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Una casa que le recordaba la de su infancia

La Maison de Balzac en París expone hasta el próximo 6 de febrero una exposición con las obras creadas especialmente para esta institución por la artista franco-estadounidense Louise Bourgeois (1911-2010) sobre Eugénie G

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La gran pintora y escultora, que desde 1938 vivía en Nueva York, se sintió siempre muy próxima de ese personaje de Balzac. Acostumbraba a hablar de su 'identificación recurrente' con Eugénie Grandet, que para ella era 'el prototipo de mujer que no se ha realizado', convertida en prisionera del padre.

La artista solía decir que, 'si las niñas obedecen a su padre, se convierten en víctimas, como Eugénie Grandet', un peligro que vivió de cerca y que la llevó a sentir 'un gran deseo de venganza' contra el padre, que en su opinión intentó hacer de ella una Eugenia Grandet. Todo un magnífico fracaso, sin duda, a juzgar por la trayectoria personal y profesional de Louise Bourgeois. A diferencia de la inocente y estéril heroína de Balzac, tiranizada por su padre y maltratada por la existencia burguesa, Bourgeois llegó a ser una de las artistas más relevantes del pasado siglo.

En la Maison de Balzac, la idea inicial era reunir una serie de 30 o 40 dibujos sobre las relaciones entre hija y padre, tema dominante en la obra de Balzac que siempre interesó igualmente a Bourgeois. El título final, 'Louise Bourgeois: moi, Eugénie Grandet...', da cuenta de la envergadura que alcanzó el proyecto final.

Entre 2008 y 2009 volvió a bucear en profundidad en la novela para crear el conjunto de obras que ahora se exponen hasta el próximo 6 de febrero en París. Son obras inéditas, hechas para la Maison de Balzac, creaciones únicas que destinó a una casa, con muebles incluidos, algo que no había hecho nunca antes, acostumbrada a las galerías y a los grandes espacios.

Para que pudiese adaptarse a las limitaciones inherentes al lugar, se le enviaron fotos y planos de la casita donde Balzac vivió siete de sus más productivos años literarios, en el entonces pueblo vecino a París de Passy, convertido hoy en uno de los barrios más elegantes de la capital francesa.

A Louise Bourgeois le interesó la idea de trabajar sobre un autor al que conoció de niña, en el colegio, para una casa que le recordaba la de su infancia. Fue una especie de retorno sobre ella misma y sobre su niñez, que produjo una renovación radical de su obra. El personaje de Balzac inculcó en la artista una inusual dulzura en algunas de las obras hechas a los 97 años con materiales de tapicería, oficio al que se dedicaban sus padres, a quienes a veces ayudaba de niña.

La exposición se acompaña con un retrato de la artista filmado por Brigitte Cornand y montado por Julien Rey, porque era importante oirla y verla en este entorno. El filme da cuenta de la vivacidad de esta mujer que se mantuvo extremadamente joven hasta su muerte y que podía mostrarse maliciosa, desagradable o amable, autoritaria y brillante hasta el último momento.


'Louise Bourgeois: moi, Eugénie Grandet...'






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