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Esnáider: "El mal genio se lleva dentro"

Juan Eduardo Esnáider. Segundo entrenador del Getafe. Como futbolista, dejó muchos goles y también conflictos; en el banquillo, a la quinta jornada fue expulsado

ALFREDO VARONA

Nacido en 1973, aún tiene edad para jugar al fútbol, pero ya no le acompañan ni el peso ni la cabeza, que un día se desmotivó para siempre. A partir de ahí, nació el entrenador y, tal vez, otra persona. Ahora, es el ayudante de Míchel en el Getafe y se expresa con una cordialidad que de futbolista no era posible. Entonces, era de lo más distante. Ahora, resulta hasta agradable.

Se hace necesario preguntarle por su carácter. ¿Sigue hecho una fiera?

Mi carácter es el de siempre. A esta edad, ya no va a cambiar. Si veo una injusticia, me enojo demasiado, pero está claro que no soy el que era a los 18 años. Entonces pensaba menos, no evaluaba tanto las consecuencias...

¿Se ha vuelto un hombre analítico?

No, lo que quiero decir es que el tiempo pasa y que pasa para todos. Yo no soy una excepción. Cuando vine al Madrid, tenía 17 años, y necesitaba que los entrenadores fuesen mis profesores. Me eduqué aquí jugando al fútbol.

Entonces perdía el control a la mínima, pero ahora parece que sigue igual. Hace dos jornadas, lo expulsaron en La Romareda.

Admito que fue un error, porque me excedí en una protesta y no puedo estar satisfecho. Sólo tener que contestar ahora a esa pregunta no me gusta. Pero no creo que sea el primer entrenador ni vaya a ser el último al que expulsen.

Un entrenador, en cualquier caso, debe dar ejemplo.

Bueno, ya le he dicho que no estoy satisfecho de lo que pasó, pero cuando era jugador, a mí me gustaba que mis entrenadores estuviesen en tensión en el banquillo. Si gritaban, me motivaban y, desde luego, me ofrecían más credibilidad que los que se quedan con los brazos cruzados. Yo no puedo ser así.

O sea, que le expulsarán más veces.

Sé que tendré más roces, sí, porque mi idea es estar muchos años en el fútbol, pero no sé si volverán a expulsarme. Procuraré que no, porque descubrí que disfruto en un banquillo más de lo que pensaba. Hay pocas situaciones que se puedan resolver, pero me lo paso en grande. Son sensaciones fascinantes.

Si fuese el primer entrenador, ¿hablaría así?

Es una buena pregunta. Yo mismo me la hago, pero desconozco la respuesta. Tampoco sé si pensaré lo mismo dentro de un año. Quizá es que ahora estoy empezando, aún no estoy lo suficientemente quemado o, como dice usted, no soy el primer entrenador. Pero lo que siento ahora es lo que digo.

El hecho de que disfrute no significa que pierda el mal genio.

Eso se lleva dentro.

¿En qué mejora la mala uva a los jugadores?

No, ya le he dicho que eso es algo que se tiene o no se tiene. Es muy difícil cambiar la personalidad de un jugador demasiado tranquilo. Yo siempre lo intentaré y le diré que no se puede jugar así. Es probable que no consiga casi nada, porque voy contra su forma de ser.

A usted no hubo nadie capaz de cambiarle, ni siquiera su propio padre, que le expulsó a los 13 años.

Sí, efectivamente, veo que tiene memoria... Pero, mire, esta misma charla la tenía yo con el preparador físico esta semana. Y le decía que a mí, como entrenador, me gustaría tener a jugadores como fui yo, porque jamás se pudo decir que tuviese problemas con el compañero. Tampoco me pueden acusar de falta de profesionalidad. Así que nadie podrá acusarme de problemático.

Era en el césped donde se volvía loco. ¿Disculpa usted la locura?

Diga lo que diga, me van a malinterpretar. Sólo diré que estoy de acuerdo con el jugador atrevido que en un momento dado decide por sí mismo, sin atender a las órdenes del entrenador.

¿Y si Míchel le escucha decir esto?

Yo creo que él comparte lo que digo, que está de acuerdo.

Parecen muy democráticos ustedes.

Sí, sin ninguna duda. Aquí, en el Getafe, hay gente de mucha edad. Contra, Celestini... Belenguer, incluso, me parece que es mayor que yo. Son gente que cuando hablamos, si ven una cosa en la que no están de acuerdo, lo dicen y se les escucha, y luego, entre todos, llegamos a un acuerdo.

