Publicado: 23.05.2014 07:07 |Actualizado: 23.05.2014 07:07

"España ha entrado en una etapa muy peligrosa al no querer saber la verdad del franquismo"

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Estela de Carlotto (Buenos Aires, 1930) lleva 37 años siendo abuela de Plaza de Mayo, en búsqueda de su nieto desaparecido y luchando para que las violaciones de derechos humanos que sufrieron en Argentina no se vuelvan a repetir. Ponente del I Congreso Internacional de Jurisdicción Universal, De Carlotto está muy agradecida a España porque cuando empezaron a denunciar por el mundo la represión de la dictadura argentina, "España nos abrió sus brazos. Encontramos al juez Baltasar Garzón, que empezó en la Audiencia Nacional a comprometerse para conseguir justicia, nos recibieron parlamentarios, asociaciones no gubernamentales, los sindicatos... Siempre ayudándonos. Ahora España ha entrado en una etapa muy peligrosa, que es la de no mover nada para la verdad ni la justicia e impedir y querer que no se hable de un pasado, que no se sepa la verdad de lo que hizo el franquismo", resalta.

Por ello, el movimiento de Abuelas que preside y otros grupos argentinos han apoyado a unos españoles, víctimas del franquismo, en la querella interpuesta en Argentina. Para ella, es "una forma de agradecer, de devolver con una expresión de trabajo y de compromiso a este país, lo que este España hizo por nosotros oportunamente".

¿Cómo es la situación actual en su país?

Por suerte en Argentina llevamos 30 años de democracia, la más larga de nuestra historia. Esta ‘década ganada', como llamamos las presidencias de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, se ha puesto todo el empeño en reparar con la verdad, con el acompañamiento estatal, con la reparación económica, hasta darles títulos post mortem a los estudiantes que estaban en una carrera que no pudieron terminar porque los secuestraron y los asesinaron... Hay miles de situaciones valiosísimas en Argentina que nos hacen caminar bien y sentirnos reconfortadas, comprendidas.  Nunca buscamos venganza por mano propia, sino que reclamamos se hiciera justicia ante esta gente que son genocidas, asesinos, no se arrepienten, no condenan y amenazan con volver a repetirlo.  Ahora acá, en España, hay que animar a la gente a que no sea indiferente a ese pasado que enturbió por tantos años al país, y que nada debe ocultarse porque todo aquello que no se resuelva se repite.

Usted sigue sin encontrar a su nieto, que tendrá ahora...

Cumplirá 36 años el mes que viene. No tengo la más remota idea de dónde pueda estar viviendo, porque ahora se habrá independizado, estará casado, tendrá hijos y vive en algún lugar del mundo porque ahora está todo globalizado. Por eso iniciamos hace diez años, en Madrid, una Red Europea por la Identidad para que si algún chico en edad de nuestros nietos vive acá y duda de su identidad, tenga dónde recurrir para saber cómo llegar a la verdad. Muchos chicos han concurrido, pero su sangre no coincidió con ninguna familia. Pero queda ya reservado su mapa genético, porque ha pasado que, a veces, se han presentado chicos con dudas y no daban con nadie y, de repente, aparece el familiar. Hasta ahora han aparecido 113 niños robados, no todos vivos lamentablemente porque los últimos tres casos de este año eran jóvenes que fueron asesinadas y mataron al bebé.

Denuncia que una de las consecuencias de las represiones es la enfermedad que surge en el entorno familiar de la víctima.

Hay familias más vulnerables que otras. Mi familia fue muy afectada, con el secuestro de mi marido, luego el de Laura, la entrega de su cadáver y nuestro nieto que no encontramos... Mi vida cambiada de ser directora de escuela primaria a transformarme en una mujer que no sabía qué hacer. Es una quiebra familiar. Yo dejé de ser la madre y la esposa para transformarme en una mujer buscando, con mi marido que me ayudaba, me esperaba y sufría. Por eso él se fue antes. Y afectó a dos hijos más, a quienes obligamos que se fueran al exilio, y quedó el más chico que fue el más victimado, porque era adolescente y quedó solo: con una madre ausente, un padre sufriendo, los hermanos lejos y una hermana muerta. Pero tuvimos la capacidad de recuperarnos, porque yo nunca dejé de luchar. Mi marido se murió antes del dolor, de su enfermedad, pero nunca bajó los brazos. Él fue secuestrado, torturado, le preguntaban por sus hijas, pero lo podrían haber matado porque no iba a hablar de ellas... Y yo trabajando, y manteniendo a la familia.

Mis hijos han regresado a Argentina, estamos todos juntos, tengo 13 nietos, dos biznietos. Tenemos una familia unida, bien italiana. No perdimos la unión familiar ni nos echamos culpas unos a otros.

Su hijo adolescente es hoy ya adulto...

Ahora es un diputado que preside la Comisión de Derechos Humanos. Siempre está en el tema y desde chiquito, aunque estaba solo, militaba con los organismos de derechos humanos que iban naciendo. Nunca nos entró el miedo ni la parálisis. Ahora, hubo familias que sí, que incluso no quisieron saber nada, casi invirtiendo la orden de la culpa porque su hijo desaparecido se había metido en política. Uno puede entenderlo porque no estábamos preparados, y fue tan atroz la dictadura, tan engañosa, con esa prensa monopólica que mentía, como sigue mintiendo hoy en día.

Aún siguen publicando que usted es una falsa abuela.

Sí, así es. Yo tengo un cadáver para mostrar, el de mi hija, pobrecita, tengo toda la documentación de lo que certificó el forense cuando la exhumaron, que tuvo un bebé, que estuvo secuestrada esos nueve meses y que la asesinaron. Todo eso lo negó la dictadura. Esas barbaridades tan dolorosas que dicen, ¿cómo voy a mentir, por Dios? Teniendo todas las pruebas, es tan mala gente que, a veces, sorprende porque tienen el poder de mostrar hasta en televisión sus mentiras de una manera engañosa.

¿Cómo se defiende frente a la difamación?

La mayoría de la sociedad nacional e internacional nos ha entendido, nos aprecia, nos respeta y nos ayuda. Hay grupos pequeños que ideológicamente, o por interés económico, nos desprestigia. Son menos, son pocos, pero tienen poder económico y mediático. Contra eso, uno presenta su verdad y no perdemos tiempo ante la mentira, que tiene patas muy cortas. Lejos de perder rédito, las Abuelas vamos ganando adeptos. Pero eso que había antes, que no nos creían, ya no existe.

Usted es vista como un ejemplo de superación.

Hay muchas mujeres que no se conocen. No creo que una madre deje de buscar a su hijo, ni que una abuela no busque a ese nieto que fue robado. Nunca puede estar bien una persona a quien le quitan su identidad y le quitan su historia y que, en el fondo, no sabe quién es. No se puede vivir así, porque la falta de identidad se transmite a los hijos y nietos. Eso está probado.

Su hija Laura ya dijo a sus asesinos que usted la buscaría hasta el final.

"Mi vieja -dijo a los milicos- no les va a perdonar lo que me están haciendo y mientras viva les va a perseguir". Ella me conocía más que yo misma, porque yo no era de ir a marchas; yo era una maestra, una mujer de casa, de clase media, burguesa... Ahora, lo que nunca soportaba era la injusticia. Pero mi hija sabía que yo, para defender a mis hijos, era leona.