Siete reglas de oro para hacer snorkel respetando la fauna marina
Aprende a practicar snorkel de manera responsable para proteger la fauna marina y su hábitat natural.

Zaragoza-
La playa es un entorno natural, aunque la mano humana, en ocasiones, la haya transformado en una suerte de parque de atracciones. En ella viven especies que debemos cuidar y proteger, pues al fin y al cabo estamos visitando su casa. Cuando nos adentramos en el mar, una de las actividades preferidas de muchos bañistas es el snorkeling. Sobre el papel, se trata de un pasatiempo económico, entretenido y asequible desde el punto de vista físico. Consiste fundamentalmente en flotar en la superficie con la única equipación necesaria de unas gafas y un tubo para respirar.
También debería ser un desempeño inocuo para el ecosistema y los animales que en él habitan. Para ello, eso sí, se deben seguir una serie de normas básicas. De fondo, una máxima: dejar todo como lo encontraste. Estos son siete consejos para hacer snorkel sin dejar huella.
1. No toques a ningún animal (ni lo saques del agua)
El snorkel es una actividad basada en la observación y, como tal, la idea es poder pasar como un elemento más del paisaje. Esto implica no intervenir en la vida de los animales y, mucho menos, tocarlos. A las especies como los peces es casi imposible, pues tienen los reflejos y la capacidad para escapar de las manos humanas gracias a su pericia para desenvolverse debajo del agua. Pero moluscos, crustáceos, corales o cefalópodos sí que son susceptibles de ser alcanzados.
Por ello, hay que tener en cuenta que el contacto humano puede dañar la capa protectora de mucus de su piel, llegando incluso a causar infecciones. Además de la dosis de estrés que implica verse perseguido por una especie que, a priori, no es un depredador natural. Y otro asunto a tener en cuenta: la seguridad propia. Algunas especies como el pez araña, el pez león o el coral pueden ser venenosos o urticantes.
Huelga decir que, si no se debe tocar a ningún animal, mucho menos se debe extraer fuera del agua.
2. Mantén siempre una distancia prudencial
De hecho, la recomendación no es solo no tocarlos, sino dejarles un espacio prudencial para que puedan sentirse seguros. De nuevo, el objetivo es observar la vida marina y no interferir en ella. Así, el acercarnos mucho a especies como tortugas marinas podemos causarles un estrés innecesario, activando sus mecanismos de huida. Si además les cortamos estas rutas, por ejemplo por arrinconándolos contra las rocas, el sufrimiento es mayor.
Tampoco debemos colocarnos nunca directamente sobre la vertical de animales con respiración pulmonar, como las propias tortugas o los grandes mamíferos, ya que les impediremos subir a respirar a la superficie. Por no hablar de que se ven obligados a gastar una energía que sí podrían necesitar más adelante, ante una potencial amenaza vital real.
La regla de oro siempre es mantener unos dos o tres metros de distancia con cada especie que estemos observando y, sobre todo, nunca acorralarlos, ya sea contra la roca o mediante un grupo de nadadores.
3. Nunca alimentes a los animales
Puede parecer una práctica inocua o incluso amistosa, pero que puede hacer mucho daño a las especies salvajes. Sobre todo cuando se trata de comida procesada o alimentos ajenos a su hábitat natural, tales como pan, galletas o fruta. Productos que no forman parte de la dieta diaria de la fauna marina y que, por ende, les pueden causar problemas digestivos.
Además, la alimentación externa puede variar la cadena trófica, sobre todo en el caso de los peces herbívoros. Si estos dejan de alimentarse de las algas del fondo del mar, el equilibrio se ve afectado y puede afectar gravemente, por ejemplo, al coral. No solo eso, sino que los peces se pueden acostumbrar a ser alimentados por los humanos, generando una dependencia antinatural que puede derivar en conductas agresivas y termina jugando en su contra.