¿Ha sido usted siempre humilde?

He tratado de serlo, sí. Sé que se me ha visto como un tipo altivo y a veces soberbio. Pero no creo que sea verdad. Otra cosa es que haya vivido miles de discusiones de grupo, y, por supuesto, no todas fueron agradables. Pero nadie puede decir que le tratase mal.

Va a resultar que es un santo.

No, no, vamos a ver, conozco mi carácter, lo que ha sido y lo que es. Nadie me lo tiene que recordar. Incluso, es más, le puedo decir que ahora de mis cinco hijos hay dos que son bien creciditos, tienen 16 y 17 años, y admito que no han salido a mí. Son más educados. Manejan mejor su carácter y en ese sentido me dan poco trabajo. Yo, sin embargo, salgo a mi padre... Ya lo ha recordado usted, me expulsó a los trece años.

Ahora empieza la autocrítica.

Nunca fui de estar contento. Como futbolista, siempre quería más, incluso en los mejores momentos. Y ahora como entrenador sé que lo más parecido que hay al futbolista soy yo. Y como empiezo a tener años, creo que hay algo que le puedo enseñar...

Hay que reconocer que tiene un gran pasado, sobre todo en Zaragoza.

Son recuerdos, pero ya son sólo eso. Por eso hay cosas que ni recuerdo. A mí me interesa más lo que estoy haciendo ahora, sencillamente porque me fascina. Lo de futbolista ya pasó.

¿Si viese a Antic, le saludaría?

Sí, claro. De hecho, estuvo hace poco en el vestuario del Getafe y le saludé, otra cosa es que no compartamos las ideas.

Usted entonces era más rencoroso.

Me parece que es la primera vez que habla conmigo como para decir eso. Pero a veces me pasa, que conste. Gente que no tenía ningún trato conmigo opina de mí como si me conociese de toda la vida. Yo admito que era un tipo particular. Me daba igual la imagen. Por eso no creo que valiese para actor. Tampoco me gustaba estar en los periódicos, y hacía cosas que ahora, al estar al frente de un grupo, no puedo hacer. Pero de ahí a lo que dicen...

Hoy aguanta todo, nada le enfada. ¿Está de buen día?

Fernando Hierro siempre me dice: '¿Por qué te haces el malo si tú no eres malo?', Si quiere, no lo ponga, pero, sinceramente, creo que lleva razón.

¿Qué le quedó pendiente en el fútbol?

Nada, porque elegí el momento para retirarme. Lo necesitaba. Llegué a un punto en el que perdí la motivación ante tanta lesión. Veía que no podía y, en vez de rebelarme, comprobé que ni siquiera quería. Pero si algo reprocho a mis años de futbolista es que, a veces, cuando juegas, no disfrutas tanto como deberías. Crees que vas a ser siempre jugador y la realidad es que de un día para otro esto se acaba, y yo lo llevé bien, pero conozco a gente...

¿Qué gente?

No voy a personalizar, pero hay futbolistas que, mientras juegan, se lían a comprar pisos, terrenos o lo que sea y piensan que así solucionan su vida. Pero luego, cuando llega el momento, son los primeros que se preguntan ¿me voy a dedicar el resto de mi vida a cobrar el alquiler de esos pisos? Yo por eso compré un club en Argentina, el Cadetes de San Martín, en el que jugué de pequeño. Y, afortunadamente, he encontrado otras cosas.

Y ha tenido contactos que se lo han permitido. ¿De qué conocía a Míchel para acabar a su lado?

Tenemos trato de siempre, de mi primera época en el Madrid, cuando me sentí muy apoyado por él. Luego, tuve traslados y se perdió el contacto... Pero hace dos años vine a vivir a Madrid y se recuperó la relación, entre otras cosas porque somos vecinos, vivimos enfrente.

En el fútbol de hoy, los contactos son necesarios.

Para los entrenadores, sí y quizá más para los futbolistas.

En el Madrid, también tiene a Pardeza, con el que ganó una Recopa con el Zaragoza. ¿Le pedirá que le fiche?

De momento, no, por favor, es que ni se me ha pasado por la cabeza, aquí estoy muy bien...

¿Ser accionista del Atlético puede facilitar que le llamen?

Bueno, es que ya no lo soy, hubo un momento en el que juzgué conveniente deshacerme de aquello.

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