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"Los fantasmas de mis personajes me dieron la bienvenida en el Palacio de Invierno"

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John Boyne (Dublín, 1971) se ha trasladado (literal y literariamente) a San Petersburgo para reinterpretar el fin de los Romanov. Hasta aquí, nada nuevo. Pero el autor de El niño con el pijama de rayas lo hace a través de una historia de amor en su nueva novela, El palacio del propósito especial(Salamandra/Empúries).

'Me planteé escribir una historia de amor, sin excluir la parte histórica. No he tratado de volver a contar la historia de la Revolución Rusa porque eso no representaba un reto suficiente'. Así que el escenario de la obra es real como la historia misma... Para reflejarlo verídicamente, Boyne, una vez creados a sus personajes, se trasladó a San Petersburgo y al Palacio de Invierno, donde transcurre buena parte de la acción. 'Allí sentí como si los fantasmas de mis personajes me dieran una calurosa bienvenida', comenta, casi emocionado.

Tras el éxito de El niño con el pijama de rayas, el autor se ha podido permitir el lujo de desplazarse a los lugares donde sitúa sus novelas, cosa que se ha convertido en algo fundamental para Boyne. 'Si hubiese podido visitar Auschwitz antes de escribir esa novela, seguro que habría saldo distinta. Pero no me arrepiento del resultado final. Lo que sí puedo decir es que ‘La casa del propósito' habría quedado peor si no hubiese estado allí. ¡Describo mi viaje en la persona del protagonista!'

A pesar del rigor documental que muestra, el escritor no teme que la ficción desvirtúe a sus personajes: 'Yo hago una interpretación de hechos históricos basándome en personajes reales. Y quiero darle más importancia a los detalles de cada tipo que a sus dotes de liderazgo. Me cuelo en la cocina de los Romanov para descubrir al lector la otra cara del zar, la más humana'. En las páginas de la novela aparece Anastasia, un personaje con gran atractivo literario. 'Yo creo que no escapó, que murió asesinada como toda su familia. Pero la presento como un juego novelesco en el que el lector debe participar'.

Influenciado por los grandes novelistas rusos ('he querido leer a Tosltoi, a Dostoievki... para captar el ambiente, el lenguaje, las costumbres de la época') y con amor, con mucho amor, Boyne da una visión con sello propio de unos hechos que cambiaron la historia.