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Los alimentos funcionales inundan los mercados y obligan a una nueva legislación

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Los alimentos funcionales, aquellos que además de sus propiedades nutritivas aportan algún beneficio para la salud, han comenzado a inundar los mercados y han obligado a la legislación a avanzar con ellos para garantizar que el consumidor reciba información veraz sobre sus propiedades.

Algunos de estos alimentos ya forman parte de muchas cestas de la compra, como la leche con omega 3, que previene enfermedades cardiovasculares, o los yogures que mejoran la flora intestinal, mientras que otros parecían hasta hace poco imposibles, como algunos transgénicos aún no autorizados en Europa.

Según explicó a Efe el investigador del CSIC Daniel Ramón, especializado en biotecnología, los alimentos funcionales son "uno de los sectores más pujantes" dentro de la alimentación, con incrementos constantes de ventas que se sitúan entre el 15 y el 16 por ciento.

Reducir el colesterol, bajar de peso y mejorar la salud gastrointestinal son los tres grandes tipos de beneficios que ofrecen estos alimentos, según Ramón.

Los expertos coinciden en que estos alimentos han llegado para quedarse, por lo que la normativa comunitaria sobre su etiquetado está en pleno desarrollo, un proceso complejo por los estudios científicos que requiere y los intereses económicos de las industrias de alimentación.

Según la abogada Silvia Bañares, especializada en legislación alimentaria, existía una "laguna legal" sobre los mensajes que los fabricantes de alimentos funcionales lanzaban sobre los beneficios de sus productos para la salud.

Para cubrir esta carencia, el año pasado entraba en vigor un reglamento comunitario para regular estos mensajes, un texto "muy difícil y que todavía se está modificando", indicó Bañares, quien recientemente participó en un congreso sobre el asunto organizado en Madrid por el Instituto de Investigación IIR España.

El reglamento exige estudios científicos que prueben las declaraciones de los fabricantes, particularmente estrictos para aquellas que aleguen la prevención del riesgo de enfermedades, que deberán ser autorizadas por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, según indicó Bañares.

El horizonte de la alimentación funcional se amplía de manera casi infinita con el empleo de la ingeniería genética, que ha alcanzado desarrollos inusitados y que supone otro frente abierto para los legisladores comunitarios.

Uno de los más sorprendentes hallazgos en este ámbito, según destaca Ramón, es el "arroz dorado", al que por primera vez se ha conseguido añadir vitamina A y que podría mejorar la nutrición de los 800 millones de personas en el mundo que según la Organización Mundial de la Salud sólo comen arroz.

No obstante, en la Unión Europea todavía no se ha autorizado ningún alimento funcional transgénico, aunque Ramón destaca que es sólo cuestión de tiempo.