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Así actúan los especuladores para arrasar los mercados

Información de alta calidad, experiencia para detectar el momento adecuado y grandes cantidades de dinero son las claves para que un ataque especulativo tenga éxito

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'Puedo calcular los movimientos de los cuerpos celestes, pero no la locura de la gente', se lamentaba en 1720 Isaac Newton. El científico inglés acababa de perder 20.000 libras en bolsa tras el estallido de la burbuja financiera de las acciones de la ferroviaria South Sea Company. Tal vez, si hubiera estado tan atento al movimiento de los mercados como al de su famosa manzana, se hubiera dado cuenta de que el origen de esa locura vendedora estaba casi tan pautado como su teoría de la gravedad.

La actuación de los especuladores bursátiles no ha variado mucho desde entonces. La diferencia es que la sofisticación actual de los mercados, dominados por la tecnología, la libertad de capitales y los complejos productos de inversión derivados, permiten que el movimiento especulativo sea más rápido, más potente y más ilocalizable. Pero las bases sobre las que asientan sus ataques son las mismas: una enorme cantidad de información, ingentes sumas de dinero y unos cuantos colegas bien posicionados. Con ellas comienza la acción.

Identificar las debilidades es clave para señalar el objetivo

Los tiburones de la bolsa no ponen un pie fuera de la cama sin una taza de café y todos los medios de comunicación financieros ante sus ojos. Es la rutina mañanera de cualquier inversor bursátil: escudriñar las noticias que aparecen en Bloomberg, MarketWatch o Financial Times. 'No se trata de titulares, sino de buscar pistas que a veces están en un breve sobre los problemas que tiene una empresa o un dato díscolo en la economía de un país', explica un experto financiero.

Una vez detectada la debilidad, los gestores se vuelcan en conseguir la máxima información posible sobre los objetivos. Se elaboran informes exhaustivos que presentan cada día en la reunión de previsiones que estas gestoras financieras, normalmente fondos de alto riesgo y gran banca de inversión, hacen a primera hora de la mañana. Los ejecutivos de la entidad, diseminados por las plazas financieras de todo el planeta, ponen en común las 'debilidades' detectadas y junto con el análisis de la realidad local se decide el objetivo. Puede ser una empresa, un país, una divisa.

'En el caso de las divisas el ataque es muy complicado. Es un mercado que mueve más de un trillón de dólares y eso no lo manipula nadie sólo. Se necesita coordinación lo que no siempre es tan fácil como cuentan los periódicos. Pero en todos los sectores hay alianzas estratégicas', explican en el sector. Lo que parece claro es que en esas alianzas no entran ni los pequeños inversores, ni siquiera los llamados especuladores intradía que se dedican escudriñar las pantallas bursátiles y dar órdenes de compras o venta lo más rápidas posibles para maximizar beneficios. Los grandes ataques especulativos sólo están al alcance de los fondos de inversión de alto riesgo (hedge funds). Este sector mueve algo más de 1,5 billones de euros, según los datos de Hedge Funds Research.

Los asaltos se lanzan de forma coordinada en todos los mercados

El ataque a una divisa más famoso de la historia es el que protagonizó George Soros en 1992 contra la libra. Pero empresas y países son objetivos mucho más asequibles.

Por ejemplo, la volumen del mercado bursátil español en 2009 alcanzó el billón de euros. 'Eso se mueve casi sin esfuerzo con cuatro órdenes de los lobos de Nueva York o Londres', comentan los entendidos. Eso, unido a los problemas de deuda detectados y la previsión de que Bruselas tardaría en reaccionar, puso al país en el punto de mira allá por el mes de febrero. Pero antes había un objetivo aún más débil: Grecia.

Una vez seleccionado el objetivo, se elige el producto financiero más adecuado. Si en le época de Newton tenían las acciones, en la actualidad la oferta es casi infinita y muy complicada para los no iniciados. ¿Se imagina conseguir un beneficio vendiendo algo que no tiene? Se puede hacer con unos productos llamados derivados (básicamente, los futuros y las opciones). Estos permiten apostar a favor o en contra del Ibex, por ejemplo, sin tener ni una acción.

