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Colonia dejó en ridículo a ultraderecha islamófoba y boicoteó su congreso

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La ciudad alemana de Colonia se movilizó contra la ultraderecha y boicoteó el anunciado Congreso contra la Islamización de Europa, convocado para este sábado contra la construcción de una mezquita y cancelado "in extremis" ante los amagos de batalla campal con manifestantes de izquierda.

La policía colonesa, que había preparado un contingente de 5.000 agentes, optó por prohibir la concentración de la ultraderecha en el Heumarkt, la céntrica plaza de su casco urbano, cuyos accesos habían quedado bloqueados desde la mañana por sentadas de manifestantes que llamaban a la "resistencia pacífica".

Decenas de miles de personas habían seguido la convocatoria de partidos democráticos, iglesias de todas las confesiones y sindicatos a plantar cara a la ultraderecha, que pretendía reunir a correligionarios de toda Europa contra la construcción de una gran mezquita para los 120.000 musulmanes de la ciudad y alrededores.

Junto a la multitud pacífica, salpicada por grupos de gente disfrazada de acuerdo a la tradición carnavalesca colonesa, se concentraron al lado del Heumarkt grupos de "autónomos" violentos.

A primera hora del sábado habían empezado ya las escaramuzas entre los "autónomos" encapuchados, que levantaron barricadas y se lanzaron contra los antidisturbios. Para entonces, apenas un centenar de radicales de derecha habían llegado al Heumarkt, de los 1.500 que habían anunciado los organizadores del congreso.

Por la tarde, y pese a la suspensión del congreso, unos 500 radicales de izquierda insistían en los alborotos, hasta quedar cercados por la policía, que practicó algunas detenciones.

La policía optó por suspender la concentración convocada por "Pro Köln" -"Pro Colonia", plataforma ultraderechista con representación en el consistorio colonés-, al no poder garantizar la seguridad ni de los ultraderechistas ni de los contramanifestantes pacíficos.

Al alcalde de la ciudad, el conservador Fritz Schramma, le pareció una feliz solución, después de haber recordado, en la concentración pacífica de la mañana, que Colonia no quería a "Eurofascistas" en la ciudad.

La noche del viernes hubo ya conatos de violencia por la izquierda radical, que asimismo se había lanzado a pedradas contra una conferencia de prensa de "Pro Köln" en una barcaza en el Rin.

La organización ultraderechista había ido de traspiés en traspiés. Primero, al no conseguir ni que Jean Marie Le Pen, líder del Front National francés, se diese por enterado de su invitación para actuar de orador. Después, al no lograr alquilar un local para celebrar su congreso.

Colonia se cerró a cal y canto a los intentos de "Pro Köln" de convertirla en escaparate de sus proclamas contra la denominada islamización de Europa, las sociedades paralelas, las bandas criminales árabes y turcas, los velos y el burka.

En algunos bares se negaron a servir bebida a los pocos ultras que se presentaron en la ciudad, los taxistas se negaban a transportarlos y en los hoteles les cancelaron las reservas.

El objetivo del congreso era protestar contra la construcción de una mezquita, con dos minaretes de 55 metros de altura y una cúpula de 35 metros, según la ultraderecha excesivamente dominante.

El templo fue aprobado por el Ayuntamiento tras algunas concesiones del colectivo musulmán, como asegurar que las llamadas al rezo no serán audibles fuera del recinto y que sus prédicas se harán con traducción al alemán.

Los partidos democráticos y organizaciones cívicas habían llamado a plantar cara a la ultraderecha de acuerdo al espíritu festivo colonés: es decir, con aires de carnaval y fiesta ciudadana.

Su concentración tuvo lugar ante la catedral colonesa, pero luego el epicentro de trasladó a la Heumarkt, puesto que se trataba de plantar cara a la ultraderecha lo más cerca posible del "enemigo".

Grupos de mujeres con narizotas rojas de payaso bailaron y flirtearon con los antidisturbios, que aguantaban estoicamente mientras mantenían su tenaza al Heumarkt. Jóvenes disfrazados de bailarinas de la danza del vientre se mezclaron con representantes del colectivo musulmán, en una especie de carnaval integrador.