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El debate se convierte en un concurso

Cuatro estrena el próximo lunes el programa 'El comecocos'

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Hacer de la palabra un arte, de la argumentación un arma y del poder de convicción un valor. Con este propósito, Cuatro estrena el próximo lunes por la tarde (18.30 horas) El comecocos, un programa que aúna el talent show, la estrategia de los concursos y la pasión de los debates. Como novedad, el ganador del formato no será el más afortunado ni el más rápido, sino que se premiará al orador más carismático dentro del 'circo romano' en el que se desarrolla el espacio. Aunque no habrá que esperar al lunes para ver el programa, ya que Cuatro emite hoy (21.30 horas) un resumen de las pruebas de selección de los concursantes.

El espacio será conducido por Ruth Jiménez, que asegura que su rol será el de hacer de 'gobernanta' y sacar 'el látigo de vez en cuando' para calmar a los espectadores. El comecocos contará en sus primeras ediciones con la participación como jurado de Mercedes Milá, que analizará 'la pasión' de los discursos, y de Albert Rivera, presidente del partido político Ciudadanos, que será 'el maestro provocador'. Para Rivera este concurso puede marcar un 'antes' y un después', ya que España vive 'un momento político y social en el que se echa en falta la palabra y el diálogo'. 'La sociedad necesita debate entre las dos Españas', agrega.

Su creador cree que el espacio puede ser una 'cantera' para la política

El espacio, que se emitirá de lunes a jueves, comenzará cada entrega con seis participantes, pero sólo cinco de ellos llegarán al final y podrán volver al día siguiente junto a un nuevo concursante. Los participantes serán presentados con un breve vídeo y empezarán su participación en el programa dirigiéndose al público, al jurado y a los espectadores, con el fin de conquistarles y convencerles de que son mejores que sus contrincantes. Según Óscar Cornejo, director y creador del programa, los participantes de El comecocos 'no cumplen con el perfil del típico concursante de televisión'. 'La mayoría de ellos son jóvenes de entre 20 y 30 años con carreras que tienen muchas cosas que decir', apunta Cornejo, que agrega que el programa puede servir de 'cantera para muchos ámbitos, incluido la política'.

El concurso se estructura en tres fases. En la primera de ellas, los participantes tendrán que mostrar sus habilidades en improvisación, contando una historia en 30 segundos que incluya tres palabras dadas por el jurado. De igual forma, tendrán que afrontar un debate cara a cara en el que defenderán o atacarán a un personaje público, y también tendrán un minuto para lograr emocionar al jurado y al público. En la segunda fase, entrará en juego la estrategia típica de los concursos, y los oradores podrán sumar o restar puntos a sus contrincantes. Por último, los dos participantes con más puntos se enfrentarán en un debate cara a cara en el que el público elegirá al ganador, que se embolsará 1.000 euros por programa. Además, esta fase acogerá un debate de perdedores, en el que los asistentes elegirán a quien no quieran que vuelva al espacio.

Los participantes no cumplen con el perfil 'típico' que se ve en televisión

La idea del programa, según señala su creador, Cornejo, surgió en el año 1993 cuando aún era estudiante de Derecho. 'Me di cuenta de que ir a la universidad se reducía a escuchar a un profesor que hablaba para 800 personas y entonces comencé a organizar una serie de debates para estimular la oratoria de los estudiantes', señala. Cornejo partió de la misma idea para llevar los debates a la televisión. 'Una de mis preocupaciones era saber si la juventud española estaba preparada para asumir esta responsabilidad, pero tras los castings no me cabe ninguna duda', señala.

Rivera, que fue ganador de una liga de grupos de debate en sus tiempos de universitario, señala que en los debates lo más importante no es lo que se defiende, sino cómo se hace y qué 'carga emotiva' aporta el orador a su discurso. En su opinión, en la política española hay muy poca forma en comparación con la retórica inglesa, y el programa es una 'defensa de la forma de los discursos donde lo que realmente piense el orador no debe importar'. 'La verdad está en los dos lados', concluye.