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La desnuda lucha por el poder de Borís Godunov abre la temporada en Las Artes

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El Palacio de las Artes de Valencia ha inaugurado hoy su sexta temporada con una versión de la ópera Borís Godunov, de Modest Musorgsky, en la que se ha resaltado la desnuda lucha por el poder a través de todo tipo de intrigas y conspiraciones.

Omer Meir Wellber se ha estrenado como director musical del centro de las Artes con un férreo control de la Orquestra de la Comunidad Valenciana, aunque no ha podido evitar alguna que otra falta de sincronización.

En su tercera ópera en el coliseo valenciano (en la pasada temporada dirigió dos óperas como director invitado), Omer Wellber se ha llevado cálidos aplausos del público, que ha recompensado así su total entrega y su afán por resaltar los rasgos más contundentes de la partitura.

Con varias versiones a cargo del propio compositor, Rimsky Korsakov y Shostakovich, Wellber eligió para esta ocasión la versión de Borís Godunov más fiel a Musorgsky, la de 1869, aunque ha incluido la escena del bosque, introducida en 1872.

El presidente de la Generalidad de Valencia, Alberto Fabra, estuvo por primera vez en el palco principal del Palacio de las Artes para presenciar esta descarnada visión del poder político, precisamente cuando se cumplen 100 días de su acceso a la jefatura del ejecutivo valenciano (tras la dimisión de Francisco Camps el pasado mes de julio), y en plena campaña de unas elecciones generales en las que todas las encuestan vaticinan un cambio de gobierno.

El cineasta Andreu Konchalovski, como director de escena y de iluminación, ha prescindido de toda ornamentación para dejar a los personajes "desnudos" ante su propia maldad.

Aunque la acción discurre en una época oscura de falta libertad (en la Rusia del siglo XVI tras la muerte de Iván El Terrible), el recurso al oscurantismo se ha matizado con una iluminación tenue y matizada.

Una plataforma con varios elementos móviles conformaban un frío escenario sólo roto, de tanto en tanto, por la presencia de algún icono ortodoxo o con un trono que, como símbolo del zar usurpador, caerá en picado coincidiendo con la muerte de Borís Godunov.

Frente a ellos, un pueblo hambriento y sometido, decepcionado totalmente con sus gobernantes, ha sido encarnado por el Coro de la Generalitat, que de nuevo ha hecho alarde de belleza tímbrica.

El tenor búlgaro Orlín Anastasov encarnó un atormentado Borís Godunov, consumido por los remordimientos por el asesinato del heredero del zar, que el pueblo le atribuye. Aunque todos tiemblan ante él, Borís Godunov no puede escapar del juicio humano y divino.

Con un papel extenuante, Anastasov ha mostrado potencia y ductilidad, sobre todo en el aria "He conseguido el poder absoluto" y en las escenas del delirio y de la muerte ante su propio hijo.

En un reparto con mayoría de voces graves, el tenor austríaco Nicolai Schukoff ha destacado por su frescura y agilidad interpretativa de un ambicioso monje que no duda en usurpar la identidad del heredero muerto para acceder al poder.

Se llevaron también el reconocimiento del público el veterano Vladimir Matorin (como Varlaam), el niño Ivan Khudyakov (como Fiodor, el hijo de Borís), la soprano Ilona Mataradze (Xenia) y el tenor Andrei Zorin (el demente), dentro de un reparto con notable actuación general.

No se llenó el Palacio de las Artes en la ópera inaugural de la sexta temporada, con evidentes ausencias de políticos, metidos en campaña electoral.