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El futuro del chisme está en Wikileaks

Que Assange le eche un cable al futuro del chisme, y Wikileaks lo filtre todo

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Yo no sé ustedes, pero a mí han dejado de interesarme los rumores infundados, las gargantas profundas que habitaron lenguas de celebridades y los dimes y diretes interesados y promocionales que puedan convertirse en noticia a lo largo de los próximos meses. Yo lo que quiero es leer los nombres de los famosos en cables de Wikileaks; exijo que Julian Assange llegue a un acuerdo con todas las versiones internacionales del ¡Hola! y empiece a filtrarles cables donde sepamos qué pensaban los diplomáticos de los grandes personajes del chismorreo, patrio o internacional.

Quiero saber qué tal sentaron los posados de Angelina Jolie en Bosnia, desde qué embajada le escriben las entradas de Twitter a Alejandro Sanz, si Bárbara Rey pasó alguna vez por la embajada de los EEUU en Madrid. El cotilleo se juega su futuro en el pasado, en la confirmación, vía verbo diplomático, de los rumores que nadie se atrevió nunca a publicar pero todo el mundo se contaba en las redacciones.

Estoy hablando completamente en serio: si el ¡Hola Wikileaks! toma forma y cumple con las grandes esperanzas que yo he puesto en él, nuestra vida puede cambiar para siempre y para mejor: será el fin de las mentiras, de los montajes, de los matrimonios amañados, de los divorcios de conveniencia, de los posados sin sentido o las frases absurdas. Si el HW encuentra su lugar en la oferta de especulación informativa, las fábricas de morcillas chismosas tendrán que echar el cierre y dedicarse a otra cosa, porque no tendremos ni tiempo ni ganas para nuevas mentiras; estaremos demasiado ocupados descubriendo las verdades del pasado, degustando las sobras de un banquete, releyendo, tal y como hacen todos los grandes.

¿Quién querrá grandes exclusivas de personajes de tercera venidos a menos cuando podamos degustar cotilleos de primera recogidos en sedes diplomáticas? ¿Qué más nos dará saber qué personajes salidos de un reality show se enamoriscan de otros perdidos en algún casting de Eurovisión cuando tengamos acceso a los entresijos de los intercambios de fluidos y capitales entre actores de prestigio y primeras figuras de la política internacional, la realeza o las finanzas? ¿De verdad vamos a perder nuestro tiempo con nimiedades secundarias cuando nos ofrezcan la opción de saberlo todo, pero de verdad?

Yo ya lo estoy viendo y a punto estoy de postularme como redactor jefe del engendro, me estoy imaginando algunas secciones fantásticas: las casas de lujo de los famosos, con fotografías que capten cada detalle junto a los extractos bancarios que demuestren la cantidad de capital blanqueado, evadido o adquirido gracias a peligrosas relaciones.

Reportajes a todo color de grandes lanzamientos discográficos o estrenos de cine que vayan acompañados de cables diplomáticos donde se haga referencia a los favores debidos y prestados entre los ensalzados artistas y sus poderosos benefactores. O desplegables a doble página que nos expliquen claramente quién es qué y por qué ha llegado tan lejos. Así de divertido podría ser nuestro futuro, imagínense. Ojalá.