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Caen los apoyos a Sarkozy antes de la huelga en Francia

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El respaldo popular al presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha caído drásticamente, según un sondeo de opinión difundido el miércoles, poco antes de una huelga general en todo el país contra sus políticas sociales y económicas.

Los paros del jueves, convocados por ocho sindicatos, sacarán previsiblemente a las calles a cientos de miles de trabajadores que exigirán más acción para proteger el empleo y los salarios.

Sarkozy tuvo que lidiar el año pasado con el descontento público por la subida del coste de la vida, y la crisis económica mundial ha subrayado las preocupaciones de los votantes sobre su apremiante situación en una economía debilitada.

La encuesta de Isama, realizada el 21 y 22 de enero para el semanario Valeurs Actuelles, mostró que los apoyos a Sarkozy habían caído cinco puntos en un mes, hasta el 49 por ciento. Otros sondeos han encontrado que este apoyo sigue estable pero en un nivel inferior.

El sondeo no da razones para ese declive.

Sarkozy ha estado sujeto a presiones en los días previos a las protestas del jueves. Los socialistas en la oposición pidieron el martes una moción de no confianza contra las políticas económicas del Gobierno.

La moción fue derrotada en un Parlamento dominado por los aliados de Sarkozy, pero permitió a la oposición debatir la actuación gubernamental en un momento de recesión económica.

Sarkozy presentó el año pasado un plan de estímulo de 26.000 millones de euros centrado en alentar la inversión. Los sindicatos y los socialistas no consideran que se haya hecho suficiente para ayudar a los consumidores y advierten de que habrá reacciones violentas si no se ofrece más ayuda.

Algunos socialistas han argumentado que el Gobierno debería copiar el plan del presidente estadounidense, Barack Obama, de recortar impuestos para alentar el gasto del consumidor, el tradicional motor del crecimiento económico francés.

Las huelgas del transporte público se han convocado en aproximadamente la mitad de las redes del país, y se espera que los paros afecten a los viajes en avión, los bancos, los hospitales, los colegios, las firmas energéticas y los tribunales.

El transporte metropolitano de París se verá seriamente afectado, los profesores abandonarán sus puestos en gran número y entre una quinta parte y un tercio de los vuelos de Air France desde París serán previsiblemente cancelados.

En un país en el que las protestas callejeras han derrocado a numerosos líderes políticos, el Gobierno está claramente preocupado por la posibilidad de descontento social.

Sarkozy enojó a la izquierda en julio pasado cuando dijo "estos días, cuando hay una huelga, nadie se da cuenta", pero poco después la economía se deterioró.

Los ministros están siendo menos provocativos antes de la huelga del jueves, que cuenta con el respaldo del 69 por ciento de los votantes, según el sondeo.

En un intento por reducir el resentimiento por los miles de millones de euros que el Estado ha inyectado en algunas industrias, Sarkozy ha forzado a los responsables de bancos franceses a renunciar a sus bonificaciones a cambio de un nueva inyección de ayuda y pidió a los fabricantes de automóviles hacer lo mismo.