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La conversión de Goldman y Morgan en bancos comerciales supone el fin de una era

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La transformación a partir de hoy de Goldman Sachs y Morgan Stanley en bancos comerciales supone la extinción de la especie formada por las grandes entidades de inversión independientes, así como el cierre definitivo a un modelo de negocio que ha definido Wall Street durante décadas.

Al no estar controlados por el banco central estadounidense, los bancos de inversión independientes podían gestionarse de forma más autónoma y asumir mayores riesgos que las entidades comerciales.

Sin embargo, la tormenta financiera desatada por la crisis ha destapado en las últimas semanas las debilidades de ese tipo de entidades y, con la venta masiva de sus acciones, los inversores parecen haber dejado claro que ya no confían en la viabilidad de su modelo de negocio.

Ello ha obligado a Goldman Sachs y Morgan Stanley, los dos únicos ejemplares de su especie que permanecían en pie, a transformar sus estructuras para convertirse en bancos comerciales y gozar así de la estabilidad que suponen sus multimillonarios depósitos.

La conversión fue aprobada el domingo por la noche por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), inmersa en la aplicación del plan orquestado por Washington para proceder a un rescate público sin precedentes de un sector duramente golpeado por la crisis.

Esa intervención pública, que supondrá un coste de unos 700.000 millones de dólares y aún debe ser aprobada por el Congreso, se ha entendido como una contundente prueba de la quiebra del modelo del libre capitalismo, del que los fondos de inversión independientes eran un importante baluarte.

La desaparición de Goldman y Morgan como tales llega exactamente una semana después de que Merrill Lynch anunciara su venta a Bank of America y Lehman Brothers suspendiera pagos.

Hace seis meses, Bear Stearns, el quinto de los grandes bancos de inversión de Wall Street, fue adquirido por JP Morgan Chase después de colapsar en bolsa.

La idea es que, bajo su nuevo estatus, Goldman, Morgan y también Merrill puedan acceder a los fondos de emergencia puestos a disposición de los bancos por la Reserva para aumentar su liquidez.

A cambio, pasarán de ser controlados por la Comisión del Mercado de Valores (SEC) a serlo por la Fed, lo que garantiza prácticas menos arriesgadas y el mantenimiento de reservas y provisiones muy elevadas que supondrán un colchón ante nuevas crisis de confianza.

A partir de ahora, ambas se convertirán en cabeceras de un "holding" del que podrán colgar bancos comerciales y donde la banca de inversión será una activad más.

Para ello, Goldman Sachs derivará activos hacia una entidad llamada GS Bank USA y desplazará así a Wachovia como el cuarto mayor "holding" bancario del país, con cerca de 150.000 millones de dólares en activos, según sus propios cálculos.

En cuanto a Morgan Stanley, que en las últimas semanas negociaba una posible fusión con un banco -entre ellos Wachovia-, la entidad explicó hoy que su conversión le conferirá "máxima flexibilidad y estabilidad para buscar nuevas oportunidades de inversión a medida que el mercado sufre profundos cambios".

Morgan Stanely, que tiene más de tres millones de cuentas minoristas y 36.000 millones de dólares en depósitos, convertirá para ello su banco industrial con sede en Utah en una entidad comercial nacional.

Con esta transformación acaba el modelo de inversión de Wall Street que contaba con entidades independientes conocidas por comprar y vender activos con alta rentabilidad y asesorar desde a las mayores multinacionales hasta a Gobiernos y familias multimillonarias de todo el mundo.

Ese modelo surgió con la aprobación en 1933 de la Ley Bancaria, conocida como Glass-Steagall, que establecía la división obligatoria de las actividades de banca comercial y de inversión.

Esa obligatoriedad se anuló hace unos años, pero perduraron los grandes bancos de inversión que crecieron al amparo de aquella ley.

La salida encontrada para Goldman y Morgan no recabó excesivo entusiasmo entre los inversores, que inicialmente penalizaron hoy con caídas a ambas entidades, después de que el viernes las dos cerraran con subidas bursátiles superiores al 20 por ciento.

En cambio, sí recibieron con agrado la inyección de capital apalabrada por Morgan Stanley con Mitsubishi UFJ, el mayor banco de Japón y el segundo del mundo por depósitos bancarios.