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Euskadi decide entre cambio o consolidación de Ibarretxe

El candidato del PNV lucha por la hegemonía del nacionalismo ante el ascenso de Patxi López

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Un total de 1.776.052 ciudadanos de Euskadi están llamados a votar hoy en las elecciones al Parlamento vasco y elegir al lehendakari para los próximos cuatro años.

Esta cita con las urnas llega en un ambiente bien distinto al vivido en las ocho elecciones autonómicas celebradas desde 1980. Por primera vez, la izquierda abertzale radical que pide el voto nulo se quedará fuera de la Cámara de Vitoria por la anulación de las candidaturas herederas de Batasuna: D3M y Askatasuna.

Otro hecho que, a priori, eleva la temperatura ambiente en Euskadi es que los dos principales candidatos a ocupar Ajuria Enea, el nacionalista Juan José Ibarretxe y el socialista Patxi López, llegan a esta jornada crucial muy igualados, según las encuestas que manejan sus propios partidos.

Los indecisos deciden

Los últimos sondeos del PNV y del PSE apuntan un empate técnico que, en principio, romperá hoy de un lado u otro el elevado número de indecisos más del 20% del censo que aún dudaba qué votar a pocas horas de que se abran los colegios electorales. Otro factor que puede marcar estos comicios es que, a última hora, haya una mayor participación, como desea el PNV, convencido de que el voto dormido desde 2001 le favorece.

En cualquier caso, los mensajes de todos los partidos están claros a estas alturas, tras una campaña de baja tensión marcada por la crisis y la pregunta del millón: qué bloque sumará los 38 escaños que otorgan la mayoría absoluta. Sin la izquierda abertzale radical en el Parlamento vasco, hoy está en juego una batalla entre los partidos nacionalistas PNV, EA y Aralar, junto a EB y los constitucionalistas, pues PSE, PP y UPyD podrían alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara de Vitoria por primera vez desde el final de la dictadura.

No obstante, pese a las grandes diferencias que separan a los candidatos a lehendakari, a todos ellos les une un secreto: ninguno ha dicho abiertamente qué tipo de gobierno desea formar y, en su caso, con quién le gustaría pactarlo. Tampoco lo han aclarado Ibarretxe y López. Hay, en principio, cuatro posibles escenarios políticos que pueden abrirse hoy en Euskadi.

Una primera posibilidad es que el Partido Socialista de Euskadi gane en número de escaños al PNV y, sumando los diputados del PP, alcance los 38 de la mayoría absoluta. En ese caso, según diversas fuentes socialistas consultadas por este diario, ni el PSOE ni el PSE estarían dispuestos a dejar pasar la oportunidad de desalojar al PNV del Gobierno vasco, aunque para ello tengan que llegar a un acuerdo con el PP.

Los duros enfrentamientos que mantienen con los conservadores tanto en la política general del Estado, como en otras comunidades autónomas, no serían obstáculo para llegar a una entente en Euskadi. La dirección socialista cree que un acercamiento al PP vasco para acabar con 30 años de gobierno del PNV se entendería en cualquier lugar de España. Además, ese acuerdo no tendría por qué incluir un pacto de gobierno. La idea inicial de los socialistas pasa por que Patxi López reciba los votos del PP en la sesión de investidura y gobernar en minoría. A cambio, el PSE se comprometería a hacer lo necesario para entregar al PP la Diputación de Álava, gobernada por el PNV gracias a los socialistas

El PSE baraja un segundo escenario que les gusta menos que el anterior. Se trata de la hipótesis en que el PSE queda por detrás del PNV, a 3 ó 4 escaños, y aun así alcanza la mayoría absoluta junto al PP y a UPyD. Según las fuentes socialistas consultadas, en tal circunstancia habría que 'pensar con calma la posibilidad de un pacto para desbancar al PNV'. Ni Rosa Díez, ni su partido, situado más a la derecha aún que el PP, despierta la más mínima confianza en el PSE.

Hay otra suma posible: que el PNV, EA, EB y Aralar lleguen a la mayoría absoluta. En tal situación, lo lógico a priori es que Juan José Ibarretxe recibiera, para su cuarta investidura como lehendakari, el apoyo de Aralar y de sus socios en el tripartito en estas dos últimas legislaturas, por mucho que ahora el río baje revuelto por las corrientes de intereses propios de la campaña.

Otra cuestión será ver si hay tripartito. Después de ocho años de ejercicio compartido al frente del Gobierno vasco, no hay duda de que esa opción no despierta ni de lejos la misma ilusión que en 2005, cuando EA fue en coalición con el PNV y este daba casi por segura la renovación del pacto con EB. Ahora la situación es bien distinta. Y aunque Juan José Ibarretxe se ha negado a hablar de ello hasta conocer los resultados electorales sólo dice que el trabajo del tripartito es 'bueno', su partido se inclina más por intentar gobernar en minoría. Evidentemente, esta opción ganaría peso cuantos más escaños lograra sumar. Ni se piensa en un cuatripartito.

Llegados a este punto, la duda es qué puede ofrecer el PNV, si opta por gobernar en minoría, a EA, EB y Aralar para que apoyen la investidura de Ibarretxe. En principio, el caso de EA y, sobre todo, Aralar se antoja menos problemático, porque hay una mayor sintonía desde el punto de vista nacionalista, por mucho que ahora el partido de Unai Ziarreta haya dado un paso más en clave soberanista. Aralar, además, ni siquiera tiene el objetivo de gobernar. Más dudas ofrece EB, que ni siquiera descarta un pacto a la catalana con el PSE.

Por tanto, el tercer escenario sería un gobierno de coalición y el cuarto un Ejecutivo en minoría de Ibarretxe.

Además de la pelea por ser lehendakari, hay otra a menor escala entre los partidos pequeños: EA, EB, Aralar y UPyD, que pesca en las mismas aguas que PSE y PP. Según el último Publiscopio difundido por este diario, Aralar podría dar la sorpresa y sumar hasta seis escaños, cinco más que esta legislatura, convirtiéndose en un nuevo referente para la izquierda abertzale.

Un dato a tener hoy muy en cuenta es ver cuántos votos logra sumar el partido de Aintzane Ezenarro, en comparación con las papeletas nulas que postula la plataforma D3M y la propia ETA en su comunicado del viernes. Para la banda, tras haber interferido en la campaña con el bombazo contra la casa del pueblo de Lazkao, es también una forma de medir fuerzas.