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El desarme, principal desafío para un país con diez veces más armas que Irak

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Hamid tiene 20 años y la mirada feliz, pese a que el pasado 21 de agosto, escasas horas después de que comenzara el asalto de Trípoli, su hermano mayor, Ahmad, cayera víctima de las balas gadafistas.

Apenas una semana antes, miembros de las mismas tropas se habían presentado en su casa del modesto barrio islámico de la capital y le habían entregado dos fusiles belgas FN para defenderlo del "ataque de las ratas".

Algunos de sus vecinos en esta barriada, una de las más pobres de Trípoli, optaron por guardarlas y venderlas por unos 400 dinares (200 euros).

Ellos prefirieron escapar y unirse a los rebeldes, que tres días después tomaron la ciudad.

No existen cifras precisas sobre el número de armas que Gadafi repartió entre la población en las semanas previas al asalto de la capital, pero hay decenas de historias similares a la de Ahmad y Hamid.

Tampoco se conoce el número ni la clase de armas que han ido a parar a manos de los rebeldes, que han tenido acceso casi libre a los arsenales de Gadafi, ya fuera por asalto o porque los militares que los controlaban cambiaron de bando.

Pero organizaciones internacionales como "Human Rights Watch", calculan que en todo el país podría haber "diez veces más armas" que las que había en Irak antes de la invasión anglo-estadounidense de 2003.

"A pesar de las sanciones, el número de almacenes que existen con armas convencionales es asombroso. Armas provenientes de la antigua Unión Soviética, de Corea del Norte, de Bélgica, de España. Calculamos que hay diez veces más que en Irak", explica a Efe Peter Bouckaert representante de HRW en Trípoli.

En la misma línea se expresa Peter Wezeman, experto en comercio de armamento del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo.

"Es imposible saber cuántas armas tiene cada facción, ya sean los rebeldes o leales gadafistas, y cómo las lograron. Las imágenes obtenidas muestran que los arsenales fueron saqueados y que apenas existía control central. Eso nos hace pensar que hay muchas armas repartidas por todo el país", afirma.

Consciente del problema, el Comité Militar creado por los rebeldes ha iniciado una campaña para tratar de encontrar y recuperarlas todas.

Desde hace días, patrullas rebeldes peinan los barrios casa por casa y piden a las familias que entreguen cualquier pistola o fusil que tengan.

La entrega queda después consignada en un formulario en el que se registra el nombre de la persona, dirección, teléfono, clase y número de serie del arma en cuestión.

"Es cierto que el problema es que no sabemos cuántas armas hay. Gadafi repartió muchas pero hemos detectado que mucha gente las vendió, sobre todo en los barrios pobres", admite a Efe el comandante rebelde Hamis Zintani, jefe de la dotación de Policía y desarme del barrio tripolitano de Ben Ashur.

"Por eso, ahora hemos comenzado también a ofrecer dinero para que las entreguen", agrega Zintani, antiguo oficial de Policía que se unió a los rebeldes al principio del alzamiento.

Sin embargo, no son las armas ligeras y convencionales -visibles en cualquier esquina del país- las que preocupan a las nuevas autoridades y a la comunidad internacional, sino otras de mayor poder destructivo como los lanzagranadas y las lanzaderas de misiles que atestaban los almacenes de Gadafi.

Y en particular dispositivos como los Strela, versión soviética del lanzamisiles norteamericano Stinger, que los expertos temen puedan caer en manos de terceros países o de organizaciones como la red terrorista internacional Al Qaida.

"Los almacenes no están seguros y en muchos había, por ejemplo, munición antitanque suficientes para poner un coche bomba. Tememos que pueda ser usada aquí para desestabilizar la transición o que llegue a grupos insurgentes en Mali, Chad o países del Magreb", explica Bouckaert.

"Los Strela son un tipo de arma que Al Qaeda valora mucho, que busca con ahínco y que ya ha utilizado en diversas ocasiones", agrega.

Pensados para ser cargados en el hombro, los Stinger o Strela son una lanzadera portátil de misiles guiados por calor con alto poder destructivo.

Según los expertos, en los arsenales de Gadafi había unos 20.000 de estos aparatos.

"La mayoría ya los tenemos recogidos, y el resto creemos que los tienen los gadafistas (que resisten) en Sirte", explica el comandante Zintani, una aseveración que de momento es casi imposible de verificar.

Javier Martín