4. No pises el fondo marino (y mucho menos los arrecifes de coral)
La mayoría de especies suelen revolotear en torno a las rocas o los arrecifes de coral, por ello son los lugares más satisfactorios para hacer snorkel. El coral, por cierto, es un ser vivo que tiene un crecimiento extremadamente lento, aproximadamente de un centímetro al año. Por ello, requiere de un cuidado extremo, pues con muy poco se puede dañar un progreso que lleva varias décadas a sus espaldas. Lo mismo puede suceder con el suelo marino, sobre todo en praderas marinas como la Posidonia oceanica, una planta marina con raíz, tallo, hojas, flores y frutos que vive exclusivamente en el mar Mediterráneo.
¿Y qué hacer si, por ejemplo, se necesita recolocarse las gafas o el tubo? En este caso, lo recomendado es girar sobre la espalda hasta adquirir una posición similar a una estrella de mar (lo que popularmente se conoce como hacerse el muerto). Una vez ahí, flotando de espaldas, se pueden recolocar las gafas o, simplemente, descansar. ¿Significa esto que no se puede hacer pie nunca? No exactamente, sino más bien que se debe tener mucho cuidado con los lugares en los que nos apoyamos. La idea es buscar siempre parches de arena abierta en los que no haya ningún tipo de vegetación ni fauna oculta enterrada.
5. Evita el aleteo brusco o los sonidos estridentes
Parte de pasar inadvertido en el agua también tiene que ver con la forma en la que nos movemos. Por un lado, un aleteo brusco puede generar corrientes que remuevan sedimentos y generan cambios en el ecosistema. Esto es especialmente problemático en los arrecifes, pues el polvo en suspensión puede depositarse sobre los pólipos del coral y bloquear la luz solar que necesitan sus algas simbiontes para realizar la fotosíntesis. Por ello, lo ideal es moverse siempre con cuidado, cerca de la superficie y, a poder ser, adoptando la patada típica del nado a braza, y no la tijera que se utiliza en el crol.
Pero, además de la armonía en los movimientos, también es importante moverse de la manera más sigilosa posible. El silencio forma parte de la naturaleza y, por ello, los ruidos excesivos son una anomalía que sirve para poner en alerta a los animales que en ella moran. Así, prácticas como los chapoteos fuertes o el emitir sonidos estruendosos a través del tubo de respiración generan ondas de choque acústicas, las cuales desorientan y ahuyentan a la fauna que depende de señales bioacústicas para navegar.
6. Ten mucho cuidado si utilizas flashes o focos
Además de la contaminación acústica, en algunas zonas del mar también debemos tener especial cuidado con la contaminación lumínica. Como sucede en todo ecosistema, la iluminación también es clave en el comportamiento de los animales marinos. Concretamente, la gran mayoría están acostumbrados a una luz tenue y azulada. Por ello, un gran fogonazo puede implicar una gran alteración para ellos, sobre todo en especies como los cefalópodos, los caballitos de mar o algunas especies de peces nocturnos.
No se trata de no hacer fotos si se desea, pero sí con el máximo respeto posible. Por ello, lo suyo es utilizar la luz solar a nuestro favor. ¿Cómo? Utilizando el balance de blancos acorde con la iluminación que vamos a contar debajo del agua, o introduciendo filtros rojos que nos permitan corregir las desviaciones de color que puedan suceder. En caso de utilizar iluminación artificial, intenta evitar apuntar directamente a los ojos de cualquier animal.
7. Recoge la basura que encuentres
Ni que decir tiene que no se debe introducir basura ni elementos ajenos dentro del ecosistema marino. Desde luego no de manera consciente, ni tampoco inconsciente (como por ejemplo el bañarse con algún tipo de apósito que pueda desprenderse, o utilizar protectores solares con químicos no biodegradables que dañan el coral). Pero, es más, en caso de encontrarnos basura a la hora de hacer snorkel, algo lamentablemente muy habitual en las zonas más masificadas, lo ideal sería retirarla para dejar el lugar no solo como lo hemos encontrado, sino mejor.
Para ello, una práctica aconsejable es llevar siempre una pequeña red de malla en el bolsillo, o anclada al chaleco salvavidas, en la que poder alojar los desperdicios que encontremos, ya sea flotando en el agua o entre las rocas. De esta manera, no solo conseguiremos un impacto inocuo, a priori uno de los grandes objetivos del snorkeling, sino que incluso será positivo.





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