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La familia recuerda a la pequeña y reclama justicia al año de su desaparición

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La familia de Mari Luz Cortés ha reclamado hoy justicia para la pequeña el día en el que se cumple un año de su desaparición, jornada que pasarán en la intimidad recordándola y reviviendo ese triste 13 de enero de 2008.

En declaraciones a los periodistas en la Plaza Rosa, donde reside la familia de la pequeña, el abuelo paterno de Mari Luz, Juan Cortés, ha señalado que se encuentran "rotos por el dolor", ya que están "reviviendo todo lo que sucedió ese día y será aún peor a partir de las tres de la tarde cuando todo comenzó".

Cortés ha reiterado la necesidad de que se haga justicia con su nieta y ha expresado la confianza que la familia continúa teniendo en la Justicia y sus profesionales, "seguimos creyendo en ella, no nos dejamos llevar por la ira porque si no estaríamos perdidos".

"La Justicia no es tonta y no se va a dejar engañar, tenemos fe y no la vamos a perder hasta el final por muchas especulaciones que se oigan", ha manifestado el abuelo de la niña, quien ha añadido que "todo el mundo tiene derecho a la presunción de inocencia y a ser defendido pero no hay dudas de la implicación de los acusados en el caso -en relación a Santiago del Valle, su hermana Rosa y su mujer Isabel García- y no van a poder hacer creer a la Justicia que son inocentes".

Cortés ha recriminado la actuación del juez Rafael Tirado en este asunto y ha señalado que "no se puede decir que no se hizo nada por acumulación de trabajo", al tiempo que ha mostrado su decepción por la confirmación de la multa que impuso al magistrado el Consejo General del Poder Judicial.

La pequeña Mari Luz Cortés desapareció el 13 de enero de 2008 en torno a las 17:00 horas en la barriada de El Torrejón de la capital onubense después de abandonar su domicilio para ir a comprar golosinas a un quiosco cercano.

Después de 54 días desaparecida, el 7 de marzo un operario de Cepsa vio un cuerpo en la zona de los petroleros del Puerto de Huelva, que posteriormente se comprobó que era el de Mari Luz.

El 26 de marzo se detenía en la estación de autobuses de Cuenca a Santiago del Valle y a su esposa, Isabel García, al bajar del autobús que los había trasladado desde Pajaroncillo, localidad de unos 100 habitantes de la serranía conquense en la que ambos habían estado residiendo, y a la hermana del primero, Rosa.

Del Valle declaró ante los agentes que la muerte de Mari Luz se produjo de forma involuntaria, aunque ha reconocido que le taparon la boca y, dos días después el titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Huelva decretaba para él y su hermana el ingreso en prisión incondicional por un presunto delito de asesinato, al que, en el caso de él se suma otro contra la libertad sexual.

La tercera imputada, Isabel García, se encuentra actualmente en libertad con cargos por lo sucedido, aunque permanece en el área psiquiátrica de la cárcel de Sevilla-II desde principios de abril de 2008, cumpliendo una condena de quince meses, que tenía pendiente, como cómplice de los abusos sexuales que su esposo cometía sobre su hija de 5 años.

Después de un año, la pasada semana se levantaba el secreto de sumario que pesaba sobre el caso, conociéndose que los análisis de ADN realizados a las muestras de tejidos y pelos hallados en distintas pertenencias de los acusados no los implicaba en el caso.