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Del Retiro a Jorge Drexler: El final de la inocencia (y de las giras veraniegas)

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Aún recuerdo los veranos de mediados de los años noventa, fechas en que se celebraron las primeras giras de conciertos de mi vida, cuando las giras todavía ocurrían después de publicarse los discos. La primera fue la más multitudinaria y exitosa.

Corría el verano de 1995 y mi primer LP, Javier Álvarez, sonaba insistentemente en casi todas las emisoras de radio españolas y yo era todavía el estandarte de la llamada nueva generación de cantautores, fraguada en los meses anteriores, y que de algún modo, yo recuerdo oficializada en un artículo publicado en un conocido suplemento dominical acompañado de una foto mía junto a Pedro Guerra y Andrés Molina.

'A partir de ahí, todo fue subir, aunque paradójicamente comenzó una carrera demasiado mastodóntica para mi inexperiencia'

A partir de ahí, todo fue subir, aunque paradójicamente, comenzó una carrera demasiado meteórica y mastodóntica para mi inexperiencia. Aunque, como por fortuna suele ocurrir en la vida, uno casi siempre selecciona lo mejor del pasado y me da mucho gusto que de los conciertos de aquel verano queden algunas muestras que se pueden ver en varios vídeos del baúl de YouTube, junto a mis amados José Encinas, NIeves Arilla, Gonzalo Lasheras, Ana Laan, Joxan Goikoetxea, Richi Ferrer, Larry Martin, Marta Serrano y Suso Saiz.

Se ve que disfrutamos mucho, a pesar de que yo también sufrí bastante por las enormes cotas de responsabilidad y presión que exigían el momento. Como anécdota pintoresca de aquel final de verano de 1995, me organizaron una gira de teatros por Galicia que me hicieron comprobar de primera mano que yo gozaba más en la intimidad de los pequeños espacios que en los grandes recintos.

 Mientras, en algunos de los sitios en los que nos albergábamos debieron flipar al ver que nos acompañaban cientos de colegas que íbamos haciendo durante mi andadura musical (desde mis primeros bolos espontáneos, en el madrileño parque del Retiro*).

La gira en la que presenté mi segundo disco, titulado Dos, se celebró un par de años más tarde y fue bastante más tranquila. Me viene el recuerdo de un concierto en el Cuartel del Conde Duque en Madrid en el que se habían unido a la banda Tino Di Geraldo y el añorado Mark Smith. Creo que invité a Jorge Drexler a cantar 730 días.

Tengo la sensación de que fue una noche mágica, de esas de las que sólo quedan en la memoria, porque juraría que entonces aún no habría ni medio aforo con cámara en el móvil (ni siquiera con teléfono móvil). Desde entonces, no he vuelto a girar en verano (algún concierto puntual), y sinceramente, lo añoro.

*[Me vienen a la cabeza, anteriores a todos estos conciertos, los veranos en que me estrené como músico y compositor en el parque del Retiro, unos años muy felices de los que conservo muchos recuerdos, amigos y una nostálgica sensación del disfrute de una inocencia que probablemente allí quedó mezclada con el agua de las fuentes, las estatuas, ardillas y patos y cientos de hojas que no dejan de nacer, crecer, caerse y mezclarse con el viento. Viento que es música...]