Publicado: 25.11.2013 07:00 |Actualizado: 25.11.2013 07:00

Escocia presenta su hoja de ruta para la independencia

Las encuestas siguen en contra de los independentistas escoceses de cara al referéndum de 2014, pero el Ejecutivo presidido por el nacionalista Alex Salmond presenta este martes su as en la manga, el libro blanco sobre la independencia de Escoci

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El Gobierno del Partido Nacional Escocés (SNP),  presidido por el nacionalista Alex Salmond, aportará una hoja de ruta a adoptar tras una hipotética victoria del en el referéndum de independencia, pactado el año pasado con Londres, en un extenso documento, el libro blanco (White Paper) que  pretende convertir en el punto de inflexión en la recta final hacia la histórica fecha del 18 de septiembre de 2014.

"Las expectativas que ha despertado son tremendas. El Gobierno ha anunciado que sería uno de los documentos más importantes de la historia de Escocia", declara el periodista escocés Iain Macwhirter, autor del libro Road to referendum (Camino al referéndum). Independientemente de su trascendencia histórica, el libro blanco deberá arrojar luz sobre ciertos temas clave si pretende movilizar al cerca del 20% de electorado indeciso, que en general se muestra más preocupado por cuestiones económicas que políticas.

"(Escocia) es un caso diferente al catalán, donde hay una experiencia histórica de opresión", opina Macwhirter. "Para la mayoría de los escoceses la cuestión de la independencia no es una cuestión de liberación nacional  y la gran dificultad a la hora de persuadir a los votantes es que el debate hasta ahora ha estado dominado por cuestiones muy técnicas".

En un documento presentado el pasado miércoles, el Ejecutivo escocés propone un nuevo modelo económico para crear más de 100.000 nuevos puestos de trabajo y "mejorar la calidad de vida (...) y construir una sociedad más justa".  Entre los planes para desarrollar este nuevo modelo destacan una mayor incorporación de la mujer al empleo, la reducción en los impuestos de sociedades y una estrategia para aumentar la población basada en la promoción de la inmigración cualificada y el freno a la emigración.

El ministro principal de Escocia, Alex Saldmon, con el primer ministro británico, David Cameron. REUTERS

Este informe, presentado a una semana de la publicación del esperado White Paper, llega  después de otro documento que preveía significativos recortes en servicios públicos o aumentos de impuestos para hacer sostenibles las finanzas públicas de una Escocia que debería hacerse cargo de una parte de la deuda del Reino Unido en caso de independencia.

Como en el caso catalán, la integración de una Escocia independiente en las instituciones internacionales de las que ya forma parte dentro del Reino Unido, ha hecho correr ríos de tinta plagados de conjeturas y escasos de certezas.  "No hay precedentes, por lo tanto hay una indefinición en la legalidad europea sobre el tema", explica Charlie Jeffery, profesor de Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Edimburgo. "Veríamos inevitablemente una negociación muy compleja", apunta el académico, que considera que el proceso podría llevarse a cabo antes de que se oficializase la independencia, estimada por el Gobierno escocés en 18 meses después del referéndum.

Una de las barreras que Escocia debería superar para reingresar como estado independiente en el club de Bruselas sería un posible veto de España, aunque para Jeffery, "el Gobierno español también podría conseguir ciertos beneficios [de la entrada de Escocia en la UE], como una mejora en los acuerdos de pesca".

Banderas y escudos de Escocia en una tienda de recuerdos de Edimburgo. REUTERS

Aunque parece ser una cuestión que preocupa escasamente a los escoceses (sólo un 13% de los votantes dijo querer más información sobre el tema en una encuesta publicada a principios de noviembre), las dudas sobre la viabilidad de la "zona esterlina" a la que aspira el Gobierno de Salmond siguen siendo protagonistas en el debate político y en los medios de comunicación.

Danny Alexander, el secretario del Tesoro británico (el cargo análogo al de ministro de Economía en España), consideró hace dos semanas "altamente improbable" que pudiera haber un pacto entre Escocia y el resto del Reino Unido para crear una unión monetaria al estilo de la zona euro después de la independencia.

El primer ministro de Gales, el laborista Carwyn Jones, también mostró sus recelos en una reciente visita a Edimburgo. "Si una parte de la unión monetaria decide marcharse es asunto suyo, pero si un país independiente quiere unirse es asunto de la gente de Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra", declaró el homólogo de Salmond en Gales.

Un partidario de la independencia de Escocia sostiene una bandera en Edimburgo. REUTERS

Ante este panorama, la gran incógnita es si el libro blanco ofrecerá un plan B para aplicar en el caso de que no haya acuerdo de una unión monetaria con Londres. Las otras alternativas puestas sobre la mesa son el uso de la libra sin unión monetaria (y sin control sobre el Banco de Inglaterra por parte de Escocia); una improbable adopción del euro y la creación de una nueva divisa escocesa.

Más allá de detalles técnicos, se espera que el libro blanco proyecte el modelo de estado al que el SNP pretende llevar a una Escocia independiente. Un estado que diferirá del británico por, entre otras cosas, tener una constitución escrita en la que se espera que queden garantizados derechos básicos como el de la vivienda y el trabajo, los temas sobre los que los votantes indecisos quieren conocer mayor información antes de decantarse por una u otra opción.

Otras características, sin embargo, quedarán previsiblemente inalterables, como el mantenimiento de la monarquía británica en la jefatura del Estado y lo que Salmond calificó como "unión social entre la gente de Escocia y del Reino Unido". Está por ver si la gran esperanza del nacionalismo cumple las grandes expectativas generadas o se convierte en un fiasco.

"No creo que ningún documento por sí mismo pueda lograr persuadir a una mayoría de escoceses pero podría hacer que la gente vea el debate de otra forma y que piense que Escocia podría ser un mejor lugar para vivir", prevé Macwhirter.