¿Por qué el pulpo se considera uno de los animales más inteligentes del mundo?
Los pulpos muestran en la naturaleza un comportamiento cognitivo complejo al que ningún invertebrado es capaz de llegar.

Zaragoza-
Los pulpos llevan capturando la imaginación de los seres humanos desde tiempos inmemoriales. Su aspecto casi alienígena, la prominencia de su cabeza o sus largos tentáculos repletos de ventosas son elementos que han inspirado las pesadillas de numerosas generaciones. Criaturas mitológicas como el Kraken o el Akkorokamui japonés se basan en su figura enigmática para potencial el miedo atávico que genera en muchas personas el fondo del mar. Además, sus formas viscosas son la base sobre la que H.P. Lovecraft construyó su célebre Cthulhu, mientras que la cabeza del Azotamentes de Dragones y Mazmorras estaba basada en la del cefalópodo.
Pero no es necesario irse a la fantasía para alucinar con las capacidades de los pulpos. Se trata de animales que son capaces de cambiar de color para camuflarse en su entorno, sueltan tinta como maniobra evasiva si se sienten amenazados, su sangre es azul y tienen hasta tres corazones que les permiten poder mover sus ocho extremidades. Además, son increíblemente inteligentes.
Por qué se considera al pulpo un animal muy inteligente
La fama del pulpo como animal inteligente le viene de la creencia parcialmente errónea de que se trata de un animal con nueve cerebros. La realidad es más compleja, pero por ello también fascinante. Y es que el sistema nervioso de estos cefalópodos es único en el mundo, y desde luego el más intrincado de todos los invertebrados.
En realidad, los pulpos poseen un cerebro principal, el cual está situado en su cabeza. Es bastante grande en relación al tamaño del animal, aunque no funciona como lo haría el del ser humano. Esto es así porque se complementa con ocho ganglios adicionales que, estos sí, se encuentran en cada pata. Es por ello que se suele simplificar para decir que tienen nueve cerebros, aunque en realidad se trata de un órgano central y nueve apéndices.
¿Y cómo funcionan? Pues básicamente se trata de una red descentralizada compuesta por unas 500 millones de neuronas, más o menos la misma cantidad que un perro, pero repartidas por todo su cuerpo. De esta manera, el cerebro central delega la función de responder a cada estímulo a sus ocho patas, las cuales recopilan información a través de sus icónicas ventosas. Simplificando mucho, el proceso sería el siguiente: el cerebro central emite una orden general, como por ejemplo explorar una grieta, y los tentáculos son los que, por medio del tacto, van recopilando la información, y reaccionando a ella.
Este diseño resuelve un problema mecánico importante, ya que al no tener huesos ni articulaciones fijas, la libertad de movimiento de sus ocho tentáculos es casi infinita. Por ello, si el cerebro tuviese que calcular cada contracción muscular individual en tiempo real, sufriría un colapso por sobrecarga de procesamiento. Sin embargo, de esta manera, el pulpo puede ir moviendo cada extremidad de manera independiente, reaccionando con rapidez a cada escollo o situación que se presente (de ahí su curiosa forma de cambiar de color por partes, por ejemplo).
Los pulpos son animales muy curiosos
Sin embargo, lo que convierte a los pulpos en animales extremadamente inteligentes no es tanto su diseño biológico, sino su capacidad para desarrollar comportamientos cognitivos complejos que ningún otro invertebrado ha logrado acercarse.
Así, por ejemplo, se sabe que una especie de pulpo concreta, el pulpo de cocotero (Amphioctopus marginatus), es capaz de utilizar herramientas, algo que solo los animales más evolucionados saben hacer. Concretamente, este cefalópodo recoge mitades de cáscaras de coco, o conchas desechadas, las limpia y las transporta a lo largo del fondo marino caminando torpemente sobre dos brazos para utilizarlas como refugio. Lo verdaderamente sorprendente es que no las emplea en el momento, sino que actúa con previsión. Es decir, piensa a futuro, lo que implica una capacidad cognitiva muy sofisticada.
Además, los pulpos tienen la capacidad de jugar. Es decir, no todas sus acciones tienen un fin concreto o buscan saciar una necesidad biológica primaria, sino que también anhelan la diversión. Así, el estudio de los investigadores Jennifer A. Mather y Roland C. Anderson documentó cómo los pulpos jugaban con botellas de plástico dentro de un acuario como si fuesen pelotas. Las empujaban contra los chorros de agua con la intención de que estos se la devolviesen, en un comportamiento que recuerda al de algunos mamíferos.
El pulpo que aprendió a tocar el piano
Además, los pulpos son capaces de aprender. Tanto de sus errores, por el método de prueba y ensayo, como a través de la repetición. El ejemplo más famoso es el del pulpo Takoyaki, a quien su dueño, el músico sueco Mattias Krantz, rescató de un mercado y, en unos seis meses, le enseñó a tocar el piano.

¿Cómo lo hizo? Por medio de un sistema de recompensas. Si el pulpo tocaba la secuencia de notas correcta, un sistema le ofrecía un cangrejo como premio. Le llevó varios meses, pero finalmente logró interpretar melodías sencillas pero reconocibles, como los acordes de la banda sonora de la película Tiburón (1975).
El resultado es impactante, aunque no sorprendente si se conocen las capacidades de este animal. No en vano, ha demostrado en varios experimentos ser capaz de acciones avanzadas como abrir recipientes complejos, adaptarse a las circunstancias y, sobre todo, una gran capacidad de aprendizaje. Todo ello a raíz de una evolución más bien solitaria, y que contraviene en gran parte de las creencias de la comunidad científica. Generalmente, los animales más inteligentes son aquellos que tienen un comportamiento social, ya que se sabe que la imitación es parte fundamental del aprendizaje. Sin embargo, los pulpos han logrado llegar a lugares muy similares por un camino completamente único.




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