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La banca británica busca librarse de la tasa de los bonus

Presiona al Gobierno y ofrece 2.000 millones a cambio de que se retire el impuesto

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Los bancos británicos no se han resignado a pagar la tasa del 50% de los bonus aprobada por el Gobierno de Gordon Brown. Su respuesta es una combinación del conocido sistema del palo y la zanahoria. La actitud rebelde consiste en negarse a participar en un fondo promovido por el Gobierno para conceder créditos a las pymes.

La aportación total de las entidades financieras debía ascender a 200 millones de libras para un montante total de 1.000 millones. Los bancos en los que el Estado cuenta con un importante paquete accionarial (RBS, un 84%, y Lloyds, un 43%) no han tenido más remedio que aceptar.

Los demás se están haciendo de rogar. Ni Barclays ni HSBC han tomado aún una decisión definitiva. Temen que el fondo se convierta en un instrumento controlado por el Gobierno para volcar los créditos en aquellas circunscripciones electorales que más interesan a los laboristas.

La zanahoria con la que dulcificar las malas relaciones del Gobierno y la City, y conseguir así anular la tasa del 50%, consiste en ofrecer una contribución “voluntaria” a las arcas del Estado que podría alcanzar los 2.000 millones de libras, según The Guardian.

Es una cantidad muy superior a los 550 millones que el Gobierno espera recaudar con la tasa del 50% de los bonus.

El plan está siendo por un grupo de directivos bancarios que se han reunido con altos cargos del Gobierno, incluido el ministro de Hacienda, Alistair Darling, para sondear las posibilidades de éxito de la iniciativa.

Su problema es que la justificación de la tasa del 50% no es recaudatoria, sino política. El Gobierno pretende dar imagen de firmeza ante la opinión pública, descontenta con la astronómica factura que ha supuesto el rescate del sistema financiero.

El consejero delegado de Barclays, John Varley, declaró ayer a la BBC que la tasa de los bonus puede “poner en peligro” la posición económica de Londres. Varley apunta que las entidades británicas se verán perjudicadas porque otros países no impondrán la misma fiscalidad.