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Los agricultores afganos cambian las drogas por la acuicultura

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Por Hamid Shalizi

Haji Anzurullah cultivaba opio en la provincia de Nangarhar, en el este de Afganistán, pero presionado por las autoridades abandonó la producción ilegal y encontró una alternativa rentable: la cría de peces.

"Compro miles de peces muy pequeños en Pakistán y los crío aquí. Una vez que están lo suficientemente grandes, se los vendo a los pescadores", dijo Anzurullah, que aprendió el negocio acuícola por una organización internacional que ayuda a los afganos a hallar fuentes de ingreso alternativas, en lugar de cultivar amapolas.

Pese a una caída del 19 por ciento el año pasado, Afganistán todavía produce más del 90 por ciento del opio del mundo, el ingrediente en crudo de la heroína. Se cree que el comercio de estupefacientes inyecta en su economía unos 3.000 millones de dólares al año y que las ganancias ayudan a financiar a los talibanes.

El año pasado, Nangarhar pasó de ser la segunda mayor provincia del país en cultivo de amapola a una situación en la que los cultivos están casi erradicados.

Esto se debe en parte al poderoso gobernador de Nangarhar, Gul Agha Sherzai, que ha insinuado que se presentará a las elecciones presidenciales del 20 de agosto.

Sherzai ofrece incentivos financieros a los agricultores de su provincia y asistencia para elegir formas de sustento alternativas y legales, como el cultivo de trigo o la acuicultura. Si se resisten, sus cultivos de amapola son destruidos.

Después de que el Gobierno arrasara su cosecha, Anzurullah, líder de la aldea Saracha en las afueras de la capital provincial, Yalalabad, convirtió sus dos campos de amapolas en estanques donde ahora cría más de 6.000 peces.

Paga sólo 1.000 afganis (unos 15 euros) por miles de peces en Peshawar, al otro lado de la frontera con Pakistán. Luego los cría durante unos 10 meses y los vende obteniendo grandes beneficios.

Los expertos antidroga dicen que la clave para reducir el cultivo de opio es un gobierno firme capaz de desincentivar las considerables ganancias del cultivo de amapola. Los agricultores también deben ser convencidos de que otras actividades pueden proporcionar unos ingresos comparable al del opio.

"La asistencia económica y en materia de desarrollo por sí sola no basta para derrotar al narcotráfico en Afganistán", decía un informe del Gobierno estadounidense emitido en febrero.

"Las oportunidades para el desarrollo alternativo pueden generar y en efecto generan ingresos razonables, pero además deben estar respaldados por medidas para incrementar el riesgo para los que cultiven amapola, trafiquen drogas y apoyen el tráfico", agregó el texto.

FINANCIACIÓN DE LOS TALIBANES

A pesar de los exhaustivos esfuerzos antidroga en Afganistán, el cultivo total de opio ha crecido drásticamente desde que las fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocaran a los talibanes en noviembre de 2001, sobre todo en el sur, donde han lanzado una intensa insurgencia financiada con las ganancias del opio, incluyendo las cosechas récord de 2006 y 2007.

"Casi todo el cultivo significativo ahora es llevado a cabo en zonas inseguras con focos insurgentes activos", decía el informe estadounidense.

Naciones Unidas estima que los talibanes y otras fuerzas que se oponen al Gobierno ganaron en 2008 entre 200 y 400 millones de dólares con el procesamiento y tráfico de drogas, y de 50 a 70 millones de dólares con el pago de "impuestos" por parte de los productores de opio y aquellos involucrados en el comercio de estupefacientes.

La producción de opio cayó levemente el año pasado, pero los expertos dicen que eso probablemente se debió más al clima que a cualquier otro factor. Este año se espera que la cosecha de la droga caiga nuevamente, pero factores como los altos precios del trigo y el exceso de oferta de opio tienen una mayor influencia sobre los granjeros que los esfuerzos internacionales por convencerlos para que abandonen esta rentable planta.

"Si el Gobierno ayuda a desarrollar en Yalalabad la cría de peces y otros medios legales de sustento, el 50 por ciento de las personas desocupadas encontrarán empleo, lo que además podría ayudar a la seguridad", dijo Hussain Safai, director del Departamento de Agricultura de la provincia.

La acuicultura es una buena opción en un país sin salida al mar donde muchas personas, especialmente las que viven en zonas más remotas, rara vez pueden disfrutar del pescado o los mariscos.