Los rumores actúan de catalizadores de las ventas especulativas

Este mercado mueve nada menos que 615 billones de euros. 600 veces el PIB de España. Hasta el pequeño inversor tiene productos financieros diseñados para invertir en derivados. Por ejemplo, se puede apostar contra España dando órdenes de venta sobre el futuro del Ibex 35. Eso sí, cambiar la tendencia sólo está en manos de los grandes

Pero en 2010, se puso de modo atacar un país a través de los bonos de deuda pública combinados con CDS. El especulador puede tener bonos de ese país o pedirlos prestados a los grandes bancos de inversión que son los que los custodian, con el compromiso de devolverlos un tiempo después. El objetivo es acumular muchos para venderlos de golpe y hacer que caiga su precio. Al mismo tiempo compra seguros que cubren el impago de esos bonos en el caso de que caigan mucho, son los famosos CDS.

Al aumentar la demanda de CDS su precio sube, lo quepone en guardia a los gestores de las mesas de negociación de todo el mundo. 'Algo pasa con España'. Todos quieren cubrir su riesgo y compran más CDS. 'Lo más peligroso es que en la mayoría de los casos los CDS no tienen ningún bono detrás', advierten los expertos. Es decir, el especulador no ha comprado el bono y después el seguro para cubrirlo, sino sólo el CDS. De hecho, este mercado mueve 17 veces la deuda real que cubre.

La prensa traslada el movimiento a los pequeños inversores

Al especulador le da igual, sólo quiere tener el derecho para poder dar órdenes de venta masivas que se ejecutan en los diferentes mercados del mundo y se canalizan a través de bancos de inversión.

La operativa sería similar en el caso de que se hiciera con acciones. El objetivo es disfrazar la operación de una 'tendencia de mercado'. Como el mercado es oscuro, es decir no hay una pantalla como en la bolsa que refleje los precios de compra y venta, lo único que detectan las pantallas de futuros y el resto de traders del planeta es que hay órdenes de venta. Aquí entran el resto de jugadores, aunque muchos no saben ni de que va el juego.

Los traders intradía detectan en sus pantallas la tendencia y se suman a ella. Los grandes bancos de inversión tienen máquinas programadas con algoritmos para hacer lo mismo. Si el mercado pasa de un determinado nivel se ejecuta automáticamente la orden de compra o de venta. Son los aliados de los especuladores, ya que maximizan la tendencia. 'Es en este momento cuando comienza el efecto rebaño. El dinero tonto se limita a seguir la pauta del dinero listo', asegura un broker .

La tendencia suele ir reforzada con un rumor que funciona al más puro estilo de aquel juego infantil del 'teléfono estropeado'. Un broker grita: 'comentan en Nueva York que hay orden de vender España'. Su voz pone en guardia al resto de colegas que están en la sala de Tesorería, desde los que siguen las divisas, hasta los de futuros y otros productos. El rumor salta a los gurús financieros que lo recogen en sus webs y los teléfonos arden. 'Cuando el rumor es muy consistente acaban tomándose como una noticia y todo el mundo se suma a la tendencia', explican en una sala de Tesorería de un banco español. Este es el momento de locura de la que hablaba Newton. Todo el mundo 'vende España'.

Los CDS que el especulador pidió prestados a 100 ahora valen 300 y los bonos que costaron 10 ahora valen 5. La prensa y los políticos denuncian la operación. Ataque especulativo, pánico, venta España. Aquí es donde entran los pequeños inversores. Más ventas. Todo sigue cayendo. Para entonces el gran especulador ya ha salido de la operación ha recomprado los bonos que pidió prestados y los devuelve al banco custodio después de recoger pingües beneficios. El pequeño especulador y el inversor han perdido.