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El otro cine español rasca y gana

  

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De acuerdo, la Concha de Oro se la ha llevado el chino Lu Chuan, pero no hay duda de que el auténtico vencedor del festival de San Sebastián ha sido el cine español, y dentro de ese galimatías, no cualquier cine español, sino el otro, el que se hace desde los márgenes de la industria y de las narrativas convencionales.

Desde que se anunciaron los filmes que competirían por la Concha de Oro, hace cosa de un mes, había llamado la atención que las tres películas nacionales seleccionadas fueran de directores que no contaban con más de tres largometrajes. Los condenados era el tercer filme de Isaki Lacuesta; La mujer sin piano, el segundo de Javier Rebollo y Yo, también ópera prima de Álvaro Pastor y Antonio Naharro, quizás la que partía con una vocación más comercial.

Pero además, las tres son producciones pequeñas cuyo presupuesto está por debajo de los dos millones de euros (y presuntamente podrían obtener menos de 70.000 espectadores) que Guardans fija como el mínimo para poder recibir una ayuda de amortización decente.

Por todo esto, que las tres hayan recibido premios de peso no sólo marca un pleno que es un hecho singular en el palmarés del festival, sino que da qué pensar sobre un tipo de cine que no se debe marginar desde las instituciones. Hay quien habla de justicia poética. Y política. Pues eso.