar en el río, a andar en bicicleta con la Bicicross de BH y a dar besos con los ojos muy cerrados. Mientras tanto, los mayores se reunían alrededor de la hoguera y la noche estrellada y se rulaban la bota de vino mientras alguien tocaba una de Serrat. Todo ello mientras los mosquitos afilaban sus aguijones para otra noche de gloria a costa de aquellos pobres y despreocupados veraneantes ochenteros.  

¿A dónde vas este verano? Al pueblo 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80? Fuente: Wikipedia

Algunas familias no necesitaban Guía Michelín ni agencia de viajes para organizar el verano. Las vacaciones se pasaban en el pueblo y sanseacabó. Y a menudo era la mejor opción, sobre todo para los más pequeños. ¿Quién quiere conocer el anfiteatro de no sé dónde y las ruinas de no sé qué? Mucho mejor pasar el verano con los coleguis de siempre en la plaza de siempre hablando de lo de siempre, a dónde va a parar.   

Para los mayores también tenía sus ventajas, sobre todo a nivel económico. Como donde caben dos caben diez, la familia se iba a la casa de los abuelos que celebraban la invasión sacando la olla grande, donde se preparaba un gazpacho para el que se debían usar como 40 tomates. Aquello era turismo rural, y lo demás cuento

El apartamento de Torrevieja 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80? Fuente: Wikipedia

Los que tiraban la casa por la ventana o habían participado en el Un, dos, tres se iban a un apartamento en Torrevieja, Torremolinos u otra cosa que empezara por ‘torre’. Muchos de estos destinos, ya curtidos con los guiris desde el boom turístico de los años 60, eran un paraíso para los veraneantes que pasaban 11 largos meses soñando con los tres metros cuadrados de playa donde colocar la sombrilla, la heladera, las sillas, las hamacas y el resto del tenderete… 30 jornadas de playa para estar como un clavo el 1 de septiembre en el trabajo, a donde López siempre llegaba más moreno que tú.  

El ritual de las dos horas de digestión 

¡Qué no han pasado dos horas, Carlitos! ¡Que te aguantes un poco! ¿O quieres que te dé un corte de digestión? No, mamá. El corte de digestión era el coco de las piscinas y las playas de los 80. Todos habíamos oído hablar de él, pero nunca lo habíamos visto.  

Corría el rumor de que a Juanchi, el primo de María de los Ángeles, la de Gordaliza del Pino, le había dado uno hace años: cuenta la leyenda que se metió en el agua después de esperar solo 1 hora y 45 minutos y tuvo que ir el socorrista a por él. No, no, mejor me espero, no vaya a ser que me pase como a Juanchi… ¿o fue Juancar el del corte de digestión? Mamá, ¿a quién le había dado el corte de digestión aquella vez? A Juanpi, Carlitos… ¿No querrás que te pase como a Juanpi, ¿no? Pero, ¿quién es Juanpi? Y así, pasaban las dos horas de la digestión… y al agua. 

Los viajes de avión en los 80 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
En los aviones de los 80 se podía fumar, incluso en la cabina del piloto

Los viajes en avión nunca fueron igual desde que Ted Striker tuviera que hacer aquel famoso aterrizaje de emergencia. Corría el año 1980 y por aquellos tiempos tenías que abrirte paso entre la humareda para alcanzar el baño: sí, amigos, en los 80 todavía se podía fumar en los aviones

Aquellos que invertían el sueldo de un par de meses en ir a Londres podían llegar a pagar hasta 50.000 pesetas por un billete de avión, un billete de avión físico que luego se guardaba como oro en paño, recordando aquel verano en el que cambiaste Torrevieja por Camden Town

Las fotografías de los viajes en los 80 

¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80?
¿Recuerdas cómo viajábamos en los 80? Fuente: Unsplash

¡Cuántas fotos con las cabezas o los pies cortados! ¡Cuántas con los ojos cerrados! Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los recuerdos de los viajes procedían de un par de carretes con 24 fotos cada una. Con 48 disparos, la cámara no se sacaba de forma compulsiva, sino que solo se usaba en situaciones muy especiales.  

Para encuadrar, el fotógrafo podía pasar varios minutos indicando a Maripaz que se moviera un poco más a la izquierda, no, no, no tanto, no, más la derecha. ¡Ahí, ahí! Para, para. Y el disparo. Y ya veremos la foto en un mes. Que sea lo que Dios quiera. Ah, y por supuesto, no existían los selfies. ¡Qué década prodigiosa!