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España, destino número 1 de la beca Erasmus

Las universidades españolas acogen ya cada curso a más de 27.000 estudiantes extranjeros y exportan a más de 22.000

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A menudo se dice en Bruselas, donde la concepción de Europa es un debate recurrente, que tres elementos conforman la esencia de la ciudadanía europea: la libertad de circulación entre sus países, la moneda única y el programa de becas universitarias Erasmus. Las becas Erasmus movilizaron en sus primeros 20 años de historia (arrancaron en el curso 1986-87) a 1,7 millones de jóvenes europeos y se espera alcanzar la cifra de tres millones en 2012. En el curso 2006-2007, el último del que hay datos completos, se desplazaron 160.000 alumnos.

España contribuye más que nadie al programa. Tras 22 años de experiencia, es el país que más estudiantes extranjeros acoge (27.464) y el tercero que más exporta (22.322), por detrás sólo de Alemania (23.884) y Francia (22.981).

'España ha tenido una evolución espectacular', afirma John Macdonald, portavoz de Educación de la Comisión Europea, que patrocina la beca. 'La progresión ha sido constante y las cifras se explican por el éxito y la imagen internacional de España, su clima y su cultura, que la hacen muy atractiva como destino', dice.

Entre las universidades españolas que más estudiantes Erasmus atraen, destacan las de Granada (1.788), Valencia (1.681) y Complutense de Madrid (1.555).

'Los propios estudiantes se pasan la voz de año en año y valoran mucho servicios como la búsqueda de alojamiento, idiomas, comedores o instalaciones deportivas', relata Guadalupe Soriano, directora del Secretariado de Movilidad Internacional de la Universidad de Granada.

'A pesar de los tópicos, la integración es total. Al final de cada curso, escucho a mucho inglés o francés hablar con acento granaíno', asegura.

Problemas con el idioma

La integración lingüística no es tan fácil en otra de las grandes capitales Erasmus europeas, Barcelona (sus universidades acogen en conjunto a más de 3.000 estudiantes), por el desconocimiento generalizado en los países de origen de que el catalán es una lengua de uso público y mayoritaria en la enseñanza.

Paradójicamente, la misma película que retrata estas confusiones, Una casa de locos (Lauberge espagnole, de 2002), ha contribuido a popularizar Barcelona como destino, según fuentes educativas.

Para el visitante Erasmus, a menudo francés, alemán o italiano, los primeros quebraderos de cabeza vienen por 'el alojamiento, principalmente, y por los lugares donde relacionarse con otros Erasmus', asegura Pablo Maqueda, que dirige una asociación que presta asesoramiento en la facultad de Empresariales de la Universidad de Sevilla.

Fiesta y visitas culturales

Luego, los dolores de cabeza pasan a ser consecuencia de las interminables noches de fiesta, 'aunque no se debe generalizar', pide Maqueda, que aprovecha para destacar las visitas que organiza para que los alumnos visitantes descubran tanto Sevilla como Lisboa o Marruecos.

Para el estudiante español en el extranjero, los problemas suelen ser el idioma y el dinero. Lo primero se soluciona a marchas forzadas, 'aprendiendo inglés como sea, aunque te das cuenta de que, con italianos y franceses, tenemos el nivel más bajo de Europa', dice Alberto Pardo, que estudió el curso pasado en Noruega. En cuanto a la dotación económica, rara vez cubre los gastos.

Los fondos de Bruselas ascienden, según datos de la Comisión, a 123 euros por cada estudiante español (lejos de los 192 euros de media en los 31 países que integran el programa), que pueden elevarse en los mejores casos hasta los 500 ó 600 sumando las ayudas del Estado y las muy desiguales aportaciones de comunidades autónomas o instituciones privadas.

Tras casi dos millones de estudiantes desde el curso 1987-88, el programa Erasmus está más que consolidado. En los últimos años, se han ido potenciando programas de intercambio de profesores y alumnos de Primaria y Secundaria (programa Comenius), de trabajo joven en el extranjero (Leonardo) o de formación de adultos (Grundtvig), pero Bruselas pone el punto de mira en la recepción de jóvenes investigadores, un terreno en el que EEUU lleva ventaja.

Iniciativas como Erasmus-Mundus, que en sus primeros cuatro años invirtió 400 millones de euros para la acogida de 6.000 extracomunitarios, se amplía el curso que viene para integrar a estudiantes de Master y Doctorado, que podrán disfrutar de una beca de 24.000 euros al año. “El objetivo es competir con EE UU”, recalca Vito Borrelli, coordinador del programa. Para ello se ha ampliado el presupuesto a 950 millones y se calcula que se concederán 20.000 becas.

El intento pretende atraer cerebros chinos, indios o africanos, “sin tratar de arruinar el futuro intelectual de esos países”, recuerda Borrelli.Según un portavoz comunitario, estos programas, inspirados en los viajes que el holandés Erasmo de Rotterdam realizó entre los siglos XV y XVI, “contribuyen más a crear conciencia de Europa que cualquier campaña publicitaria o reunión en Bruselas”.