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El carísimo rascacielos de Madrid, en el centro de los problemas

La venta no se contempla porque ninguna empresa se plantea en este momento pagar el dinero que aceptó desembolsar Blesa

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'Fue un capricho personal de Miguel Blesa y pagó demasiado caro por él: un 30% por encima del precio de mercado'. Un alto directivo del sector financiero explicaba así la decisión de Caja Madrid de comprar uno de los cuatro rascacielos construidos en el paseo de la Castellana de Madrid en los terrenos donde estaba ubicada la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Se lo adquirió a Repsol en verano de 2007, en los últimos coletazos del boom inmobiliario, por 815 millones de euros. La petrolera no dudó ni un segundo en aceptar la propuesta de la caja. Hizo plusvalías y cambió su decisión de instalar su sede en el rascacielos para construirla en otra zona en varios edificios.

Esa compra se ha convertido en un quebradero de cabeza para la caja de ahorros, que tiene que hacer frente ahora al último pago, de 245 millones de euros, y además costear un carísimo traslado en plena crisis. Tan alto es el coste de trasladar a los empleados desde la Torre KIO hasta el rascacielos que la caja, de momento, lo sigue retrasando.

El edificio puede suponer, además, un problema para las cuentas de la caja porque la valoración real de la torre es muy inferior a los 815 millones que pagó por ella. Tomando como base las otras tres torres, la valoración inicial del edificio rondaba los 500 millones de euros, aunque, teniendo en cuenta que en este caso es un rascacielo más singular porque lleva la firma del arquitecto Norman Foster, la valoración podría haberse ido hasta 600 millones. Por tanto, de partida, las pérdidas de la caja en esta operación superarían los 200 millones, a los que habría que sumar ahora la depreciación que ha sufrido el edificio en los dos últimos años.

La normativa contable del Banco de España asegura que cada año hay que valorar los activos materiales y dotar una provisión (que se resta de los resultados) con las pérdidas que se hayan producido en el activo. Fuentes de Caja Madrid, sin embargo, aseguran que no han realizado ninguna dotación y que en caso de que valiera menos únicamente constaría como una minusvalía latente. A su juicio, sólo habría que asumir esa pérdida si tuviera decidido desprenderse del edificio. Y no piensa hacerlo, aseguran.

En otras fuentes del mercado inmobiliario, sin embargo, ven difícil que el nuevo equipo gestor de Caja Madrid esté dispuesto a pagar un traslado tan caro al nuevo rascacielos en este momento de crisis y no descartan que decidan ponerla en alquiler para oficinas.

La venta no se contempla porque ninguna empresa se plantea en este momento pagar el dinero que aceptó desembolsar Blesa.