Publicado: 01.10.2015 23:56 |Actualizado: 02.10.2015 13:20

Cuatro pruebas de ADN, la clave para atrapar al asesino de Eva Blanco 18 años después

El Grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Madrid detiene en Francia a un ciudadano español de origen marroquí que cometió el crimen con 34 años: “Hoy le hemos dado la noticia a los padres que nos hubiera gustado dar hace casi dos décadas". Faltaban dos años para que prescribiera el caso.

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Eva Blanco fue asesinada en Algete en 1997.

Eva Blanco fue asesinada en Algete en 1997.

MADRID.- Varón de alrededor de 30 años cuando cometió el asesinato, 1,70 de estatura, fuerte y, lo más importante, de origen marroquí. Este último dato ha sido la clave para atrapar al asesino de la adolescente Eva Blanco. La Policía ya conocía los otros datos tras analizar una y mil veces las huellas dejadas por su verdugo en la escena del crimen que perpetró en la madrugada del 20 de abril de 1997 en Algete (Madrid).

Lo aportó la Universidad de Santiago de Compostela hace un año y desde entonces los agentes de la Guardia Civil de Tres Cantos centraron todas sus pesquisas en ese perfil. Las técnicas novedosas de análisis genético aplicadas había dado respuesta a la raza, el color de ojos, de pelo… la primera vez que se ha hecho este análisis para la resolución de un crimen.

La muestra remitida era la que el asesino había dejado en diferentes partes del cuerpo y la ropa de la adolescente. “Se descartó la violación porque ella estaba bien vestida después de haber mantenido esas relaciones y por el ensañamiento, 19 puñaladas y no terminó de matarla, nos hizo pensar que había una relación con la chica. Ahora tenemos que esperar a que el detenido declare cuando llegue a Madrid para saber si se conocían o Eva era su obsesión”, cuentan fuentes de la investigación a Público.

Este miércoles a las 14.30 resolvieron la cuenta pendiente que tenían desde hace 18 años. Fue en la localidad de Pierrefontaine Les Varans de Francia, donde estaba afincado A.C.G., ciudadano español de origen marroquí nacido el 1 de marzo de 1963 en Taza (Marruecos). Pero hasta llegar hasta él otras dos pruebas de ADN fueron clave: las que hicieron cotejando el perfil aportado por le Universidad de Santiago de Compostela sobre la muestra hallada en Eva y el del hermano del presunto asesino, que aún reside en la zona de Algete.

"Una vez acotado por la raza y con los datos que ya teníamos del perfil sobre su complexión y edad, buscamos a varones que en el momento del crimen tuvieran entre 30 y 40 años", explican los investigadores

Según explican a Público, “una vez acotado por la raza y con los datos que ya teníamos del perfil sobre su complexión y edad, buscamos a varones que en el momento del crimen tuvieran entre 30 y 40 años, de origen marroquí y que residieran por la zona de Algete y pueblos cercanos”. Así es como dieron con un hombre que, aunque estaba nacionalizado español, podría reunir los requisitos. Enviaron su ADN para analizar y, sin embargo, “algo no casaba”.

Entonces una idea que ya había sobrevolado por el caso volvió a retomarse. Los agentes habían solicitado hacía más de una década que todos los vecinos de Algete que quisieran ayudar a la investigación aportaran su ADN para ser analizado. Estaba claro que el asesino no iba a acudir. Sin embargo, un hermano, tío o sobrino sí podría hacerlo y gracias a una nueva técnica del análisis del ADN mitocondrial aportado por la madre se extraería la línea consanguínea. Así lo hicieron, según explican a Público fuentes cercanas a la investigación. La línea materna del asesino de Eva y del sospechoso era la misma. Eran hijos de la misma madre.



Dos años para prescribir

Esa información llegó antes del verano y desde entonces comenzaron a seguir los pasos de A.C.G. Se había ido a Francia después del crimen y se había asentado allí a pesar de tener la nacionalidad española y, aparentemente, ninguna cuenta pendiente. Se recogió allí una muestra para analizar y entonces todo encajó. El presunto asesino tiene ahora 52 años y en 2017 su crimen hubiera quedado prescrito para la justicia española, algo que los investigadores de la Guardia Civil no se perdonarían: “Hoy le hemos dado la noticia a los padres que nos hubiera gustado dar hace casi dos décadas. Olga y Manuel han sufrido mucho. Se han abierto miles de líneas de investigación y ellos siempre han estado ayudándonos, esperemos que hoy puedan dormir un poco más tranquilos".

El cadáver de Eva Blanco lo halló un hombre mientras paseaba en la cuneta de un paraje denominado Las Pesqueras, junto a una rotonda de la carretera M-100, cosido a puñaladas repartidas en la nuca, parte posterior del cuello y espalda. Murió desangrada a lo largo de la noche. Tenía que haber llegado a las doce a casa, era la primera vez que la dejaban hacerlo. Cuando sonó el reloj dando la hora, Olga Puig llamó a su manido Manuel Blanco que trabajaba con la grúa. Ahí empezó una pesadilla, que acaba de terminar.