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Las bolsas reciben con entusiasmo la artillería desplegada por el Gobierno de Bush

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Las bolsas de todo el mundo recibieron con gran entusiasmo el despliegue de medios por parte de Washington para combatir el huracán en que se ha convertido la crisis financiera durante esta semana.

Wall Street alcanzó el 4,2 por ciento durante la jornada al conocer que Washington decidió tomar las riendas y hacer todo lo posible para paliar los efectos de la crisis.

La mayor plaza financiera del mundo cerró con una subida diaria del 3,35% y una gran sonrisa una semana destructiva para muchos, esperanzadora para otros y de infarto para todos.

Las bolsas europeas también reaccionaron con subidas sin precedentes, de forma que Londres ganó un 8,8%, Fráncfort un 5,6%, París un 9,3%, Zúrich 6,07% y Madrid 8,7%.

Lo mismo ocurrió con las asiáticas (Shanghai avanzó un 9,46%, Tokio un 3,75% y Hong Kong un 9,61%) y las de América Latina (Sao Paulo subió un 9,57%, Buenos Aires un 10,24% y Bogotá un 8,61%).

Los inversores desayunaron el lunes con la impactante noticia de que Lehman Brothers suspendía pagos y de que Merrill Lynch corría a los brazos de Bank of America para evitar algo parecido y sacrificando así una independencia de la que han hecho gala los mayores bancos de inversión de Wall Street durante décadas.

Con ese comienzo era previsible una dura jornada bursátil, que se saldó con la mayor caída en Wall Street desde la registrada el 17 de septiembre de 2001, cuando se reanudó la actividad tras el 11-S.

Uno de los aspectos que más impresionó a los inversores fue la constatación de que la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro habían decidido dejar morir a Lehman Brothers.

Esa actitud contrastó con el respaldo de la venta de Bear Stearns a JP Morgan Chase en marzo pasado y con la intervención de las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae este mes e IndyMac en julio.

El criterio para socorrer a esas entidades y no hacerlo con Lehman Brothers desconcertó a los inversores e hizo temer por el futuro de los otros dos bancos de inversión de Wall Street que aún sobreviven como independientes (Morgan Stanley y Goldman Sachs), lo que se tradujo en intensos rumores y fuertes caídas en bolsa.

Sin embargo, la creación de un fondo de 70.000 millones de dólares entre diez grandes entidades bancarias y la acción coordinada de los mayores bancos centrales para inyectar al sistema de cientos de miles de millones de dólares y otras divisas durante la semana ayudó a lubricar el sistema financiero y darle serenidad.

Ello permitió, por ejemplo, que el martes y el jueves Wall Street cerrara al alza, aunque no impidió que continuara el derrumbe bursátil de grandes entidades, lo que hizo sospechar a las autoridades que al pesimismo contagioso de los inversores podrían estar sumándose la mala intención de ciertos especuladores.

Tal y como venían denunciado algunas firmas, los reguladores temen que los "brokers" que sacan provecho de la bajada de las acciones pudieran haber estado difundiendo rumores falsos para desencadenar esas caídas, aprovechando la gran sensibilidad del mercado.

Los "brokers" aprovechan la baja de las acciones a través de operaciones totalmente legales conocidas como ventas en descubierto.

La Comisión del Mercado de Valores (SEC) ha tomado medidas para controlar más ese tipo de operaciones, investigar posibles delitos e, incluso, prohibirlas temporalmente.

En vista de que aún así el jueves (tras una nueva caída superior al 4%) fue una de las sesiones más volátiles de los últimos meses en los mercados financieros y ante las críticas recibidas, Washington ha decidido sacar toda su artillería y abordar el problema de la crisis como si de un desastre natural se tratara.

Si hasta ahora la crisis había tenido los efectos de una tormenta tropical, esta semana ascendió hasta convertirse en un huracán que ha tocado tierra en pleno distrito financiero de Manhattan y en Wall Street.

"Debemos actuar ahora para proteger la salud económica de nuestra nación", afirmó el presidente de EE.UU., George W. Bush, en un mensaje ante la nación acompañado de los máximos responsables del Tesoro, Henry Paulson, la Fed, Ben Bernanke, y la SEC, Chris Cox.

Ellos coordinarán una estrategia de defensa que en definitiva supone la intervención en el mercado de títulos inmobiliarios y financieros, la compra a los bancos de la deuda más difícil de cobrar y la garantía de fondos mutuos de inversión.

Bush señaló que si el Gobierno no actúa ahora, están en juego pérdidas "masivas" de empleo, un desplome aún mayor del sector inmobiliario y la destrucción de valor en las cuentas de jubilación de los estadounidenses.

Nadie sabe cómo será el panorama que deje el paso de este huracán financiero, pero sí es seguro que habrá provocado la pérdida de miles de puestos de trabajo y cambiado la estructura del sector para siempre.